Telúrica entrevista de Tucker Carlson a Joe Kent que expone a Trump como rehén de Netanyahu
La feria del libro en Leipzig atrae a jóvenes con el manga japonés
La crianza del toro de lidia exige una rigurosa selección genética en la que predomine la bravura, sostiene experimentada veterinaria
urante su participación en un foro entre Latinoamérica y África celebrado en Bogotá, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, tuvo duras palabras contra el injerencismo de las potencias y la indolencia de Naciones Unidas ante los conflictos que tienen lugar en el mundo. El mandatario denunció que nos quieren colonizar otra vez
y exhortó a no permitir que alguien entre en los asuntos y en la integridad territorial de nuestros países
, en alusión al secuestro del presidente Nicolás Maduro el 3 de enero pasado y el tutelaje impuesto a Venezuela por Washington, así como a la agresión israelí-estadunidense contra Irán. También alertó acerca de los planes para apoderarse de los minerales críticos de la región y criticó las mentiras que sirven para justificar la destrucción y las guerras.
Cuidemos de Gaia; alto a las bombas en nuestro hogar, expresa
l planeta Tierra es uno, es de todos y no es de nadie, por más que pongamos rejas, muros, aduanas y banderas.
os números no mienten, durante la administración de Joe Biden (2021-2024) la migración creció exponencialmente y, durante el primer año de la administración de Donald Trump, cayó abruptamente. También es verdad, que la explicación no es tan simple como decir que hubo una política de frontera abierta.
l reciente bombardeo a la escuela Shajareh Tayyebeh en la localidad de Minab, Irán, que provocó la muerte de alrededor de 170 personas, y el posterior ataque contra la Lebanese University, en Beirut, Líbano, no son necesariamente errores de inteligencia sobre la localización de los objetivos militares a abatir, o efectos colaterales de la guerra en Medio Oriente. Estos ataques, que ya múltiples medios de comunicación han atribuido a Estados Unidos e Israel, son componentes de una guerra de largo aliento que el imperialismo estadunidense, en asociación con aliados en turno, ha impulsado desde finales del siglo XIX como parte de una estrategia de control en el continente americano y, posteriormente, a escala global: una guerra contra la educación, agudizada en años recientes a la luz de la actual disputa geopolítica con China.
ntre nuestras tragedias, la educativa compite por los primeros lugares. Así nos lo advirtió Gilberto Guevara hace más de 10 años, cuando habló del desastre educativo, que dejó de ser silencioso como lo había calificado, y ahora tenemos que admitirlo sin subterfugios posibles.
a nueva y deseada meta retrógrada del presidente abyecto y magnate del Partido Republicano, al parecer, se hará realidad. Ahora defenderá el derecho a la ignorancia. Linda McMahon, secretaria de Educación de Estados Unidos, ha recibido la instrucción de eliminar diversas áreas de esa instancia gubernamental para dar paso a una política de exterminio de la educación pública.
í, ya lo hemos comentado. Durante muchos años hablar de transmisión en alta y muy alta tensión fue hablar de torres, kilómetros y voltajes. De derechos de vía. De una red carretera
que debía ser confiable bajo los principios n1 y n2. Hoy eso sigue siendo cierto. Pero es insuficiente. La red ya no es infraestructura pasiva. Es –digámoslo de nuevo como me enseñó a decirlo una admirable especialista– un organismo vivo. Y en un sistema con más renovables, indispensables para descarbonizar. También para abatir costos. Por lo demás, este organismo vivo debe sostener frecuencia, tensión y continuidad, con márgenes cada vez más finos.
n el México prehispánico hubo muchos jardines de gran importancia donde se cultivaban todas las especies conocidas, así como muchas que eran traídas de lugares lejanos. Solían ser espacios exclusivos para la nobleza, como los de Texcoco, Chapultepec, Tenochtitlan, Iztapalapa y Huastepec. Diversos cronistas españoles hablan de ellos con gran admiración y mencionan que en el viejo continente no había cosa igual.
uando llegamos a México, mi mamá se ocupó de 10 niños huérfanos a quienes llevábamos al bosque del Desierto de los Leones; jugábamos entre los árboles y recuerdo que, en mi imaginación, convertía a cada niño en un arbolito o a cada árbol en un niño. Muy pronto nuestras vidas se hicieron distintas y nunca los vi de nuevo, pero el bosque quedó unido para siempre a esos niños cuyo futuro ya no compartía. Había algo allí, entre el musgo, la tierra, las hojas, una especie de identificación gozosa y triste a la vez; los niños ya no salieron con nosotros porque crecimos, se quedaron como hojas del Desierto de los Leones y una parte esencial de la naturaleza. Mi hermana y yo éramos niñas privilegiadas y ellos tenían otro camino del que nunca he vuelto a saber. En el Desierto de los Leones todos éramos árboles altos, fuertes, verdes. Recuerdo que el primer beso que me dieron fue contra un árbol que me encajó su corteza en los hombros y no hallaba como zafarme hasta que el pretendiente lo tomó como un rechazo. El árbol se rio del niño y agitó todas sus ramas y yo me consideré su novia, aunque no he vuelto a verlo.







