Opinión
Ver día anteriorDomingo 22 de marzo de 2026Ediciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
 
Edén morelense
E

n el México prehispánico hubo muchos jardines de gran importancia donde se cultivaban todas las especies conocidas, así como muchas que eran traídas de lugares lejanos. Solían ser espacios exclusivos para la nobleza, como los de Texcoco, Chapultepec, Tenochtitlan, Iztapalapa y Huastepec. Diversos cronistas españoles hablan de ellos con gran admiración y mencionan que en el viejo continente no había cosa igual.

Ese gusto e interés no se ha perdido; en estas páginas hemos hablado de diversos jardines botánicos, que por fortuna ahora están abiertos al público.

Hoy vamos a hablar de Jardines de México, un edén que se encuentra en el estado de Morelos, cerca de Cuernavaca. Lo creó un matrimonio de empresarios con gran amor por la naturaleza. Cuentan que él quería que su esposa tuviera todas las flores del mundo en un sólo lugar.

No dudaron en el sitio dónde construirlo: por algo Cuernavaca es conocida como la ciudad de la “eterna primavera”. Uno de los objetivos principales era el convertirse en una UMA (Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre, que se regista ante la Semarnat). En este caso, su objetivo es compatibilizar la producción económica y el desarrollo social con la preservación de la biodiversidad, operando siempre bajo un plan de manejo técnico aprobado por la UMA.

El proyecto ecológico es el resultado de una inversión de 600 millones de pesos y de una investigación previa de dos años a cargo del arquitecto de obra Raúl Abelar, y del arquitecto paisajista Isidro Velázquez, en la que intervinieron diseñadores, biólogos, agrónomos y hasta sociólogos, quienes trabajaron codo a codo para crear un lugar en el que se honrara y respetara a la naturaleza.

Todas las flores que se siembran se producen en su propio invernadero, con una superficie de tres hectáreas; una cuadrilla de jardineros y expertos en botánica son los responsables de modificar gradualmente los espacios que cuentan con 193 millones de flores y más de 22 mil árboles.

Este paraíso está conformado principalmente por ocho jardines temáticos, todos distintos y con especies de flora muy específicas.

El jardín japonés es una réplica de aquellos característicos de esta cultura. El foco central es una pequeña pagoda y a lo lejos aparece el clásico puente rojo que atraviesa una cascada con rocas que terminan en un pequeño lago donde viven algunas carpas Koi. En otra parte del jardín se recorre un gran pasillo rodeado de bambúes; una experiencia mágica.

El jardín tropical, con una vegetación exuberante, traslada a otro clima y ambiente totalmente distintos: enormes palmeras, flores exóticas y cascadas lo rodean en el trayecto a través de pasillos hasta llegar a un orquidiario, que muestra aproximadamente 3 mil especies de orquídeas tanto nativas como de diferentes lugares del mundo.

Y viene otra sorpresa: el jardín italiano, diseñado con una traza inspirada en los jardines europeos, representa una villa italiana del renacimiento rodeada de cipreses y desde su balcón en lo alto se admira la fuente central y su diseño de formas geométricas hechas con flores que cambian de colorido según la época del año. Alrededor de todo el jardín se yerguen esculturas realizadas con mármol de Carrara; el mayor atractivo es la fuente principal que representa la figura de Neptuno. Nos enteramos que también es escenario para cenas románicas y recepciones para bodas y lo que le inspire.

Continuamos con el laberinto de los sentidos, donde lo recibe una ceiba de 18 metros de altura –llegan a medir hasta 70 metros–. Aquí, además de prestarse para perderse, el espacio ofrece arte en forma de esculturas y obras de diferentes artistas mexicanos.

No podía faltar un jardín de cactáceas, donde lo recibe un majestuoso espécimen llamado el candelabro, donado por el gobierno de Guerrero, que tiene más 250 años. Hay especies representativas de nuestro paisaje mexicano, muy especialmente de los desiertos de Sonora y del norte del país.

Hay un jardín especial para los niños que se diseñó pensando en la didáctica y actividades lúdicas relacionadas con la conservación y el cuidado de la naturaleza. Hay diversas actividades y talleres.

El lugar cuenta con espacios para eventos especiales como bodas o eventos empresariales, así como escenarios para espectáculos y conciertos. Han acudido personalidades como Fernando de la Mora, Alondra de la Parra, Alejandro Fernández y Miguel Bosé. Constantemente organizan eventos como el Festival Nacional de los globos aerostáticos y The beer fest, entre otros.

Aunque hay la posibilidad de recorrer en un carrito abierto las 100 hectáreas que abarcan los jardines, siempre se requiere un descanso para retomar energía y comer algo sabroso; aquí hay ese lugar: un restaurante con un diseño abierto, creado a partir de una espectacular estructura de bambúes, junto a un gran lago artificial con peces.

Ofrece comida mexicana-fusión, ya sea a la carta o bufet, que prepara un chef de la localidad que tiene gran talento y pasión. Algunos platos que disfrutamos: carnitas de atún con guacamole, sopa de setas frescas con queso y epazote, fetuccini con camarones en salsa de pomodoro, la costilla de res braseada; los adolescentes se fueron por las hamburgesas y las pizzas.