Opinión
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Mientras la pesadilla republicana continúa, Cuba se prepara 
L

a nueva y deseada meta retrógrada del presidente abyecto y magnate del Partido Republicano, al parecer, se hará realidad. Ahora defenderá el derecho a la ignorancia. Linda McMahon, secretaria de Educación de Estados Unidos, ha recibido la instrucción de eliminar diversas áreas de esa instancia gubernamental para dar paso a una política de exterminio de la educación pública.

El presidente Trump quiere, antes de terminar su mandato, si es que no se autonombra dictador legal de su país, halagar a quienes lo llevaron a la presidencia. Nos referimos a los sectores más conservadores quienes han insistido en que es legítimo derecho de los padres oponerse a la enseñanza basada en preceptos pedagógicos y científicos y sustituirla por el adoctrinamiento religioso. En resumen: volver al oscurantismo del medioevo.

En el texto: “Trump: retrasar un siglo el reloj”, publicado recientemente en La Jornada, se explica cuáles son los peligros de tal instrucción, sorprendente, aun conociendo de lo que es capaz el presidente.

Los esfuerzos por ejercer el derecho a la educación, han quedado escritos en la historia universal como una de las principales causas que dieron lugar a infinidad de batallas por el derecho a la educación. Recordemos que, uno de los casos más polémicos en la historia estadunidense fue la decisión de la Corte Suprema en 1987, cuando declaró inconstitucional una ley de Luisiana que impuso el estudio de la creación desde el punto de vista bíblico y aceptarla como una teoría tan válida como la evolución darwiniana. Hoy, el presidente Trump ha prometido más religión y menos ciencia.

Una vez eliminadas las áreas en favor de la ciencia, los congresos estatales tienen toda la libertad de imponer leyes retrógradas. La diversidad sexual, el derecho a decidir sobre el embarazo, por ejemplo, son puntos nodales en este regreso al viejo tipo de educación para los jóvenes de esa nación. Correrán peligro, aún más, el respeto a las culturas diferentes, el estudio continuo para el avance de la ciencia y estarán de regreso el aprendizaje de memoria de los Diez Mandamientos y los capítulos de la Biblia.

Seguramente, la ciencia y la tecnología para continuar fabricando armamento más rápido y efectivo para dominar a cualquier país contará con el mismo apoyo económico y logístico, o tal vez se incremente para beneplácito de los millonarios belicistas de ese país.

Como en los tiempos remotos, quienes se dediquen al desarrollo de la ciencia, tendrán que enfrentarse, de nueva cuenta, a los caminos sinuosos que ya habían sido superados. Con la desaparición casi completa de la Secretaría de Educación, la población estadunidense se encuentra, verdaderamente, ante un peligro de retroceso cultural como nunca antes. Confiamos en que la población reaccione y detenga tal agresión social, política y económica que su propio gobierno está imponiendo.

Por otro lado, Cuba, país severamente agredido por Estados Unidos, ha sido ejemplo de lucha incansable por lograr y mantener un nivel educativo, a toda costa. Ha sido uno de los ideales más prolíferos de la revolución.

Los niveles de analfabetismo fueron disminuidos en muy corto tiempo, gracias a una poderosa campaña sin precedente que abarcó todos los sectores de la sociedad. Ha sido uno de los ejemplos más importantes, no sólo para América sino también, para el mundo. Definitivamente, Cuba nos demostró que, sin educación, sin libertad de pensamiento y sin soberanía, no seremos países libres.

Magdiel Sánchez Quiroz, filósofo, coordinador de las Obras de Fernando Martínez Heredia, quien fue destacado combatiente al lado del comandante Fidel y del Che, y posteriormente, importante educador y especialista en ciencias sociales, estudioso de la realidad latinoamericana y político cubano, nos dice en su artículo “La desobediencia de Cuba”, publicado igualmente en La Jornada: “Los potentados terratenientes e influyentes pensaron que la revolución no prosperaría debido a la masiva emigración de profesionales y técnicos: estimaban que, sin los especialistas de las élites y sus lacayos, la revolución se desmoronaría en unos cuantos meses. Fue el comandante Che Guevara quien coordinó una de las áreas más importantes, la innovación. Para tal cometido, fue imprescindible la educación y la llamada desobediencia tecnológica, por mencionarlo de esta forma.

La apuesta a que la técnica podría servir para la liberación de los pueblos, planteada por el Che, devino en una de las prácticas sociales más radicales: la desobediencia tecnológica. A través de la reparación, refuncionalización e invención, los cubanos han creado todo tipo de objetos necesarios para que funcione su país. Y, así han transcurrido los años de pesadilla imperialista. Esa desobediencia es parte de una insubordinación mayor. Sólo siendo desobediente al mercado y al imperialismo, Cuba ha logrado sostener su soberanía y ha forjado una opción de humanidad alternativa.

Haciendo referencia a la propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador, en la que el pueblo cubano debería recibir el nombramiento de Patrimonio de la Humanidad por su capacidad de resiliencia ante las agresiones de los gobiernos de Estados Unidos y sus compinches, durante más de 60 años.

La propuesta fue realizada durante la 21 Reunión de Cancilleres de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Cuba ha resistido los excesos de poder e impunidad de republicanos y demócratas por igual. Lo que han hecho la mayoría de sus presidentes, y lo que está anunciando el actual, es la señal inequívoca de que han fracasado en el intento por doblegar al pueblo y gobierno cubanos.

Colaboró Ruxi Mendieta

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