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Fue camarada de lucha e ideales de Lucio Cabañas

Emotivo último adiós en Morelos al revolucionario Vicente Estrada

Familiares y amigos lo recordaron como un líder honesto y humilde que amó a la gente // Él hizo su propia historia, destacó Teresa, su compañera de vida

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▲ El dirigente campesino y luchador social Vicente Estrada Vega, durante una visita a La Jornada el 10 de octubre de 2022. Abajo, la velación de los restos del maestro y campesino, oriundo de Taxco, Guerrero, en el panteón Jardines del Recuerdo del municipio de Cuautla, Morelos.Foto José Carlo González y Rubicela Morelos
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 26 de enero de 2026, p. 26

Cuernavaca, Mor., Vicente Estrada Vega (1937-1926), compañero de lucha e ideales del comandante Lucio Cabañas, fue despedido y recordado por sus familiares y amigos como un gran líder, honesto, digno y humilde, que dedicó casi toda su vida a ayudar al prójimo y a través de todas las formas de lucha, contribuyó a mejorar la vida de las y los mexicanos.

Así rememoraron al revolucionario, los asistentes al velorio y a la inhumación, antier en la tarde en el panteón Jardines del Recuerdo, en Cuautla.

Sus hijos manifestaron su gran orgullo por ser descendientes de un revolucionario, luchador social y dirigente campesino que siempre ayudó y amó a los más pobres.

Su hermano Sebastián evocó momentos de su niñez, de cómo se criaron en Taxco de Alarcón, Guerrero; habló de su paso por los lugares donde vivieron: en Cantarranas, Cazahuates y Landa. De su educación en internados, donde crecieron, se formaron y finalmente se convirtieron en docentes.

La maestra Teresa, compañera de vida y lucha de Vicente, dijo que él hizo su propia historia: “con su ejemplo marcó el camino, con amor al próximo, con una humildad verdaderamente de corazón, no porque haya andado descalzo o haya sido un niño abandonado, más bien era un niño de corazón que amaba a los pobres y los entendía.

Vicente, incluso enfermo y cansado, siempre vio en beneficio de los demás, llegaba tarde a almorzar o comer a la casa, pero muy contento, porque había ayudado a alguien a solucionar algún problema, y aun con la fatiga y el hambre decía triunfante: ‘pero ya se logró el asunto de estas personas’, de eso vivía”, describió su mujer.

Teresa, entre lágrimas y voz entrecortada –frente al féretro de Vicente, donde colocaron fotografías del líder y miles de flores en su mayoría blancas–, recordó que ya enfermo –no muy grave–, en sus últimos días, le preguntó: ¿Lo volveríamos hacer?

“Este final nunca lo preparamos”

“Con los ojos cerrados le dije (conteniendo el llanto y con voz entrecortada), sí lo volvería hacer; porque este final nunca lo preparamos, con tanto sufrimiento de él, con tanto dolor”, dice mientras le ruedan las lágrimas.

Para agarrar fuerzas y tratar de aminorar su dolor, Teresa mencionó que el viernes y sábado que lo velaron: “hombres hechos y derechos lloraron por él, nunca me imaginé tanto amor hacia Vicente y tanto reconocimiento, lo único que te puedo decir es que fue el ser más noble, que demostró a cada momento el gran amor que le tenía a la gente, por eso dedicó su vida resolver problemas y a cambiar la situación del país”.

Francisco González, compañero de la lucha armada y presente en el último adiós, lo catalogó como una persona digna siempre, honesta que “nunca lo compraron, no había forma, porque era congruente con sus ideales. Y, además, no se achicaba ante ningún alcalde, gobernador o presidente de la República, no se achicaba ante nadie”.

En entrevista, destacó que Vicente nunca renunció a sus ideales: “luchamos juntos mucho tiempo, algunas veces me salvó la vida. Otras, pocas, se las salvé yo”, “queríamos hacer una revolución, quitar al régimen que estaba y poner a un sistema de carácter socialista”.

Comentó que aunque también subía a la sierra, pocas veces vio a Lucio Cabañas, ya que Vicente era el enlace principal entre la guerrilla del Partido de los Pobres en la sierra y la base de apoyo en las ciudades.

Cabañas Barrientos fue el jefe del Partido de los Pobres de Guerrero y de la Brigada Campesina de Ajusticiamiento, y fue asesinado en un enfrentamiento con militares en la zona serrana de Guerrero el 2 de diciembre de 1974.

Francisco González narró que cuando Vicente fue privado de su libertad y estuvo en el campo número uno del Ejército, y en el reclusorio, fue torturado; pero siempre salió avante, ya que desde entonces trabajó con el prójimo. A los presos les enseñó a leer y escribir, a sembrar hortalizas y trabajar en el campo. Siempre sus ideales eran primero, así continuó cuando consiguió su libertad, tras ser un preso político del estado mexicano.

“En la prisión sembró varias parcelas de zanahoria, cebollas, etcétera. Eso impresionó mucho a los guardias porque veían que era distinto”.

Vicente profesaba amor a toda la gente, si usted pregunta, trataba igual a todos, pobres y ricos. No hacía distinción. Sólo buscaba ayudarles a resolver problemas, dijo su compañero González.

Hasta el panteón Jardín de los Recuerdos, en la colonia El Empleado, a la afueras del centro de Cuautla, llegaron también campesinos, como Agustín Hernández Alamirra de Axochiapan, y Áureo Campos Villarreal de Cuautla; así como maestros y maestras de diferentes municipios y estados depaís, a despedirse de Vicente.

Áureo Campos mencionó que para el fue un segundo padre, porque siempre los ayudó a buscar apoyos para sembrar el campo, “y así como yo, al menos 500 campesinos de ese municipio contaban con su solidaridad, era un gran líder, y una gran persona, difícil de olvidar”.

Denuncian la mala atención que recibió en el Issste

La familia del guerrillero denunció la mala atención que recibió en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste), antes de su fallecimiento.

Reprocharon que es “un muy mal” sistema de salud pública en Morelos, y en el país, sobre todo por la “deshumanización” que existe entre la mayoría del personal, de manera concreta en el hospital de la ciudad de Cuautla, en donde Vicente fue atendido por unos días, para después ser trasladado a su casa en donde murió.

Señalaron que la mala praxis la viven miles de pacientes –como maestros, campesinos u obreros–, que a diario sufren por no tener dinero y verse obligados a atenderse en nosocomios públicos del Issste, del Instituto Mexicano del Seguro Social, del estado y del país.

Teresa pidió al gobierno federal que mejoren las instituciones de salud públicas y el trato del personal con los pacientes, con el pueblo. A las enfermeras y médicos que maltrataron a Vicente, aseguró les falta mucha vocación.