Sábado 3 de enero de 2026, p. 5
Si alguien conoce las entrañas de la ópera en México es el investigador Octavio Sosa Manterola. No sólo por provenir de padres cantantes –la soprano Laura Manterola y el tenor José Sosa–, sino porque su vida siempre ha estado asociada a esa expresión artística.“Nací oyendo ópera en discos”, relata.
Es un vínculo que comprende 55 de sus 63 años de existencia y que lo sitúa desde muy corta edad en el Palacio de Bellas Artes, ligado a la Compañía Nacional de Ópera (CNO). Primero, en el coro infantil, luego como comparsa, bibliotecario y hasta subdirector y director de esa agrupación en diferentes épocas. En tiempos recientes, fue responsable de guiar al Estudio de la Ópera de Bellas Artes (EOBA), un programa de entrenamiento para jóvenes cantantes.
Desde 2019, Sosa es coordinador del acervo sonoro y audiovisual del Palacio de Bellas Artes, lo que le ha permitido proseguir con su pasión por documentar la historia del género lírico en el país, tarea que se ha materializado en 11 libros.
El más reciente es 20 años de la ópera en el Palacio de Bellas Artes: 2004-2024, publicado en dos tomos por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), presentado hace unos días en ese recinto.
Se trata de la continuación de su anterior trabajo: 70 años de ópera en el Palacio de Bellas Artes, de 2004, que había quedado incompleto. “Medio mocho, por premuras de impresión”, dice. “Ahora, cubrimos desde 2004 hasta julio de 2025, completando así 90 años de actividad lírica” en el máximo escenario cultural de México.
Este nuevo libro es un registro completo, no sólo institucional, que incluye todo lo relacionado con la ópera en ese inmueble, desde representaciones escénicas hasta recitales, conciertos y concursos.
“Está todo, no sólo lo que produce el Inbal”, aclara Sosa en entrevista. Aparecen, por ejemplo, desde el estreno en México de Radamisto –ópera de Händel cuya producción fue traída a México en 2014 por el Festival de Salzburgo, Austria– hasta Einstein on the Beach, de Philip Glass y Robert Wilson –presentada en 2012 por la Lucinda Childs Company–, así como conciertos como el de la Orquesta del Teatro Mariinsky, dirigida por Valeri Gergiev, con arias operísticas, de 2016.
El volumen está concebido no sólo como una secuencia cronológica, sino como un retrato pormenorizado de un periodo de profunda transformación y adaptación para la ópera en México.
Según Sosa, estos dos decenios se han caracterizado por la apertura y diversificación del repertorio. Si bien se mantuvieron los títulos canónicos, afirma, también se programaron obras poco frecuentes y se realizaron estrenos de piezas modernas.
También se vivieron dos grandes momentos disruptivos. El primero, menciona, fue el cierre del Palacio de Bellas Artes por remodelación, entre 2008 y 2010, que obligó a la CNO a itinerar en espacios alternos como las salas Nezahualcóyotl y Miguel Covarrubias de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Centro Nacional de las Artes y el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.
El segundo, la pandemia de covid en 2020, que redujo la actividad a sólo dos producciones, pero que también impulsó la creatividad, al adoptar versiones de orquesta reducidas –como una adaptación de Fidelio, de Beethoven– para cumplir con los protocolos sanitarios y mantener viva la programación, e incluso con transmisiones vía streaming, como la de Don Perlimplín, de Bruno Maderna.
A diferencia de la obra de 2004, que incluía críticas y crónicas periodísticas, este nuevo libro prioriza el material visual. “Metí muchas más fotografías”, explica, destacando el trabajo de Bernardo Arcos, Soledad Alcaraz y Ana Lourdes Herrera, entre otros.
Los materiales periodísticos fueron sustituidos por textos de expertos como el musicólogo Francisco Méndez Padilla y el crítico musical Juan Arturo Brennan, quienes “no hablan de la puesta en escena, sino de cómo se compuso la ópera”.
Otro rasgo distintivo es la actualización de la información. Las biografías de los artistas –como la de Javier Camarena, quien debutó en 2004 con La hija del regimiento– no se limitan al momento histórico registrado, sino que se presentan lo más actualizadas posible, para evitar que el libro “envejezca” desde su impresión.
Asimismo, incluye un epílogo que cubre los primeros meses de la actual administración de la CNO, al frente de Marcelo Lombardero, cerrando en julio de 2025.
Para Sosa, este trabajo es más que un proyecto editorial: “el Palacio de Bellas Artes ha sido parte de mi vida. Este libro es un catálogo minucioso para que los investigadores y el público sepan qué pasó en estos 20 años. ¿Puede tener errores? Seguramente, pero por fin salió mi ‘hijo de papel’ número 11. Ahora, a pensar en lo que sigue”.












