Sábado 3 de enero de 2026, p. 4
En la exposición Mineralia indisciplinada, Mariana Dussel y Daniel Robles Lizano transforman El Gabinete del Museo Universitario del Chopo en un cuerpo geológico activo. La instalación, realizada por invitación de la curadora Adriana Flores como parte del 50 aniversario del recinto, interviene una vitrina que remite al antiguo Museo de Historia Natural. Con este gesto, los artistas reactivan la memoria del recinto y cuestionan el modelo tradicional de exhibición científica que durante décadas presentó los minerales como objetos pulidos, aislados y ajenos a los procesos que les dieron origen.
En contraste con esa tradición, Dussel y Robles abren una cueva dentro de la vitrina. De ella emergen cinco neominerales que no se exhiben como piezas acabadas, sino como procesos en curso.
La cueva funciona como un corte del subsuelo, “un fragmento de tiempo profundo que se manifiesta en estado activo y se aleja de la rigidez pedagógica de los dioramas decimonónicos. En lugar de un orden taxonómico, la instalación propone una narrativa estratificada que invita al espectador a recorrer una topografía especulativa”, explican.
Los artistas añadieron que conciben el gabinete como un laboratorio ficcional donde crean procesos y extraen piezas mediante metodologías propias. “Los minerales dejan de aparecer como cuerpos inertes y mudos. En su lugar, se presentan como entidades sensibles, sometidas a tensiones, accidentes y transformaciones constantes. Las piezas no ilustran la historia natural, sino que la rescriben desde la ficción y desde un lenguaje estético que examina las relaciones entre lo humano, lo geológico y lo imaginario”.
La instalación se articula a partir de tres actos performativos que dialogan con prácticas de las ciencias naturales: observar, extraer y tocar. Cada acto abre al público un episodio dentro del organismo cavernoso y plantea a la cueva como un cuerpo vivo.
Uno de los performances presenta una escena contundente: una incisión en una membrana libera un líquido viscoso del que emerge un ser semiorgánico. El gesto expone la fragilidad de lo mineral y su cercanía con lo biológico. La roca aparece como una materia porosa y mutable, lejos de la idea de dureza e impenetrabilidad.
Las presentes analogías con procesos patológicos del cuerpo humano, funcionan como una medida para comprender el entorno, señala Adriana Flores.
Desde la curaduría, agrega, la propuesta rompe con la visión que reduce los minerales a objetos de estudio o mercancías. El gabinete se concibe como un organismo con memoria, donde los cuerpos minerales poseen temporalidades propias y mantienen relaciones con otras especies. La vitrina deja de ser un contenedor estático y se convierte en un espacio de transformación.
Mineralia indisciplinada propone una experiencia que excede la observación, donde el público se enfrenta a una escena en constante cambio que invita a una aproximación sensible a la materia. La cueva abierta por Dussel y Robles no sólo revela nuevos minerales, sino que “abre un espacio para pensar la Tierra desde una escala que reconoce al cuerpo como instrumento fundamental de percepción”, concluyen los autores.
La muestra puede visitarse hasta el 29 de marzo en el Museo Universitario del Chopo (Dr. Enrique González Martínez 10, Santa María la Ribera, alcaldía Cuauhtémoc), de miércoles a domingo, de 11 a 18 horas. Entrada general, 40 pesos; miércoles, entrada libre.












