Es similar al movimiento por los derechos civiles: experta
La oposición se volvió un mosaico de razas, etnias, religiones y nacionalidades // Usan la alegría como inspiración de la valentía // Dos tercios reprueban la gestión del republicano
Lunes 26 de enero de 2026, p. 23
Nueva York y Washington., Las masivas marchas y manifestaciones en las calles de ciudades y pueblos de todo Estados Unidos contra las políticas del gobierno de Donald Trump captan casi toda la atención en los medios y las redes, pero la resistencia es aún más extensa y cotidiana, y no siempre visible.
Las dimensiones de la oposición al mandatario estadunidense en la opinión pública se registra en los sondeos más recientes, donde casi dos tercios del país reprueban la gestión del republicano; lo notable es que una buena parte de ese rechazo no es pasivo, sino que miles de personas –muchas nunca habían participado en algo que podría llamarse movimiento de oposición– se han sumado a un activismo amplio, en gran medida descentralizado y organizado.
Mineápolis por ahora es el epicentro de esta oposición, donde cientos de líderes religiosos, sindicalistas, maestros, estudiantes, artistas, líderes comunitarios, enfermeras y un creciente ejército de voluntarios confrontan lo que acusan de “una invasión” de fuerzas federales armadas, enmascaradas y hasta ahora impunes –las cuales ya han asesinado a dos opositores, ambos ciudadanos estadunidenses blancos– en supuestos operativos contra “inmigrantes criminales”.
Decenas de miles participaron en un paro por un día sin precedente –cierre de comercios, escuelas, empresas y más– el viernes pasado (https://www.dailymotion.com/video/x9yfgfc) en lo que fue una muestra de un movimiento de resistencia civil no violenta. Pero más allá de que sea otra manifestación, los participantes son también parte de un movimiento de resistencia que organiza brigadas de alerta y protección de comunidades contra los operativos de casi 3 mil efectivos federales del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y de la Patrulla Fronteriza, entre otra agencias, desplegados en Mineápolis.
Además, los opositores organizan iniciativas de asistencia mutua para asegurar alimentos y medicinas para aquellas familias que temen salir de sus casas, escoltas para niños de inmigrantes con el objetivo de protegerlos al ir y venir de sus escuelas, y capacitación de vecinos para conocer sus derechos legales y civiles.
Todo esto se repite cada vez más por todo el país, empezando en Los Ángeles –primer blanco de la ofensiva antimigrante del gobierno de Trump–, pasando a Chicago, Portland, Oregon y ahora Maine, Charlotte y Nueva Orleans, pero también a una gran cantidad de pueblos y suburbios en todas las regiones del país.
Las amenazas de la Casa Blanca
Hasta ahora, este naciente movimiento ha sido notable por su naturaleza –y disciplina– no violenta, a pesar de incesantes provocaciones por las fuerzas federales y políticos alineados con el jefe de la Casa Blanca para que respondan de una manera que podría justificar mayor represión. Ese fue el caso de Los Ángeles, donde no sólo fueron enviadas tropas de la Guardia Nacional, sino hasta la famosa rama de fuerzas armadas frecuentemente desplegadas para invasiones en el extranjero, los marines (la canción oficial de esta fuerza empieza: “Desde los pasillos de Montezuma –sic– a las costas de Trípoli / Lucharemos en las batallas de nuestro país…” o sea, de México a Libia).
Con cada ola de oposición en las calles, la Casa Blanca ha repetido la amenaza del envío de tropas militares contra ciudadanos estadunidenses, incluso ha invocado la antigua Ley de Insurrección. Toda expresión de oposición es calificada por el gobierno de un complot de una “izquierda radical”, de “anarquistas” y hasta de “terroristas domésticos”.
Defienden también la democracia
La primera resistencia fue por organizaciones y comunidades de inmigrantes alrededor del país, pero ante la vulnerabilidad de la población indocumentada e incluso “legal”, el movimiento ahora es cada vez más un mosaico extraordinario de diferentes razas, etnias, religiones y nacionalidades, desde inmigrantes mexicanos y latinoamericanos, africanos y asiáticos, a indígenas estadunidenses –algunos de los cuales han sido arrestados por la migra ante la sospecha de que son “ilegales”–, a líderes católicos, protestantes, musulmanes y judíos, entre otros.
Ya no es sólo sobre defensa de inmigrantes, sino de la protección de la democracia estadunidense.
En las calles se mezclan las mantas y consignas a favor de inmigrantes, a la defensa de trabajadores, de oposición a “reyes” y en contra del “fascismo”.
“Hoy fue un día histórico en Minesota, una jornada enraizada en alegría, amor, cuidado colectivo y poder popular. Somos imparables. Este no es un momento, es un modelo. Que siga cada ciudad”, fue uno de los mensajes que circularon después de la acción masiva del viernes, lleno de bailes, incluida la cumbia (https://www.instagram.com/reel/DT4MNNXkU3r/?igsh=MXY2ZWgxbmhtdnFvdA%3D%3D).
Maria Stephan, profesora y experta sobre movimientos pacíficos, comentó en el Late Show, de Stephen Colbert: “estamos viendo un florecer de la resistencia civil no violenta en este país”, al recordar momentos históricos parecidos en Estados Unidos, como el movimiento por los derechos civiles. Advirtió que la táctica de acusar a manifestantes como violentos o “terroristas domésticos” es “lo que hacen autócratas alrededor del mundo… ese es su juego.
“Lo que vemos en Mineápolis es lo mismo que se hizo contra el movimiento de derechos civiles en los años 60, el uso de violencia del Estado, pero la resistencia se preparó, entonces como ahora, para no caer en esa trampa y ante ello dejar al descubierto la agresividad del Estado y su crueldad”, resaltó la especialista.
Agregó que además de negarse a responder con violencia, los manifestantes utilizan otras tácticas, como ponerse disfraces de animales o bailar frente a los agentes, lo que expresa que “la alegría es resistencia” y que “el humor tiene un papel clave en este momento, ya que rompe el temor e inspira valentía”.
Resucitan comité por la libertad
Un par de días antes, en el mismo programa, Jane Fonda, la legendaria actriz y activista, se presentó con una camiseta que decía: “Resiste”. Habló de cómo resucitó en octubre el Comité por la Primera Enmienda, creado frente al macartismo por actores, guionistas y otros personajes de Hollywood, entre ellos Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Danny Kaye, Judy Garland y el padre de Jane, Henry Fonda.
Igual que ahora, enfatizó, empezaron sus ataques contra “antiestadunidenses” entre las universidades y los artistas. La organización ahora cuenta con 3 mil miembros con el mismo propósito de defender la Primera Enmienda, que incluye la libertad de expresión y de organización. “Estamos viendo cosas que nunca han pasado antes –no es como en los años 40 y 50–: el autoritarismo está en cada esquina de nuestro gobierno, secuestran personas, deportan a ciudadanos estadunidenses, disparan contra gente, dejan ciegos a habitantes. Creo que se están cruzando líneas y ya basta”.
Insistió en que “necesitamos trabajar con otros en solidaridad… ya basta, nos tenemos que organizar”.
Mencionó coaliciones como Indivisible y algo llamado Freedom Trainers (Capacitadores de Libertad), entre otros, para que cada vez más gente se sume a la resistencia.
Por supuesto, parte del movimiento son los músicos, desde Green Day, que entona “esta canción antifascismo: estamos de pie con nuestros hermanos y hermanas en Minesota”, a Bad Bunny, Bruce Springsteen (que invita a corear “que se salga ICE”), Dave Matthews, Billie Eilish y actores como Olivia Wilde y Edward Norton (que se expresaron sobre el tema en Sundance hace unos días) y Mark Ruffalo, además de la legendaria Fonda.
Por todo Estados Unidos la resistencia a Trump es ahora noticia cotidiana.











