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El ciclo de vida de un río inspira obra que estrenará Nonis Prado con la OFCM

Tríptico fluvial será dirigida hoy y mañana por Catherine Larsen-Maguire en la sala Silvestre Revueltas

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▲ Ensayo con la directora británica (izquierda) y la autora de la pieza en charla con La Jornada. Foto Germán Canseco
 
Periódico La Jornada
Sábado 24 de enero de 2026, p. 5

“Letra g, tutti”. La directora Catherine Larsen-Maguire se dirige a la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM) con su acento anglosajón. Enseguida irrumpe un oleaje sonoro: es música impetuosa y refulgente, por momentos dulce, que de súbito deviene tensa y dramática.

Acorde con su título, las notas de Tríptico fluvial parecen discurrir entre los violines y violas, y se esparcen entre las butacas vacías de la sala Silvestre Revueltas, impulsadas por la vibración de los instrumentos de aliento.

“Una vez más, cellos, contrabajos y tuba”, solicita la artista británica, desprendiéndose ahora una sonoridad densa, sombría. Es una pieza muy visual, acaso cinematográfica.

Así transcurre el ensayo de esa composición de la mexicana Nonis Prado (Pachuca, 1989), en vísperas de su estreno mundial en el programa que inaugura este fin de semana la Temporada 2026 de la OFCM.

Conformada por tres movimientos, con duración de 12 minutos, compartirá cartel con la Sinfonía concertante en Mi mayor de Mozart y las Danzas Sinfónicas de Rachmaninov, con Larsen-Maguire como batuta huésped.

Los conciertos serán hoy y mañana a las 18 y las 12:30 horas, respectivamente, en la sala Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli (Periférico Sur 5141, colonia Isidro Fabela).

En los más de 13 años de trayectoria de Nonis Prado, ésta es la primera vez que una sinfónica toca una de sus partituras. Asume que, en México, no es nada sencillo para un compositor ser joven y mujer.

“En la carrera los maestros nos decían que es un género que debemos aprender, pero de allí a que toquen nuestra obra es muy difícil. Por eso me he enfocado en música de cámara, un formato mucho más pequeño y accesible”, sostiene en entrevista.

Al referir que desde hace tiempo ha enviado piezas a otras orquestas nacionales sin encontrar eco, la autora celebra la apertura mostrada en años recientes por la OFCM de incluir en su programación a autores mexicanos, jóvenes y mujeres.

“Es un riesgo que muchas agrupaciones no se animan a tomar. Sobre todo tiene que ver con la audiencia; hay que acostumbrarla a que existe más música que la de todos esos señores europeos que ya están muertos, como Vivaldi, Beethoven o Wagner”, subraya.

“Por eso no toman ese riesgo las orquestas, porque en boletaje les representa una pérdida (...) Pero este tipo de música –la hecha por autores nacionales, jóvenes y mujeres– es algo que debe conocerse, al ser parte y reflejo de nuestro tiempo. Por eso estoy muy agradecida y contenta por esta oportunidad.”

Tríptico fluvial fue escrita por Nonis Prado en la pandemia de covid, en 2022, durante su doctorado en composición, como parte de una investigación en la que vinculó datos medioambientales con música.

“El planteamiento general para la investigación de esos cuatro años era sonificar datos. Es decir, información numérica, química y física, y traducirla a música o sonidos. Para esta pieza, trabajé con el índice de la calidad del agua.”

Explica que para determinar la calidad de toda cuenca hidrológica se monitorean parámetros como la temperatura, la turbidez, la alcalinidad y la oxigenación. Ella se enfocó en ocho indicadores a fin de hacer una analogía musical de cada uno: “Por ejemplo, la oxigenación es el pulso, el tempo de la música. Luego, la temperatura tiene que ver con el ritmo; a mayor temperatura, son notas más rápidas”.

A partir de su predilección por la música de cine –la cual la llevó a estudiar esta disciplina artística–, la compositora describe esta obra como muy visual. “La imagen que planteo es un río que nace en una cuenca alta y que, conforme desciende, se va ensuciando”, plantea.

“En el primer movimiento está lo más brilloso; en el segundo, viene una sonoridad muy movida y rítmica, la del río avanzando; en la parte final está el registro más grave de la orquesta: es sombrío; lo pensé como fangoso, denso. Este tercer movimiento es un río contaminado, muerto, entubado, ya sólo como vertedero de residuos.”

Tras aclarar que la obra corresponde a un río imaginario, aunque se basó en datos reales de un afluente ubicado en Michoacán, Nonis Prado resalta que si bien le interesa el entrecruce de la música con la ciencia, para ella el tema medioambiental es el sustantivo.

“Me motiva mucho. Algo que surgió con esta pieza es cómo hacer llegar ese mensaje con un lenguaje abstracto como la música. O sea, cuando no hay palabras o imágenes de por medio, cómo el escucha sabrá lo que estoy tratando de plasmar con sonidos, lo del río que nace y va muriendo de a poco.”

Pese a esa limitante del arte sonoro, la compositora no le resta su valor social: “la música se beneficia mucho de la multidisciplina. Por ejemplo, tener un texto, unas notas al programa o algo que, en un contexto previo, sitúe al escucha en lo que dio origen a la obra, eso ayuda mucho. En mi planteamiento, trato de concientizar del impacto que tienen nuestras actividades cotidianas”.

Para concluir, se le pregunta cuál es el siguiente paso en México para las compositoras y jóvenes. “Una de nuestras chambas es creernos quiénes somos; o sea, creer en nuestro potencial”, responde la autora.

“Una crece con muchos miedos e inseguridades que nos planta el entorno. El trabajo que debemos hacer, entonces, es atrevernos. Como dicen, sin miedo al éxito.”

Otra tarea es invitar a la audiencia a abrirse a nuevo repertorio. “Las artes son un retrato fiel de lo que sucede en el presente. Es feo que la gente no lo acepte. A las personas que están en los puestos de poder, los tomadores de decisiones, debemos exigirles que también abran espacios a nuevas voces”, rubrica.