Davos
o político es económico y lo económico es político; al final de cuentas lo determinante son las relaciones de poder. Este principio se aprecia claramente en el Foro Económico Mundial de Davos, donde Donald Trump está en el centro de la polémica.
Este foro de encuentros y desencuentros se lleva a cabo desde hace más de medio siglo. La primera reunión fue en 1971 y desde entonces se mantiene en forma presencial en esa ciudad suiza, salvo en 2002, cuando se trasladó a Nueva York, por los atentados contra Estados Unidos, y en 2021, por la pandemia, cuando se llevó a cabo en forma virtual.
La idea original consiste en un intercambio de ideas abierto y sin cortapisas entre empresarios, políticos, científicos y miembros de la sociedad civil y del ámbito cultural para analizar los problemas de la sociedad, principalmente en materia económica. El tema central de este año tiene el título de “Un espíritu de diálogo”, precisamente en un momento en que el diálogo ha perdido fuerza frente al enfrentamiento.
Es tan relevante esta reunión que en muchos aspectos supera las negociaciones de organismos multilaterales como la Organización de Naciones Unidas. Mientras en esta última se trata de políticos y administradores públicos que hacen recomendaciones y votan a favor o en contra de algo sin tener mayor poder, en Davos empresarios y gobernantes con poder determinante para cambiar al mundo definen las estrategias a seguir.
Este año es especialmente importante por la posición radical de Donald Trump en geopolítica, economía y comercio. Los temas de Venezuela, Groenlandia, las relaciones de Occidente con China, Rusia e Israel están presentes y cada país o región defiende su posición frente a los cambios programados por Estados Unidos.
Al final de esta reunión, el próximo viernes, se verán la fuerza de Europa para defender Ucrania y Groenlandia, los desencuentros entre países occidentales para frenar la expansión de Rusia y de China, los controles a Israel en Palestina y los efectos del proteccionismo comercial.
La sociedad se encierra y vuelve a un tipo de feudalismo, con la recomposición de los imperios. En esta reunión quedará más claro cómo se reparten el mundo las grandes potencias.











