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Ciudad perdida

La megalomanía de Trump // Democracias bajo amenaza // Los desafíos de Sheinbaum en 2026

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▲ A fin de representar parte de la identidad nacional y dar visibilidad a los productores de nopal, mañana será inaugurada en el Zócalo una exposición sobre la cactácea con piezas elaboradas con fibra de vidrio por diversos artistas plásticos.Foto Elba Mónica Bravo
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i el pitagórico razonamiento que indica: el orden de los factores no altera el producto, sigue siendo una verdad, permítame, esta vez, empezar por:

De pasadita

Intranquilidad es lo que provocaron las palabras de Trump en la muy larga conferencia de prensa que sostuvo después del asalto a Venezuela.

No es para menos. Nos indicó, a todos, que él, Donald Trump, se autodesignó “el gran elector” y por tanto el asesino de la democracia.

Y no, por favor no dude, déjeme explicarle por qué lo afirmo. De aquí en adelante, en el territorio occidental del que se dice dueño, no va a importar cuáles sean los resultados de una elección.

Si el pueblo elige y Trump reprueba, vendrá la invasión y con ella el sometimiento a los designios de la Casa Blanca. Así que vayámonos despidiendo de la tan “cuidada y respetada” democracia para dar paso a la hegemonía de los drones y los misiles. Eso es todo.

Dicho lo anterior, regreso a Ciudad Perdida.

El año que inicia presenta, sin duda, una serie de desafíos para el gobierno de la PresidentA Sheinbaum –aprovechemos el lugar común– que seguramente están marcados en la agenda de lo importante, y si bien es cierto que lo político no preocupa porque se considera prácticamente resuelto, lo económico será la prioridad y en ese renglón, que nadie lo dude, la corrupción será el dolor de cabeza.

Las encuestas que se manejan en el Zócalo aseguran que los temas duros como la inseguridad ya no figuran entre las mayores aflicciones de la población, por más altas que se encuentren, mientras la economía es, ahora, el factor principal de su intranquilidad.

Dada esa circunstancia, los focos del gobierno están en la casilla del dinero, en las finanzas. Hay que advertir, eso es muy importante, que la línea de actuación, el fundamento de los planes y proyectos, no cambia. Respaldar la economía de los más necesitados será la tarea principal.

De todas formas, la inversión del gobierno y la iniciativa privada estará en proyectos que requieren de una vigilancia extrema, porque serán obras que demandan el gasto de grandes sumas de dinero y se convierten en el blanco de los ataques de la corrupción.

Y es que no se trata de los programas sociales donde los controles han logrado impedir el desvío de recursos porque se entregan de forma directa, mano a mano, sin gestoría, sin líderes de por medio, sino de obras susceptibles a los cambios que ordena el mercado, y por tanto a ciertas acciones deshonestas, vínculo entre funcionarios y miembros de la iniciativa privada.

El acuerdo de crecimiento, ese que va más allá de la sesión de fotos, y que sí camina, parece inaugurar también una novedosa forma de trabajo entre esas dos instancias, esto porque existe un entendido que no los enfrenta, sino que los vuelve elementos complementarios de una economía que urge de inversión segura.

También habrá noticias en el ámbito de los privados, y eso lo vamos a ver con el avanzar del calendario. Ya hay –casi nunca ha sido así– una fisura profunda entre los dueños del dinero. El grupo que perdió privilegios y ve en la corrupción, la amenaza y la extorsión hacia el gobierno una forma de “hacer negocios”, y los jóvenes, que consideran su asociación con los poderes derivados de las elecciones, una oportunidad para dar al país plataformas de crecimiento que no se tenían.

Una parte del gobierno así lo entiende y otra parte poderosa de la iniciativa privada está de acuerdo con ello y empezará el año con, por ejemplo, la construcción de departamentos en algunas entidades del país.

El gobierno deberá estar pendiente de que la burocracia, los gobernadores donde las obras serán las protagonistas de la economía, no se vean asediadas por la corrupción. Esa será una de las luchas más importantes que se den, por ejemplo, en el estado de México.

La PresidentA Sheinbaum ya nos demostró que tiene el pulso firme cuando se trata de remediar algún mal de esos que lastiman profundamente a la sociedad. Las denuncias en el estado de México, por ejemplo, pronto le habrán de colmar la paciencia y será necesaria una acción que deje en claro que no hay lugar para la impunidad, aunque las bandas estén compuestas por miembros de los gobiernos o de su partido. Ya veremos.