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Bartleby para 2026
E

n una sola frase consiguió Herman Melville ilustrar una postura individual desconcertante y controvertida en su famosa novela corta Bartleby, el escribiente. Bartleby cumplía inicialmente con dedicación su trabajo de amanuense, pero muy poco después, cuando su jefe, que era un abogado de Wall Street, le indicaba repetidamente que revisara unos documentos, aquél le respondía de manera simple y contundente: “Preferiría no hacerlo”. Y de modo aún más rotundo, como ocurre en inglés: “I would prefer not to”. Ese es el punto de inflexión de la historia, pues tal actitud afecta irremediablemente la relación entre ambos y, también, el conjunto del trabajo de la oficina, hasta que en un determinado momento la situación se torna en un caos.

Borges se ocupó de traducir este texto. Se ha discutido extensamente sobre el significado individual y social de esta frase y de la correspondiente actitud de Bartleby. El filósofo francés Gilles Deleuze analizó el libro; su interpretación me parece ajustada y útil. Dice que Bartleby no es una metáfora para el autor y tampoco un símbolo de nada. “Es un texto violentamente cómico, y lo cómico es siempre literal. Es como las novelas de Kleist, Dostoievsky, Kafka o Beckett, con los que conforma un linaje subterráneo y prestigioso. Significa sólo lo que dice, literalmente. Y lo que dice y repite es ‘preferiría no hacerlo’. Esta es la fórmula de su gloria, que cada amante lector repite a su vez. Un hombre sombrío y soso ha pronunciado la fórmula que enloquece a todos”.

La frase “preferiría no hacerlo” es la más célebre del texto de Melville y se ha dicho que quizás sea una de las más famosas en la literatura estadunidense.

La aproximación de Deleuze a Bartleby, el escribiente, es directa y sin subterfugios. Muchos otros filósofos y pensadores han considerado de modo constante esta obra de Melville desde distintos ángulos y con diversos grados de profundidad.

Uno de ellos, que adopta la postura de Bartleby hasta un extremo, es el muy controvertido Slavoj Zizek, quien solía portar una camiseta negra con una inscripción en grandes letras blancas que decía precisamente: “I would prefer not to”.

Bartleby, en esencia, no hace nada y lo que se ha desprendido de la historia es que este modo de no hacer nada puede ser más efectivo que “hacer algo”. De ahí que Zizek señale: “Algunas veces no hacer nada es lo más violento que puede hacerse”. La cuestión se ha referido, por ejemplo, a las condiciones que han ido conformando una tendencia del pensamiento crítico respecto a lo que se ha denominado “realismo capitalista”. Esto se expresa en la consideración de que ante el sistema “no hay aún una alternativa real”.

La postura que Bartleby representa es simple, pero contundente; en principio, es un desafío ante la autoridad. El abogado, su jefe, no acierta a tratar la situación provocada por la negativa de su empleado de cumplir con sus obligaciones y lo deja pasar, de lo que se deriva el cuestionamiento sobre quienes ejercen posiciones de autoridad, provocando así el desenlace de la narración.

La actitud de Bartleby ha sido exhaustivamente tratada desde el punto de vista sicológico y, también político. Se expresa en la cuestión de la llamada conformidad pasiva, como lo expresó Hannah Arendt en su estudio del totalitarismo. Advirtió que la verdadera libertad política se extingue no sólo por obra de las dictaduras, sino también por el lento arrastre de la conformidad ordinaria; de tal forma, las sociedades se hacen cómplices de su propio sometimiento. Existe, también, la situación que configura la inconformidad pasiva, que se asocia con distintas maneras de resistencia velada o de incumplimiento de las normas impuestas por quienes tienen posiciones de autoridad.

Hay una aproximación personal derivada de la frase “preferiría no hacerlo”, que es la que la expresa literalmente Bartleby. Ésta da lugar a las diversas interpretaciones sobre su actitud y las derivaciones que de ella surgen. Esto remite a una cuestión de índole personal que es interesante considerar. Inicialmente, puede derivar en una expresión corta, sobria y definitiva que es “prefiero no”. Como individuos primero, como miembros de una sociedad o de instancias aún más particulares y de modo relevante como ciudadanos, es una actitud que parece simple y hasta trivial, pero tiene una dimensión profunda que no puede se ignorada. Es una forma expresa de definición personal.