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Surgimiento de la educación Freinet en México
L

os verdaderos maestros de Célestin Freinet, al decir de él, no fueron otros que sus propios alumnos primarios de escuela popular; ellos propiciaron que Freinet, noble educador campesino, se encargara de darles la palabra por medio de textos libres cargados con pensamientos y sentimientos escritos, ilustrados, impresos y publicados por los niños en sus cuadernos escolares.

Célestin Freinet señala que en 1924, en su escuela de Bar-sur-Loup (Francia), dio inicio la práctica de la técnica del texto libre, a través de la imprenta escolar, mejor conocida como imprenta Freinet, para publicar cuadernos escolares y libros de vida. Poco tiempo después, a finales del curso 1924-1925, la noticia llegó a España por conducto de Luis G. Bover, maestro encargado de la escuela de un lugar llamado Sallent de Montanisell, en la provincia de Lérida. En 1932 se publicó en España el primer ejemplar del título Colección Escolar de Libros Vividos, hecho por los escolares de Montolíu de Lérida, motivados por el maestro José de Tapia y Bujalance, introductor de la práctica del texto libre en dicho país; ese título, a partir de 1933, fue seguido por cabezas de otros cuadernos de diversas escuelas de la misma provincia, entre ellas la de Puigvert de Lérida regentada por el maestro Patricio Redondo Moreno, con el cuaderno L’afany.

Se preguntará el lector: ¿Cómo y cuándo se tuvo noticia de la pedagogía Freinet en México? Es bien sabido que Redondo, primero (1940), y Tapia, años después (1948), llegaron a distintos puntos de la República Mexicana, expulsados por el franquismo y dispuestos a trabajar en sus escuelas al amparo de los postulados y las técnicas Freinet. Por ello no debe extrañar que durante tantos años se haya atribuido, principalmente a Patricio Redondo, la introducción de la educación Freinet en México. Yo mismo estuve empapado de esa creencia hasta que un luminoso día, de esos verdaderamente buenos, logré desenredar el asunto; fue como un golpe de azar llegar a saber que el introductor fue un maestro mexicano conforme explico más adelante.

Supe que, hacia 1932-1933, los alumnos de Simeón Omella Ciprián, otro freinetista de corazón, maestro en el pueblo de Plasencia del Monte, en Huesca (Aragón), intercambiaban correspondencia con una escuela mexicana. Ha de tener presente el lector que lo anterior no lo obtuve en libros, revistas especializadas, periódicos nacionales o locales, entrevistas ni demás fuentes convencionales en las que nos nutrimos los investigadores. ¿De dónde, entonces, proviene el dato? Los niños de Plasencia enviaban su cuaderno de trabajos escolares vividos con información que les parecía interesante. Fue por ello que en 1933, enterados por conducto de un comunicado de los muchachos de Omella, otros escolares, de una de las regiones españolas más apartadas de aquel momento, en Las Hurdes, en la Escuela Unitaria de Niños de la Factoría de los Ángeles, Caminomorisco, Cáceres (Extremadura), también hicieron referencia al intercambio con México. El maestro encargado de la última escuela citada se llamaba José Vargas Gómez, otro freinetista español de los grandes.

Ha de tenerse presente que ni Patricio Redondo ni José de Tapia, durante sus estancias en Lérida y Barcelona, dan señas de haber tenido intercambio escolar con México, país al que arribaron años después. No obstante dejaron a salvo el conocimiento, amistad e intercambio sostenido durante esos años con el maestro Omella. Por algo no se enteraron de ese temprano intercambio con México, nadie lo podrá desentrañar. Lo cierto es que, por el lado español, todo indica que el origen del intercambio escolar Freinet de España con México se ubica fundamentalmente en la imponente obra escolar de don Simeón Omella Ciprián y sus alumnos.

Los chicos de Plasencia del Monte y los de Caminomorisco eran muy humildes, y a la vez llevaban consigo una estrella poco común, estaban marcados por la pedagogía Freinet. Sus senderos se unían por textos libres y cuadernos escolares infantiles hechos con sus imprentas. En esas páginas, muy contadas las que se conservan, pero extraordinariamente ricas y jugosas, es donde hallé el feliz dato de México.

Antes de continuar, me nace expresar la alegría y asombro, indescriptibles, que tuve conforme avancé, aunque lentamente (durante años), para aclarar el misterio. Me falta decir que esos escolares no se propusieron –como tampoco lo hicieron Freinet ni los maestros españoles– contribuir a esclarecer el surgimiento del freinetismo mexicano, pero con su palabra escrita lo lograron. Ante esos niños, maestros y el propio Freinet, como investigador que soy, me quito el sombrero. Descubrí que los textos libres y los cuadernos escolares, entre otros atributos, permiten hacer historia de algo remoto y casi perdido.

Hay un dato adicional relevante para develar el caso. Lo localicé, tardíamente, en 2004. Esto es lo que dice al pie de la letra un texto libre de los escolares de Caminomorisco, publicado en 1933 (entre septiembre-octubre y noviembre-diciembre), en alguno de los ejemplares deshojados del cuaderno de aquella escuela titulado Ideas y hechos: “Para los niños de Lomas de Chajo. Méjico. Los escolares de Plasencia del Monte nos envían vuestra dirección para que establezcamos el intercambio. Nosotros accedemos gustosos y a partir de hoy viviréis en nuestra memoria. Escribidnos y contadnos cosas de esas tierras donde habláis nuestra misma lengua y quizá sentiréis como nosotros”.

Mis tanteos subsecuentes apuntaron a iluminar aspectos relacionados con la escuela mexicana de Lomas de Chajo, aunque no localicé más textos libres sobre el particular. El espacio se me acaba, dejo de lado el papel y el lápiz, y ofrezco terminar la narración en la siguiente entrega.

¡Elevemos la mirada de la educación!

* Profesor en la UNAM