a humanidad inicia 2026 con grandes activos, como incremento de la esperanza de vida, siete años desde 2000, y hoy ya cercana a los 75 años; mayor disponibilidad promedio de los servicios básicos en los hogares y de urbanidad en los núcleos poblacionales; reducción sustantiva del analfabetismo, inferior ya a 13 por ciento de la población; mejor comunicación, sin importar distancias, gracias a las tecnologías de la información, y, en general, un avance notable de la ciencia y sus usos prácticos, en prácticamente todas las esferas, facilitando la conquista del cosmos y de la micromateria.
De manera especial destaco la justicia de género: el porcentaje de niñas que van a la primaria subió de 47 a 68 por ciento desde 2000, igualando a los niños, e incluso superándolos en el acceso a los estudios profesionales, según la agencia OWiD.
Pero también hay retrocesos y desafíos monumentales, como el avance de la ultraderecha en amplias franjas del mundo, de manera destacada, en América Latina, fenómeno analizado en nuestra colaboración anterior. Sólo patentizo ahora el impacto de los gobiernos autoritarios neofascistas en los derechos humanos, las conquistas sociales y los derechos adquiridos de los estratos bajos de la pirámide social.
Hoy me concentro en los desafíos de la guerra nuclear, el calentamiento global, la pobreza y la inmigración. Respecto al primer tema, si bien en Medio Oriente hay un paréntesis en los enfrentamientos abiertos entre Israel y Hamas, en la franja de Gaza no hay una solución de fondo, pues sólo fue un armisticio que no tocó el corazón del problema en la controversia histórica entre judíos y palestinos: dos pueblos, dos territorios, dos soberanías.
Mientras, en Europa no hay todavía un esquema global de entendimiento en la guerra Rusia-Ucrania, los combates continúan y las bajas en ambos bandos se siguen sumando. Según la OTAN, el número total de muertos y heridos ya asciende a 1.1 millones.
Lo más grave es que, lejos de cesar ese enfrentamiento bilateral, la conflagración podría extenderse a toda Europa, como advierten tanto la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, como el jefe de Estado soviético, Vladimir Putin. Ambas partes afirman no querer la guerra, pero no la descartan y afirman estar preparados o en ese proceso. Es una nueva geopolítica mundial, donde Estados Unidos ha dejado de ser un aliado incondicional de la Unión Europea y ahora pareciera priorizar y relanzar la doctrina Monroe, “América para los americanos”: sus efectos lesivos comienzan a sentirse en el sur del continente.
No cesan los frentes abiertos hasta ahora y se suman otros más, como el enfrentamiento diplomático y comercial, que podría trascender a bélico entre China y Japón, por sus posturas encontradas en la querella histórica por Taiwán, reavivada por el comentario de la primera ministra japonesa Sanae Takaichi en el que sugirió que su país podría considerar una acción militar si se intentara invadir o bloquear Taiwán.
En este conflicto, los territorios que en algún momento pertenecieron a Reino Unido y Portugal, y después fueron recuperados, como Hong Kong, están cerrando filas con su nación madre, China, en la disputa con su interlocutor japonés. Tampoco en Asia puede pasarse por alto el anuncio del jefe de Estado en Corea del Norte, Kim Jong-un, de que ese país intensificará su carrera armamentista en 2026, incrementando y modernizando la producción de misiles de largo alcance. El arsenal nuclear de Corea del Norte lo ubica ya como una de las mayores potencias bélicas en el mundo.
Sobre el calentamiento global, los indicadores no mejoran: el principal objetivo de la Cumbre de París de 2015, ratificado por 195 países –evitar que la temperatura del planeta se incrementara más allá de 1.5 por ciento respecto a los parámetros preindustriales– fue rebasado en 2024. Como efecto de este calentamiento, según un estudio de la NASA, en ese año el nivel medio global del mar aumentó más de lo previsto, alcanzando un incremento de 0.59 cm en comparación con el año anterior.
Lo peor es que los esfuerzos mundiales pierden impulso, como en la reciente cumbre climática en la selva amazónica. Apenas en noviembre del año pasado, donde no hubo acuerdos vinculantes, obligatorios para los estados nacionales, sino sólo directrices, lineamientos. Los mayores contaminantes del planeta, como Estados Unidos, ni siquiera estuvieron representados.
La pobreza extrema, por otra parte, sigue siendo un desafío descomunal, pues si bien ha descendido notablemente este siglo, todavía 8.5 por ciento de la población mundial vive en esa condición, con un ingreso menor a 2.15 dólares por día, 700 millones de seres humanos. Por eso, un todavía elevado 26 por ciento no tiene acceso a servicios de agua potable gestionados de manera segura y 42 por ciento carece de servicios de saneamiento (drenaje) gestionados de manera segura. Sólo en servicios de electrificación podemos celebrar que ya 92 por ciento tiene acceso a estos servicios.
Finalmente, un desafío para el próximo año será frenar la embestida de la derecha contra la población migrante, con cada vez más violaciones flagrantes a sus derechos humanos, más restricciones a los servicios de educación y salud y más deportaciones sin respeto al debido proceso. ¡Que éste sea un año pleno de paz, salud y alegría para todos ustedes y sus familias!












