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Sierra Norte de Puebla: de paraíso natural a foco rojo de inseguridad

Fuentes policiacas y periodísticas identifican la presencia de células de cárteles ligadas a narcomenudeo, robo de hidrocarburos y trasiego

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▲ Autoridades de la Sierra Norte de Puebla tienen identificadas a células criminales que operan en la región y que atentan contra la población. La tala ilegal, delito de alto impacto y profundo daño ambiental, es uno de los que se ha disparado.Foto La Jornada de Oriente
La Jornada de Oriente
Periódico La Jornada
Lunes 5 de enero de 2026, p. 27

Puebla, Pue., La Sierra Norte de Puebla, región de intrincada geografía que abarca desde los límites con Veracruz e Hidalgo hasta el corazón del estado, es hoy un foco rojo de inseguridad.

Lejos de la imagen idílica de niebla y cafetales, sus municipios viven una espiral de violencia alimentada por la disputa territorial entre grupos de crimen organizado y el aumento de la delincuencia común que afecta directamente la vida de comunidades indígenas y el desarrollo económico regional.

El contraste entre la belleza natural y la cruda realidad criminal es palpable en demarcaciones como Huauchinango, Xicotepec de Juárez, Chignahuapan, Zacatlán y la zona de la “media sierra”.

Históricamente, la Sierra Norte ha ofrecido condiciones geográficas ideales para operaciones ilícitas. Dispersión poblacional, dificultad de acceso y proximidad con estados claves como Veracruz e Hidalgo, la convirtieron en ruta estratégica para la delincuencia organizada. La principal manifestación del crimen organizado en la región es la disputa por controlar actividades ilícitas lucrativas.

Fuentes de seguridad y análisis periodísticos identifican la presencia dominante de células de cárteles nacionales, principalmente los vinculados a hurto de hidrocarburos, narcomenudeo y trasiego.

La atomización de grandes estructuras delictivas ha generado pugnas internas por la hegemonía local, incrementando los ajustes de cuentas.

El modus operandi de la delincuencia organizada se manifiesta a través de ejecuciones directas y levantones (secuestros), a menudo perpetrados con extrema violencia en carreteras estatales y caminos rurales. Así se envían mensajes a grupos rivales y a autoridades.

Un caso que resonó con fuerza en 2024 y 2025 fue el hallazgo de al menos 27 cuerpos en la carretera federal México-Tuxpan, cerca de Huauchinango y Xicotepec, atribuidos a purgas por controlar plazas de narcomenudeo y trasiego de drogas sintéticas.

Sangre derramada por huachicol

El robo de hidrocarburos o huachicol es un crimen característico de la Sierra Norte, especialmente cerca del poliducto Tuxpan-México. Huauchinango, Xicotepec, Pahua-tlán y Tlacuilotepec son puntos de alta incidencia.

El huachicol implica una logística compleja que requiere equipo pesado, protección armada, red de distribución y cooptación de autoridades.

La violencia asociada se dirige a grupos rivales, así como a población civil que resiste la operación delictiva o es víctima de tomas mal selladas y explosiones.

Fuentes consultadas por La Jornada de Oriente en la delegación de la Fiscalía General de la República apuntan a que la delincuencia organizada recluta jóvenes con promesas de altos ingresos, fracturando el tejido social. Asimismo, en torno a tomas clandestinas grupos armados han desatado enfrentamientos con el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional.

Se dispara tala ilegal

La tala ilegal, delito de alto impacto y profundo daño ambiental, lucrativo apéndice de criminales organizados, se ha disparado en la Sierra Norte. La deforestación se incrementó en Zacatlán y Chignahuapan, demarcaciones con bosques de pino y oyamel.

Organizaciones ambientalistas y forestales de la región denuncian que grupos delictivos extraen madera a escala industrial, con equipo pesado y protección armada.

Esto no es criminalidad común, requiere de una cadena de valor que incluye el transporte vigilado, corrupción de inspectores y blanqueo del producto; además, redunda en financiamiento para otras actividades ilegales.

Los riesgos para defensores de bosques y comuneros que se oponen a estas prácticas aumentó, amenazas directas y agresiones obligan a las comunidades a callar.

Delincuencia común

De su lado, la criminalidad común se intensifica, reflejando el deterioro económico y la falta de oportunidades, impactando directamente al ciudadano de a pie al convertir a las cabeceras municipales en sitios inseguros.

El robo a transeúnte y vehicular derivan en mayor percepción de inseguridad.

Las carreteras y accesos a ciudades como Xicotepec y Huauchinango son puntos recurrentes para el robo de vehículos con violencia, a menudo para desmantelamiento o uso en actividades delictivas mayores.

Empresarios de Zacatlán y Chignahuapan denuncian llamadas de extorsión y amenazas para el pago de cuotas.

La percepción de debilidad institucional y la falta de confianza en los cuerpos de seguridad locales avanza.

Detenciones y operativos federales han descubierto vínculos de policías municipales con huachicoleros y narcomenudistas, lo que obstaculiza la denuncia ciudadana y profundiza la impunidad.