Revelan fisuras dentro de la base política del presidente // Críticos progresistas ven a Cuba como siguiente objetivo
Domingo 4 de enero de 2026, p. 7
Washington y Nueva York. Legisladores aliados del presidente Donald Trump se enfilaron en apoyo al secuestro estadunidense del mandatario venezolano Nicolás Maduro, pero más notable fue la oposición de varios conservadores prominentes que cuestionaron el propósito de la acción militar mientras fluyeron condenas de legisladores demócratas y progresistas por todo Estados Unidos.
Las protestas no frenarán y menos revertirán las operaciones militares unilaterales de Trump, pero sí revelan las fisuras dentro de la base política del presidente como también la creciente irrelevancia del Congreso de Estados Unidos, que ha abdicado en gran medida de su deber constitucional de determinar y autorizar las guerras y acciones bélicas de Estados Unidos, tal como marca la ley.
El senador republicano Rand Paul se sumó ayer a sus colegas demócratas Tim Kaine, Adam Schiff y el líder de la minoría demócrata Chuck Schumer en declarar que exigirán un voto en el pleno del Senado la próxima semana para bloquear operaciones militares adicionales en Venezuela.
Paul también se unió a los diputados republicanos conservadores Thomas Massie y la ex diputada y figura conservadora influyente Marjorie Taylor Greene en condenar la acción ordenada por su presidente.
Aunque la medida probablemente no podrá prosperar en ambas cámaras del Congreso, registrará la oposición de un segmento significativo de la bancada del partido del presidente, junto con una mayoría de los demócratas.
Más aún, la acción militar unilateral de un presidente que criticó la invasión de Irak y presionó a favor de un retiro de las fuerzas armadas de Afganistán, criticando intervenciones en el pasado de presidentes republicanos y demócratas, todo parte de un compromiso con sus simpatizantes de evitar repetir esos ejemplos, demuestra una contradicción clave entre sus bases e incluso algunos de sus aliados políticos más cercanos.
El vicepresidente J.D. Vance, el comentarista conservador muy influyente Tucker Carlson y hasta el propio hijo mayor del presidente, Donald junior, han criticado este tipo de iniciativas bélicas en el pasado (aún no comentan sobre ésta).
Del otro lado, dentro de ese mismo circuito político íntimo de Trump, están el secretario de Estado, Marco Rubio, el subjefe de gabinete Stephen Miller y el llamado zar antiterrorista Sebastian Gorka, quienes han favorecido –y participaron en la plantación– este tipo de ataque contra Venezuela.
El propio Rubio dejó claro ayer que prefiere que esto no se limite sólo a Venezuela. “Si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría un poquito preocupado”.
Pero Elliot Abrams, uno de los neoconservadores más famosos en Washington, expresó su preocupación de que tras capturar a Maduro y su esposa, Trump podría dejar en el poder a los chavistas. “Mi temor no es de que ellos lucharon contra un nuevo gobierno. Mi temor es que ahora Estados Unidos intentará hacer algunos acuerdos con esa gente”, comentó a CBS News.
Abrams, penalmente condenado por su papel en canalizar asistencia estadunidense ilegal a la Contra nicaragüense hace 50 años, esta públicamente cabildeando para que instale a María Corina Machado como presidenta.
Sólo es el primer paso, dicen
Por otro lado, críticos progresistas prominentes de la política estadunidense hacia América Latina dicen que se debería de tomar en serio la palabra de Trump de que su intención es dominar política y militarmente a todo el hemisferio.
“Venezuela es sólo el primer paso. Marco Rubio, el secretario de Estado, oriundo del sur de Florida, cuya propia familia no es ajena al narcotráfico, ve esto en términos muy ideológicos. Es cubano. Y por la razón que sea, ven a Venezuela como el primer paso hacia el objetivo de derrocar finalmente la revolución cubana y traer a la isla de vuelta a la órbita de Estados Unidos”, comentó Greg Grandin, historiador ganador del premio Pulitzer y profesor de historia en la Universidad de Yale.
Otros intelectuales progresistas y solidarios con Venezuela como Tariq Ali estaban tratando de entender el comportamiento de algunos integrantes del gobierno en Caracas en esta emergencia.
En un tuit, comentó que las versiones sobre el manejo de la situación por la vicepresidenta Delcy Rodríguez provocan interrogantes y que uno de sus colegas en Caracas le dijo que la vicepresidenta había estado hablando con los estadunidenses durante las últimas semanas, y ella les aseguró que controlaba al Ejército, “lo cual es una broma”.
Alcalde Mamdani alza la voz contra el magnate
Las voces de legisladores liberales y hasta de un nuevo alcalde se sumaron a un coro de protesta. El recién electo alcalde socialista democrático de Nueva York repudió la acción.
“Atacar unilateralmente una nación soberana es un acto de guerra y una violación de las leyes federal e internacional”, declaró Zhoran Kwame Mamdani. “Esta búsqueda descarada de cambio de régimen no sólo afecta a aquellos en el extranjero, directamente impacta a neoyorquinos, incluyendo a decenas de miles de venezolanos que llaman hogar a este ciudad”.
Los diputados federales Joaquín Castro, Jim McGovern y Jesus García se sumaron al coro de críticos.
“Condenó enérgicamente los ataques de Trump y la operación de cambio de régimen en Venezuela, que llevó a cabo sin consultar al Congreso y en violación del derecho internacional”, declaró García.
“Las acciones de Trump no detendrán el tráfico de fentanilo, ya que Venezuela no lo produce. En cambio, en una muestra imperialista de control hemisférico de Trump abre las puertas a su propio enriquecimiento y al de sus donantes de la industria petrolera”.
Por otro lado, la central obrera nacional AFL-CIO, representando a 13 millones de agremiados, declaró en sus redes sociales que “nos sumamos a la comunidad internacional de trabajadores para condenar las acciones inconstitucionales del presidente en Venezuela”.
Manifestaciones se realizaron en varios puntos del país. Cientos de personas desafiaron el frío de Washington para expresar su repudio frente a la Casa Blanca. En Nueva York, corearon “manos fuera de Venezuela” en Times Square. Otras protestas se realizaron en San Francisco y la parte sur de California, así como en Chicago y Milwaukee.
El senador demócrata de mayor rango en el Comité sobre Fuerzas Armadas, Jack Reed, declaró que “la historia no ofrece escasez de advertencias sobre los costos –humanos, estratégicos y morales– de suponer que podemos gobernar a otra nación por la fuerza”.












