Llegaron al país en mayo pasado
Shadi Abed acusa a Miguel Solórzano, empleado del lugar // Venden comida para tener un ingreso
Viernes 2 de enero de 2026, p. 9
El refugiado palestino Shadi Abed, radicado en México desde 2019, en entrevista con La Jornada denuncia malos tratos contra su familia.
–¿Cuál es el presente de la familia Abed?
–Gracias a Dios, están en México. Diez adultos y ocho niños llegaron el 25 de mayo de 2025. Agradezco muchísimo al colectivo De Gaza a México, pues les salvaron la vida. Mis hermanos y sus esposas no hablan español. Meses atrás, comenzaron a vender alimentos: mi hermano Fadi ya ofrece su comida a diario en el centro de Tlalpan. Así hemos puesto el piso para que cada uno trabaje y mantenga a sus familias, aunque es difícil aún: los hombres y las mujeres de mi familia no podrían laborar en una fábrica, por ejemplo, porque todavía no comprenden el español, además de que no conocen cómo es viajar en Metro. Están muy asustados luego de las huellas del genocidio. Sumemos que no conocen México ni su cultura, por esa razón utilizan la cocina de Casa Refugiados Ceahpaz para tener un empleo y sostenerse económicamente.
“Sólo contamos con la venta de alimentos para obtener ingresos. Dejaron todo en Palestina y aquí llegaron sin nada. Los recibí en México, cuento con un negocio de café y sí, ayudo tanto a mi mamá como a mis hermanas, pero, en realidad, la familia Abed se constituye en tres. ¡No puedo solo con tanta responsabilidad!”, enfatiza Shadi Abed (Gaza, 1991).
Los asesinatos y la crueldad quedaron a 12 mil kilómetros de distancia, aunque también es cierto que varios seres queridos suyos continúan en Palestina. Diario, desde México, la familia Abed mira noticias acerca del genocidio inacabable, ése que ninguna autoridad mundial frena. Por si esto fuera poco, Shadi Abed denuncia la siguiente situación ocurrida en la Casa Refugiados Ceahpaz, y señala a Miguel Solórzano, trabajador de ese lugar:
Limitan alimentos
–En redes sociales continuamente invitan a la familia Abed para asistir a lugares donde se recaudan fondos con la intención de ayudarnos. Muchos colectivos en México se solidarizan con las víctimas del genocidio. Entonces, nosotros cocinamos alimentos para venderlos en algunos eventos. Y en el refugio nos dicen: “no pueden utilizar la cocina… únicamente este espacio es para preparar desayunos y comidas de quienes aquí viven”. Además, afirman que nos ayudan porque entregan víveres. Es mentira. Mi familia entró al albergue el 25 de mayo de 2025, pero sólo durante un mes nos dieron insumos alimenticios. Imagínate, uno de mis hermanos tiene cinco hijos y le dan dos jitomates y un pepino… ¡perdón, pero eso no es ayuda!
–Si se cumpliera esta amenaza, ¿actualmente existe una posibilidad tangible de hallar una vivienda para habitarla?
–No hay a dónde ir. Esta persona molesta a mi familia. La verdad el sacerdote encargado del lugar no sabe que Miguel Solórzano está trabajando mal. Llega mucho apoyo al refugio y no se reporta nada.
–¿La familia Abed ha recibido ropa donada al refugio?
–No. La ropa que llegó a nosotros ha sido mediante redes sociales, pero no a través de Casa Refugiados Ceahpaz. Hay alimento que entra al lugar, papas y cebollas, ¡pero se echa a perder y lo tiran a la basura!
“En el refugio sentimos una guerra. Por ejemplo: les encienden el calentador a otras personas para poder bañarse, pero esto no pasa con la familia Abed”, denuncia el hombre palestino y asegura que su familia en dicho lugar paga 2 mil 500 pesos mensuales por el gas que utilizan para cocinar.
–¿Se bañan con agua fría?
–Sí. En serio. Se supone que este espacio es para ayudar a la gente… Varias veces mis hermanos me han dicho: “Miguel quiere corrernos… Están asustando a la familia…” Si únicamente quieren molestarlos, entonces mejor que regresen a Palestina… aunque sé que la gente en México no aceptaría eso. No es justo lo que nos hacen en el refugio. Mira, mi hermano Fadi sólo quiere trabajar; sin embargo, sus ingresos todavía no alcanzan para pagar la renta de una vivienda, pues en México son muy costosas. Pero en el refugio no entienden eso… tampoco comprenden que él llegó del genocidio. ¿Aun así quieren molestarlo? ¡No es justo!
“Quien desee apoyarnos que venga a ver el refugio y se entere de lo que sucede con nosotros en este lugar. Mi familia no quiere problemas con nadie. Miguel Solórzano miente al decir que un familiar suyo recibió gritos de mi hermano Fadi. Es mentira. Quiere correrlo del lugar y busca un pretexto para lograrlo. A él hace un mes le dijo: ‘¡te voy a sacar de aquí!’ Si yo no estuviera como el único Abed que habla español, sé que ya los hubieran echado afuera. Siento que nuestros niños están demasiado dañados; sin embargo, en el refugio no los dejan jugar porque, según dicen, hacen mucho ruido y rompen cosas. Los pequeños quieren jugar y gritar porque son eso: niños. Solamente quieren molestarnos. No entiendo por qué. Luego del primer mes en que la familia llegó al refugio, allí cambiaron con nosotros.”











