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Reflexiones sobre 2025: un llamado a la participación
E

sta es la primera publicación de 2026, y he de reconocer que me invaden sentimientos como la nostalgia por un año más y la preocupación por temas pendientes y que estoy convencido seguirán siendo situaciones críticas a lo largo de los siguientes meses.

En particular, la situación de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump ha tenido repercusiones directas en México, complicando las relaciones bilaterales de manera inédita. Amenazas puntuales de invasión, operaciones contra el narcotráfico y narcoterrorismo aranceles persistentes y la deuda hídrica han convertido la relación en un punto de inestabilidad, mientras que en el ámbito global, guerras, avances tecnológicos y levantamientos juveniles pintan un cuadro de incertidumbre. En medio de este caos, surge la necesidad imperiosa de tomar definiciones profundas en la relación bilateral además de cultivar la unidad nacional con respeto, amor al prójimo y empatía como antídotos a la erosión social.

Comencemos por el eje México-Estados Unidos, que ha dominado las noticias regionales. Trump, fiel a su retórica agresiva, ha reiterado en múltiples ocasiones su disposición a intervenir en territorio mexicano si no se controla el flujo de drogas y si no se ataca seriamente a las organizaciones criminales. En discursos y ruedas de prensa, ha declarado que “no dudaría” en lanzar operaciones militares unilaterales contra cárteles del narcotráfico, argumentando que representan una amenaza directa a la seguridad nacional estadunidense.

Estas declaraciones han escalado las tensiones, con despliegues de tropas en la frontera sur que han sido interpretados como provocaciones. A esto se suman los aranceles persistentes sobre importaciones mexicanas, impuestos bajo el pretexto de desequilibrios comerciales, que han afectado industrias como la automotriz y la agrícola, el acero y el alumnio, generando pérdidas millonarias y desempleo en ambos lados.

El panorama se complica aún más con la deuda hídrica: México ha luchado por cumplir con los tratados del Río Colorado y el Río Bravo, exacerbados por sequías prolongadas. En 2025, disputas diplomáticas han llegado a instancias internacionales, con Washington exigiendo compensaciones que México considera poco justas, amenazando con represalias hídricas que podrían devastar el norte del país. Esta situación no sólo es económica, sino humanitaria, afectando comunidades enteras y alimentando un resentimiento mutuo que erosiona décadas de cooperación.

Extendiendo la mirada, las acciones de Trump han reverberado en América Latina. El despliegue de armamento naval cerca de Venezuela, justificado como una medida contra el narcoterrorismo, ha incrementado las tensiones con Colombia, Cuba y hasta China. Este año también ha visto el resurgimiento de la derecha en diversas naciones, apoyada explícitamente por Trump: desde victorias electorales en Argentina, Ecuador y Brasil hasta coaliciones en Europa del Este, donde líderes han emulado su modelo de nacionalismo y proteccionismo.

En el plano internacional, las guerras han continuado su devastación; el conflicto entre Ucrania y Rusia entró en su cuarto año y ha dejado a miles de civiles desplazados y una crisis energética global que ha elevado precios de combustibles. Paralelamente, la guerra entre Israel y Gaza ha alcanzado niveles de destrucción sin precedentes, con bombardeos que han dejado lugares enteros en ruinas y una crisis humanitaria que afecta a millones, exacerbada por bloqueos y escasez de ayuda.

Los eventos climáticos han agravado estas crisis. En México, huracanes intensos en el Pacífico y sequías en el centro han desplazado poblaciones y destruido cultivos, sumándose a inundaciones globales en Asia y Europa que han incrementado la migración forzada. El cambio climático, con temperaturas récord y fenómenos extremos, se ha vuelto una situación crítica, pero la atención internacional parece insuficiente: cumbres como la COP30 han terminado en promesas vacías, priorizando intereses económicos sobre acciones concretas, lo que ha profundizado desigualdades en países vulnerables.

Otro tema preocupante es la violencia contra las religiones, destacando la católica. En Nigeria, Libia y Yemen, ataques a iglesias y sacerdotes han aumentado, motivados por extremismos y conflictos étnicos, dejando cientos de víctimas. México no queda exento: el asesinato de clérigos en estados como Guerrero y Michoacán ha crecido, ligado al crimen organizado, convirtiendo la fe en un blanco de intolerancia que amenaza la cohesión social.

En paralelo, la generación z ha emergido como fuerza transformadora. Levantamientos en Asia, África y América Latina contra la corrupción y la desigualdad han derrocado líderes en Nepal y Madagascar, con protestas virales que demuestran el poder juvenil en redes sociales, demandando justicia y equidad.

En este contexto, la reflexión central debe girar en torno a la importancia de trabajar con respeto, amor al prójimo y cultivar la empatía. En sociedades en crisis, la empatía fomenta resiliencia; debemos educar desde la infancia, promoviendo interacciones interculturales y servicio comunitario para construir puentes en lugar de muros.

Es crucial trabajar en ámbitos personales, fortaleciendo valores como la honestidad y la solidaridad, antes de involucrarnos en temas sociales y políticos. Hoy se necesitan líderes empáticos, capaces de priorizar el bien común sobre intereses propios, guiando naciones hacia la reconciliación.

Muchas gracias querido lector, por dedicarle un poco de tu tiempo a mis comentarios.

Seguiremos presentes en 2026 ¡Buen y bendecido año!

* Consultor en temas de seguridad,inteligencia, educación, religión,justicia y política.