los señores del llanto fácil, para poder tener una interlocución consistente sobre hechos recientes, antes habría que preguntarles, ¿por lo menos saben dónde está Cuba?
Les diremos: sus lazos históricos de amistad con México se han construido a lo largo de más de cinco siglos sobre bases políticas, diplomáticas, culturales y económicas, son plenamente confiables.
Esos vínculos son excepcionales en América Latina por su continuidad, incluso en contextos internacionales adversos. Cuba nos es dentro de la fraternidad latinoamericana, el pueblo con quien más vínculos afectivos hemos sostenido, es primus inter pares.
Veamos, de la Cuba histórica llegó todo aquello con origen transatlántico, incluidos esclavos negros, que influyó en la conformación de nuestros perfiles culturales y sociales. La isla fue una especie de escala de todo aquello que desde ultramar tenía como destino a nuestro país.
Con ningún país hemos sostenido 500 años de relaciones tan satisfactorias. Lo destinado a México, entonces Nueva España, siempre pasó por Cuba, especialmente las corrientes humanas, políticas, culturales y económicas.
Desde el siglo XIX, México fue un referente para los movimientos independentistas cubanos. Intelectuales y patriotas cubanos, como José Martí, encontraron en México un espacio de refugio, organización y proyección política durante su lucha contra el dominio español. Martí vivió en México y mantuvo un íntimo entendimiento con círculos liberales mexicanos.
Años antes, 1858, Benito Juárez, acompañado de Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, León Guzmán, Santos Degollado y otros liberales, estuvo en la isla durante su viaje Manzanillo-Panamá-Habana, con destino al puerto de Nueva Orleans en plan de refugiado.
Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, México desempeñó un papel único en el hemisferio occidental, fue el único país latinoamericano que no rompió relaciones diplomáticas con Cuba luego de la expulsión de la isla de la OEA en 1962.
Defendió tanto como hoy el principio de no intervención y libre autodeterminación de los pueblos, pilares de nuestra política exterior. Mantuvo canales diplomáticos abiertos incluso durante los momentos más tensos de la guerra fría. Este posicionamiento consolidó una relación basada en el respeto mutuo y la soberanía.
Con la Revolución Cubana la relación fue no sólo de respeto si no que, de apoyo. Fuimos el país donde se organizó su movimiento revolucionario. En México se adiestraron sus rebeldes y de Tuxpan, Veracruz, zarpó el yate Granma en 1956 conduciéndolos hacia playas de su terruño. Cuba siempre reconoció el papel factual de México en el proceso revolucionario cubano.
En la relación contemporánea, los lazos se han mantenido pese a cambios de gobierno en ambos países, como el “comes y te vas” de Fox a Castro. México ha reiterado su rechazo al bloqueo económico contra Cuba, ha impulsado el diálogo regional y la cooperación multilateral.
Esa amistad tiene significado estratégico, trasciende lo diplomático: representa una definición histórica basada en principios, no en coyunturas. Simboliza la defensa latinoamericana de la soberanía, la dignidad nacional y el respeto entre estados. Es un referente de política exterior independiente en la región.
Esta concurrencia ha sido un instrumento clave de la política exterior mexicana, orientado a la cooperación regional, la estabilidad política y el desarrollo económico, especialmente en un contexto de crisis energética y conflictos en Centroamérica durante los años ochenta.
En síntesis, los lazos entre México y Cuba son el resultado de una historia compartida, afinidades ideológicas en momentos claves y una relación diplomática excepcionalmente estable en América Latina.
Entonces, ¿de dónde salen esas voces lacrimosas que descalifican nuestra solidaridad con la isla? En su ignorancia o dogmatismo colocan en la misma balanza a 500 años de concordia vs el valor comercial de tanqueros de petróleo.
Su ignorancia los lleva a colocar en el mismo sitial de Cuba a Maduro y Ortega. En su juicio romo confunden los valores centenarios como son los que nos vinculan a la isla con aquellos que a diario sostenemos con casi una treintena de países latinoamericanos y caribeños igualmente respetados.
Hemos dado muestras de hermandad en momentos de crisis políticas a Argentina, Chile y otros países hermanos. Un ejemplo más de nuestra amplitud de miras afectivas fue mediante instrumentos como el Acuerdo de San José en 1980, en el que pactamos con países como Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, República Dominicana y Jamaica, abastecerlos con petróleo a precios reducidos, plazos amplios con pago y financiamientos suaves durante la crisis mundial del producto.
Entonces, de dónde habría de salir un sentimiento egoísta. Nuestra patria es generosa. justa y solidaria. Nuestra vocación universal y más la dedicada a nuestros amigos continentales, nos pone a salvo de críticas miserables. Esa verdad deja sin aliento a quienes, antes de opinar, se recomendaría estudiar historia.
NOTA CIUDADANA: señor almirante Rafael Ojeda, secretario de Marina, tío de sus sobrinos y constructor del Ferrocarril Transoceánico, ¿por qué no ha renunciado?, ¡un poco de dignidad!











