Tensiones constantes con el PAN y MC han causado que el proyecto vaya perdiendo su esencia y propósito
Viernes 2 de enero de 2026, p. 3
Guadalajara, Jal., El Tianguis Cultural de Guadalajara cumplió 30 años de ser espacio de referencia para las identidades urbanas y la autogestión en el occidente de México, que se manifiesta cada sábado a pesar del desdén de las autoridades municipales.
El proyecto empezó actividades el 9 de diciembre de 1995 en la plaza José Rolón, en el centro de la capital jalisciense, por iniciativa de promotores independientes y estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara, entre ellos Antonio Robles, Miguel Palacios y David de Anda.
La trayectoria del colectivo registra un crecimiento exponencial desde su fundación, pues la cifra de expositores pasó de 18 integrantes en la primera jornada a cerca de 200 en sus primeros dos años de labor, cuando ocurrió el desalojo y migración, primero, hacia la plaza El Refugio por un breve tiempo y, desde hace 27 años, a su sede actual en plaza Juárez, junto al parque Agua Azul.
El corazón del tianguis sigue siendo el comercio, pero manifestado en el espíritu de la venta de libros usados, vinilos, pinturas, instrumentos musicales y ropa, bajo el constante asedio <<de gobiernos municipales que insisten en tratarlo como cualquier mercado, pese a su vocación cultural.
En una ciudad conservadora, el Tianguis Cultural de Guadalajara “abrió espacio a la libertad de expresión y de asociación; apoyó el movimiento zapatista, dimos entrada a las críticas al gobierno, al respeto a los derechos humanos, a la diversidad y a la autonomía de las comunidades indígenas”, recuerda David de Anda.
“Realizamos conciertos con trovadores y grupos de rock, desde el primer día. Fuimos pioneros porque nos adelantamos a lo que el Chopo haría después. Hacíamos presentaciones de libros, algo de teatro y performance”, afirma.
Como epicentro de expresiones urbanas, el tianguis asumió además un carácter de válvula social, de retroalimentación de grupos o personas que entonces estaban reprimidas porque eran perseguidas, “porque Guadalajara era una ciudad muy conservadora, y en esa época se perseguía a los jóvenes si había más de tres reunidos en la calle”.
En sus 30 años, el tianguis ha funcionado además como centro de difusión para colectivos ecologistas, víctimas de las explosiones del 22 de abril de 1992 y protestas contra el genocidio en Palestina, todo bajo un esquema de autogestión, ya que sus miembros financian los sistemas de sonido, la publicidad y la logística con recursos propios, sin depender del presupuesto público.
El sitio cuenta con un foro principal para música y uno multidisciplinario para talleres, exhibiciones de cómics y charlas, además de la extensa zona de venta.
Trabas municipales
La historia de este espacio cultural destaca por las tensiones constantes con las administraciones municipales de tinte conservador de los partidos Acción Nacional y Movimiento Ciudadano.
En sus inicios en la plaza José Rolón, a la par del éxito comercial creció el enojo del párroco de la contigua iglesia del Carmen, donde mucha clase pudiente de Guadalajara acostumbra casarse los sábados, y quien logró, con el apoyo del entonces alcalde panista Francisco Ramírez Acuña, que fueran echados en 1998.
El colectivo enfrentó una campaña mediática de descalificación y operativos de la fuerza pública para justificar el desalojo. Durante un incidente en ese periodo, la policía realizó arrestos de integrantes de la organización bajo acusaciones de posesión de sustancias ilícitas, que el colectivo calificó de montaje.
La intromisión institucional en el carácter cultural del espacio se agudizó en 2001 con la administración del también panista Fernando Garza.
El gobierno municipal impuso un reglamento que trasladó el control del tianguis de la Dirección de Cultura hacia la Dirección de Tianguis, medida que permitió la intervención de inspectores sin formación en el área –cuya función habitual era la regulación de mercados de productos alimenticios o vísceras– para supervisar un proyecto de promoción artística.
A pesar de los intentos posteriores por retomar normativas que reconozcan la naturaleza social del tianguis, el reglamento vigente se incumple de forma sistemática por las autoridades hasta la actualidad, cuando enfrenta retos por decisiones de los gobiernos emanados de MC.
Durante la gestión de Enrique Alfaro como alcalde (2015-2018), se normalizó que, contra el reglamento del tianguis, se permitiera la presencia de vendedores de alimentos y productos ajenos a la normativa cultural, quienes hoy tienen ya derechos adquiridos y será casi imposible echarlos.
Bajo la actual administración naranja de la alcaldesa Verónica Delgadillo, se ordenó el traslado de más de 500 vendedores procedentes del parque Revolución (en remodelación para el Mundial 2026) hacia la Plaza Juárez, sede del Tianguis Cultural, sin consenso con la asociación civil, que durante un año ha pedido, sin lograrlo, entrevistarse con el secretario general del ayuntamiento, el ex panista José Manuel Romo.
El colectivo señala un “desprecio de los funcionarios actuales y la ausencia de mesas de diálogo para ordenar el espacio”, luego de que de los 500 puestos que existen ahora sólo 60 por ciento conserva su esencia cultural.











