Opinión
Ver día anteriorMartes 21 de abril de 2026Ediciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
 
Tumbando caña

El legado musical de Willie Colón

U

na de las facetas poco exploradas y analizadas en la obra musical de Willie Colón es la relación salsa-literatura. Ningún análisis sobre su arquitectura musical estaría completo sin abordar esta particularidad: la capacidad que tuvo para producir y arreglar los relatos de sus canciones y tornarlos en historias paralelas.

Willie no fue un músico de barrio que sólo leyó un par de libros. Fue un lector voraz que consumió mucha literatura y tal experiencia la conjugó en sus producciones musicales. Era como hacer música para cine porque él veía las canciones como cuadros escénicos a los que había que procurarles un contexto musical.

Y eso lo podemos escuchar en temas como Pedro Navaja, de Rubén Blades (basada en Mack the Knife) para el que creó una atmósfera sonora cinematográfica. Escuchen tan sólo la introducción con las sirenas de policía ululando, las tumbadoras en tempo andante que marca los pasos en la acera y un bajo ominoso. Ese nivel de storytelling detallado, donde se narra la vestimenta del criminal (diente de oro, sombrero de ala ancha, zapatos de estilo) y la coreografía de un asesinato en un callejón oscuro, es como ver la escena inicial de una película de Scorsese.

Lo mismo pasa con El gran varón. Cuenta Omar Alfano (el autor) que le llevó el tema en guitarra y voz. Willie lo escuchó y vio el potencial de novela corta y la rescribió sin tocar el texto. “Esto no es balada, es Crónica de una muerte anunciada”, dijo en referencia a lo esctrito por Gabriel García Márquez.

Willie leyó Rayuela, de Julio Cortazar, y de esa lectura sacó la idea de una estructura no lineal en su narrativa musical: “Cortázar me enseñó que puedes partir la historia en dos y eso aplica aunque la letra sea ajena”. Por eso, cuando Willie te pone a bailar una tragedia, como la de la jibarita en Voló, el cuerpo va en clave y la cabeza en luto. Esa contradicción es el “tablero” de Rayuela.

De Nicolás Guillén, el poeta cubano del Son entero, aprendió que la poesía negra se puede cantar sin perder filo. La Murga de Panamá y Pasé la noche fumando beben directamente de las aventuras de José Ramón Cantaliso.

De Albert Camus tradujo en música el fatalismo de El extranjero y lo aplicó en Te conozco Bacalao y El día de mi suerte.

Cien años de soledad, de García Márquez, le voló la cabeza, y cuando Tite Curet Alonso le presentó Juanito Alimaña, pensó en un personaje arquetípico de Macondo, pero en el Bronx. El propio Curtet Alonso quedó sorprendido por ese “realismo mágico” en clave de salsa.  

Willie se hizo lector por su abuela Toñita, maestra de primaria en el Bronx, quien, desde muy niño, lo obligó a leer. “Ella me metió a Dickens, Melville, Defoe, Cervantes, Bécquer… y la Biblia. Y me dijo lo más importante: ‘un libro vale más que una pistola’”. Por eso su salsa siempre tiene moraleja, no es sólo vacilón.

Willie no leía de corrido. Subrayaba, arrancaba frases, las pegaba en la pared para tener el texto a la vista. Héctor Lavoe se burlaba de él: “este cabrón quiere meter la biblioteca en un 45”. De ese ejercicio salieron títulos como Asalto navideño, que musicalmente lo resume como un cuento decembrino borinqueño, o Lo mato, donde los trombones suenan como titular de nota roja.

Cuando agarraba el bossa o flamenco, leía antes de hacer la música. Para Oh, ¿qué será?, de Chico Buarque, leyó el libro Agua viva de Clarice Lispector. En él encontró deseo, muerte, vida, todo lo indefinible. “No es literatura”, dijo. “Es flujo de conciencia”.

Igual con Gitana, antes de todo estudió a Federico García Lorca y el Romancero gitano. Gitana lo grabó José Manuel Ortega Heredia Manzanita en 1982 y a él se lo presentaron en una gira por España. Al escucharlo descubrió que en una parte de la canción se había incluido la “Rima 38” del libro de poemas Rimas y leyendas del poeta sevillano. Colón pensó que ese verso no sería un adorno culto, sino el corazón del tema. Por eso inicia con un clarinete lánguido, fraseando un quejío gitano; incorpora palmas y cajón flamenco y lo impregna todo con energía salsera. Eso sí, respetando el origen de la canción.

Creó discos conceptuales como el Baquiné de los angelitos negros, Crime Pays, Fantasmas y Corazón guerrero, entre otros, que son libros musicales con prólogo, desarrollo, y desenlace. Él mismo dijo: “yo no hago discos, yo hago novelas de 40 minutos”.

Por eso cada álbum y cada tema musical de Willie Colón es diferente. Él entendió que la aplicación de su experiencia lectora-literaria aplicada a su arquitectura tonal ayudaría a que entendiéramos un ejercicio musical más allá de la pista y el baile, sin afectar el discurso del texto ajeno, igual que un director de cine que agarra Hamlet y lo hace suyo sin cambiar a Shakespeare.