Advierten sobre la falta de políticas públicas de prevención de enfermedades y la proliferación de asilos clandestinos
Lunes 13 de abril de 2026, p. 26
Puebla, Pue., El envejecimiento de la población en Puebla, específicamente en la capital, mantiene una tendencia que, de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Población (Conapo), llevará a que 21 por ciento de los habitantes de la entidad sean mayores de 60 años para 2050, lo que equivale a un millón 610 mil 700 adultos mayores.
Esta situación no está acompañada de políticas públicas ni programas que prevengan enfermedades degenerativas y privativas de la autonomía de los adultos mayores, lo que hoy conduce a la aparición sin control y sin un censo claro de asilos o casas de estancia que no cumplen con las normas oficiales mexicanas.
En entrevista para La Jornada de Oriente, Alicia Cisneros Gómez, médica especialista en geriatría, explicó que los cuidados de los adultos mayores se ven actualmente como un negocio, visión que ha derivado en la creación de centenares de asilos o casas de estancia en varias partes de la capital, y que de primera mano ha podido documentar en la zona de San Manuel.
Consideró que esta realidad surge porque “uno tiene que trabajar, y entonces dice: ¿dónde lo dejo (al adulto mayor)? Pues en una estancia de día, o en un asilo. Y así, tal cual, son lugares que ni siquiera tenemos idea realmente de cuántos son, porque aparecen y desaparecen y no están regidos por médicos especialistas; es un gran problema”.
En julio de 2025, el ayuntamiento de Puebla reconoció que existían sólo 16 asilos o casas de estancia regulados y con permisos; sin embargo, en sesión de cabildo también se identificó que no había un dato certero de cuántas estancias clandestinas o contiguas a clínicas reguladas existen. Es decir, algunas clínicas que ofrecen otros servicios médicos regulados también tienen una parte clandestina de cuidados a personas de edad avanzada.
Escasez de geriatras
La capacidad institucional resulta insuficiente: en la capital poblana hay apenas 35 especialistas en geriatría certificados por el Instituto Nacional de Geriatría. Esto significa que, para una población de más de 220 mil adultos mayores en la zona metropolitana, la proporción es de un especialista por casi 7 mil personas de 60 años o más, una brecha que refleja el rezago estructural en la atención médica especializada
La escasez de especialistas se agrava con la falta de capacitación adecuada en el primer nivel de atención. Muchos médicos generales o gerontólogos no tiene la formación suficiente para atender enfermedades complejas propias del envejecimiento, detalló Cisneros.
Esta carencia impacta directamente en la calidad de vida de los pacientes, quienes envejecen con enfermedades crónico-degenerativas como diabetes, hipertensión, padecimientos tiroideos o afecciones articulares. Estas condiciones, combinadas con la ausencia de una cultura de prevención, generan un deterioro progresivo que, en muchos casos, deriva en una dependencia total, dijo.
Las cifras oficiales del Inegi confirman esta tendencia. En 2024, en Puebla hubo 42 mil 344 defunciones, de las cuales 63 por ciento se concentraron en cinco causas principales: enfermedades del corazón, diabetes mellitus, tumores malignos, enfermedades del hígado y enfermedades cerebrovasculares.
A ello se suma un subregistro importante de padecimientos neurodegenerativos. Para septiembre de 2025, la Secretaría de Salud estatal solo tenía documentados 26 casos de alzhéimer, una cifra que Cisneros considera que no refleja la magnitud de la realidad.
“Los deterioros cognitivos están ligados a factores como obesidad, eventos cerebrovasculares o dislipidemias, pero no se están registrando adecuadamente”, precisó.
El impacto económico de envejecer es otro de los puntos críticos. Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), el ingreso trimestral promedio de los adultos mayores en Puebla es de 10 mil 513 pesos, es decir, poco más de 3 mil 500 pesos mensuales.
Esta cifra contrasta con los costos de atención que, de acuerdo con la doctora Cisneros, pueden alcanzar entre 20 mil y 35 mil pesos mensuales cuando el paciente pierde autonomía, pues implica desde medicamentos hasta pañales, camas especiales o atención 24 horas.
En la capital poblana existen apenas dos centros públicos conocidos como Casas del Abue, los cuales, según la especialista, sí han demostrado ser funcionales, pero con una limitante clara: sólo atienden a adultos mayores que aún conservan su autonomía.
En contraste, los asilos de asistencia, como los de organizaciones civiles, reciben a personas que ya han perdido esa autonomía. En estos espacios, la atención se enfoca más en cuidados básicos que en rehabilitación o prevención.
Mujeres de más de 50 años, a cargo de los cuidados
El cuidado de los adultos mayores recae principalmente en las familias, y dentro de ellas, en mujeres mayores de 50 años.
“Son mujeres de alrededor de 52 años quienes asumen el rol de cuidadoras. Es un fenómeno nacional y mundial”, señaló.
Lo anterior también contrasta con la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo del Inegi, los cuidados de adultos mayores en el país son asumidos en 86.9 por ciento por integrantes mujeres de las familias, que dedican entre 15 a 40 horas semanales a esta labor.
Esta carga implica no sólo desgaste físico, sino también emocional y económico. Muchas cuidadoras combinan jornadas laborales con el cuidado de familiares, lo que incrementa el riesgo de colapso.
“El agotamiento puede llevar a situaciones de maltrato. Es un problema estructural que no se está ni viendo ni atendiendo”, advierte.
Para la especialista, el problema de fondo es la ausencia de una política de Estado enfocada en la prevención desde etapas tempranas de la vida. “El envejecimiento debe trabajarse desde la infancia. Si no se hace, el sistema de salud va a colapsar”, advierte.
A pesar de que hay instituciones federales enfocadas en geriatría, considera que los esfuerzos son insuficientes y carecen de articulación real.












