En el marco de la llegada del convoy Nuestra América a Cuba, el luchador social aborda en exclusiva con La Jornada la polémica por el retraso de las embarcaciones y las motivaciones de quienes se han volcado para ayudar a la isla ante “el asedio cínico y genocida” del presidente Donald Trump
Lunes 30 de marzo de 2026, p. 10
La Habana., La llegada a la isla de los veleros Friendship y Tigermoth fue una fiesta. Después de la incertidumbre sobre su paradero que rodeó el tramo final de su travesía, los viajeros entraron a la bahía escoltados por la embarcación Prácticos, del puerto de La Habana.
Zarparon de Isla Mujeres, Quintana Roo, el pasado 20 de marzo. Sin embargo, deficiencias en la comunicación y condiciones meteorológicas (entre otras, navegar con el viento en contra) provocaron el retraso y activaron los protocolos de emergencia por parte de autoridades mexicanas y cubanas.
En un mensaje en X, el presidente Miguel Díaz-Canel expresó: “Al fin en Cuba estos veleros del convoy Nuestra América, que nos tenían pendientes del tiempo, del horizonte, de la más mínima comunicación sobre sus trayectorias.
“Al fin en Cuba, con su carga solidaria de recursos necesarios, pero, sobre todo, con su carga de amor en defensa de las causas justas.
“Una niña de tres años es la más joven tripulante de esta expedición que ha llegado a La Habana para recordarnos que Cuba no está sola.”
En la nave surcaron la mar nueve personas de diversas nacionalidades: México, Francia, Estados Unidos y Polonia. Transportaron suministros médicos, alimentos y paneles solares.
Adnaan Stumo explicó las causas del retraso: “Tuvimos que elegir una ruta más larga para mantener la seguridad de los barcos y los tripulantes (…) Nunca estuvimos en peligro”. Y el motivo de la iniciativa: “Venimos a decir que no vamos a permitir que el imperio estadunidense ahogue al pueblo cubano”.
En el mitin de bienvenida, el coordinador de los Comités de Defensa de la Revolución, Gerardo Hernández, señaló que a lo largo de los días sin comunicación hubo inquietud: “Los mismos odiadores contra la revolución estaban deseando que no aparecieran para poder acusar a Cuba”.
Pero se quedaron con las ganas de que hubiera una tragedia. El convoy fue parte de una variopinta red de iniciativas solidarias con la isla. En entrevista exclusiva con La Jornada, Joel Suárez, figura medular en el tejido invisible de esta red de cooperación, explica quiénes son los cooperantes y por qué hacen lo que hacen.
El ingeniero Suárez es hijo del reverendo Raúl Suárez, un personaje clave (como el mismo Joel), en el diálogo y encuentro ente cristianismo y socialismo en Cuba. Es cofundador del Centro Memorial Martin Luther King y durante muchos años fue su coordinador. A continuación, parte de la conversación con este diario.
Los que apoyan tienen afinidad con la revolución
–Estos días ha estado llegando a Cuba apoyo proveniente de distintos países. ¿Cómo se recibe esta solidaridad? La derecha afirma que son “tontos útiles”. ¿Cuál es tu opinión?
–Aquí nadie vino por tonto. Siempre hay turismo político, pero aquí vino gente que está motivada por profundos sentimientos de amor y solidaridad, que es el nombre político que tiene el amor.
“Hay que ubicar de dónde nace esa solidaridad. Proviene de gente que, por afinidad electiva, tiene simpatía con el proyecto de la revolución y se opone al coraje de la disidencia cubana y su cercanía con el imperio y el gobierno de Estados Unidos. Son parte de un campo en el que hay opiniones diversas sobre Cuba, y en el que converge gente que piensa que somos el cielo y cuestionan a quienes aseguran que esto es el infierno.
“Pero no somos ni cielo ni infierno. Este es el país que nos hemos podido dar y que hemos construido en condiciones muy adversas. En esa solidaridad hay mucha gente de buena voluntad que compara, con todas las diferencias del caso, lo que está sucediendo en Gaza con Cuba: una política de genocidio que usa los alimentos, el hambre, la energía como armas de guerra, y recrudece el cerco sobre el país.
“Esa gente dice: dejen a los cubanos hacer lo que les dé la gana. Si se quieren ir para el infierno o para el cielo, que sean ellos los que lo hagan. Han venido motivados por ese sentimiento de comprensión a la soberanía y a la difícil situación que estamos viviendo. Hay otro campo de gente que ha venido porque siente inmensas deudas de gratitud. Cuba anda por el mundo no repartiendo lo que le sobra, sino lo poco que tenemos”.
–¿Quiénes son esos cooperantes?
–Aquí me encontré gente que vino porque son padres de muchachos que se hicieron médicos en Cuba. Gente que vino porque en su territorio, brigadas médicas cubanas asistieron a la población ante desastres naturales. Gente de Centroamérica que fue apoyada por los cubanos en los días remotos del huracán Mitch. Me topé con italianos de regiones como Calabria donde, a pesar del embate de Estados Unidos, 400 médicos de la isla siguen atendiendo enfermos y cuidando la salud. Vinieron africanos que conocen la larga historia de la contribución de Cuba a los procesos de liberación nacional en África, a la independencia de Namibia, de Angola.
“Vinieron integrantes de plataformas y redes organizadas a nivel regional y global. La prioridad de la articulación de ALBA Movimientos es la solidaridad con Cuba. People’s Forum de Estados Unidos trajo una delegación de 40 jóvenes. Tienen una campaña en Estados Unidos para comprar paneles solares. A la solidaridad hay que ponerle cuerpo y una dimensión material.
Estrategia de sostenibilidad, más que de paliativos
–¿Qué tipo de solidaridad se está dando?
–Estamos buscando que esta ayuda solidaria se conecte con estrategias que no sólo sean un paliativo a la situación actual, sino que tengan algún nivel de contribución de más sostenibilidad. Los paneles solares, junto con las estrategias que se están desplegando desde nuestro ministerio de Energía y Minas, pretenden poner energía a centros asistenciales, servicios públicos, bancos y, sobre todo, a las fuentes de abasto de agua.
“Otra contribución importante es la sanitaria. Donan tanto medicinas generales como más especializadas, como suplementos médicos para terapias. Buscan reanimar un poco el sistema quirúrgico en el país. Hay cientos de niños esperando por operaciones. Hay grupos que han practicado una solidaridad más sostenida a lo largo de los años, por ejemplo, con la oncología.
“Es importante conectar este acompañamiento con apoyo material a nuestras organizaciones en Cuba. Las contribuciones de varias contrapartes del Centro en Estados Unidos, Europa y Colombia se mandan a zonas rurales de Guantánamo, donde tenemos gente organizada en experiencias de transformación social. Estas experiencias están en proceso de planeación estratégica a partir de diagnósticos participativos que hicieron con la población”.
–O sea, ¿es un apoyo que no pasa por el Estado?
–La solidaridad en Cuba tiene canales disímiles. Iglesias, vecinos que traen una maleta a sus vecinos y el vecino la reparte entre sus amigos, la familia y el médico familiar. El Centro Martin Luther King, como una asociación legalmente establecida, tiene los mecanismos y garantías legales de importación propia de contenedores. No sólo para esta situación del asedio energético, sino desde los días de la pandemia, o ante desastres naturales, sobre todo huracanes. Tenemos un área que moviliza la solidaridad internacional permanentemente para enfrentar situaciones de emergencia y este asedio cínico, genocida, de Trump y el gobierno de Estados Unidos.
–¿Cómo ve la sociedad cubana esa solidaridad? ¿Como migajas o tiene otro significado?
–Hay de todo, como en botica. Mucha gente trae donaciones y no lo divulga. En general, hay respeto a la dignidad de los cubanos, que se ha forjado frente al imperio, por lo que no van a titubear o lacerarse con alguna caridad con la que se quiera hacer publicidad. La gente lo agradece. Se pone ansiosa, dice: “¿Dónde está? No ha llegado”.
“La ayuda que está mandando el gobierno mexicano, que es voluminosa, sustantiva, se distribuye por los sistemas de distribución del ministerio de la Industria Alimentaria y el de Comercio Interior, y llega a las bodegas de manera racionada, gratuitamente. La gente la agradece.
“Es una situación dramática, pero somos agradecidos. La solidaridad es un valor que persiste. Lo que caracteriza la nueva situación son las redes de solidaridad que operan en comunidades, barrios, instituciones, gente de la sociedad civil, de la agenda gubernamental.
“Igual, no debemos olvidar que la problemática está marcada por un contexto global de un avance feroz de la derecha, con una avalancha de un proceso de hegemonía, dominación y homogenización cultural del imperialismo”.











