El libro de Tatsumi Hijikata es clave para comprender la dimensión poética e imaginaria del butoh
Lunes 30 de marzo de 2026, p. 5
El libro de Tatsumi Hijikata (1928-1986) Yameru maihime (Danzarina enfermiza), a menudo referido como un Butoh de palabras, “es un compendio de lo que observaba sobre la gente, la naturaleza y muchas cosas que lo rodeaban, sólo que con un estilo único y pleno de sensaciones y recursos lingüísticos muy originales”.
Así lo explica en la introducción de la publicación el maestro Takashi Morishita, encargado del Archivo Tatsumi Hijikata en el Centro de Arte de la Universidad de Keio, quien como uno de los transcriptores del coreógrafo japonés, aportó valiosos testimonios sobre el origen de Yameru maihime.
La publicación bilingüe español-japonés, editada por EKO Casa de Cultura Japonesa, es el proyecto central de la primera edición del Festival de Danza Comunitaria Natsu Nakajima, el cual propone establecer un espacio anual de encuentro que vincule memoria, práctica escénica y formación en torno a la tradición del butoh.
Reconocido como un texto clave para comprender la dimensión poética e imaginaria del butoh, el libro tuvo una presentación escénica ayer en el Salón de Danza UNAM.
La acción performativa contó con la coreografía de Sakiko Yokoo y Espartaco Martínez. Asimismo, se presentó Gala Saito, hija mayor de Hijikata, quien compartió recuerdos personales y reflexiones sobre el proceso creativo y humano del fundador del butoh.
Palabras estacionales
Sakiko Yokoo, traductora del japonés al español del libro, apunta en el prólogo que no es una traducción íntegra, pues resultaba extremadamente difícil, así que se optó por ofrecer una versión abreviada que preservara en la medida de lo posible la visión del mundo de Tatsumi Hijikata.
“A partir del texto de Yameru maihime (Danzarina enfermiza, en español) se identificaron las palabras estacionales (kigo) que representan cada una de las cuatro estaciones del año. A continuación, se extrajeron los textos en torno a estas palabras para formar un total de 27 fragmentos. Aunque se encontró un número considerable de palabras estacionales, la selección se centró específicamente en los pasajes que se prestaban a la expresión corporal, es decir, los textos que se asemejaban al butoh-fu, la notación de butoh”, detalló la coreógrafa y traductora.
En la adaptación al español colaboró Espartaco Martínez, quien vivió en Japón durante años y estudió butoh bajo la enseñanza de Akaji Maro, de la compañía Dairakudakan.
En entrevista, Martínez comentó que “Hijikata era gran orador; de hecho, el maestro butoh provoca la escena más con discurso persuasivo que con mecánica, confunde y pone en aprietos a los estudiantes con retruécanos verbales tipo koans. El texto es un tipo de dramaturgia sátira, como cubista, incluso cuántica, uno oye la narrativa circular del butoh, sin principio ni fin”.
El también bailarín recordó: “Hijikata decía que el poder del butoh consiste en que son nuestros ancestros los que nos toman de la mano en nuestro caminar, así la danza es más que una disciplina, es un sinónimo de desafío con el destino”.
Nacido en la provincia de Akita, en la región Tohoku, en el noreste de Japón, Hijikata creció con el gidayu (narración de teatro tradicional) que hacía su padre.
“En esa región, el arte de narrar estaba ligado con el arte de engañar. Se valoraba a quienes sabían tejer historias con ambigüedades, entre la realidad y la ficción, atrapando los sentidos del público con una curiosidad insaciable, dudando si lo que escuchaban era verdad o no”, escribe Takashi Morishita en la introducción del libro.











