Imposible de rechazar
l hablar hace dos días ante los miembros de la Unión de Industriales y Empresarios de Rusia, una suerte de sindicato de los magnates más acaudalados del país, el presidente Vladimir Putin formuló una sugerencia que no es obligatoria, pero que tampoco se puede rechazar, habida cuenta del origen más que dudoso de las grandes fortunas de los rusos que aparecen en la lista de la revista Forbes.
El titular del Kremlin reiteró la recomendación que ya había hecho pública de utilizar las inesperadas ganancias que deja a las empresas rusas el cierre del estrecho de Ormuz para saldar parte de su deuda con los bancos del sector público y, además, propuso a los oligarcas donar lo que consideren oportuno para financiar la “operación militar especial” en Ucrania.
De ser cierto lo que filtraron a un medio digital ruso (La Campana) y a un diario británico (The Financial Times), dos asistentes a la reunión a puerta cerrada, sería la primera vez que el jefe del Ejecutivo ruso pasa la charola para poder sostener su ingente gasto militar. Hasta ahora, el dinero para la guerra salía del despilfarro de las reservas de los fondos de bienestar, de la venta de oro y del aumento significativo de impuestos. Seguir subiendo la carga fiscal que recae sobre la población podría provocar un estallido social, de igual manera que el Kremlin tiene dudas sobre decretar una movilización general para incrementar el número de efectivos en el frente.
Al pedir la colaboración de los potentados, Putin –así lo contó el presidente de su “sindicato”, Aleksandr Shojin– explicó que la guerra va a durar hasta que se “libere” la totalidad del Donbás, formado por las regiones de Donietsk y Lugansk, quedándose Rusia en el sitio donde su ejército esté en el frente (en Jersón y Zaporiyia, así como en la zona ocupada en las regiones colindantes con Rusia), cuando las tropas ucranias se retiren por completo del territorio que el Kremlin reclama como suyo.
Putin espera que el inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, cumpla su palabra de no otorgar garantías de seguridad a Ucrania si ésta no se retira por completo de Donietsk y Lugansk, lo que Kiev nunca va a aceptar sin sufrir una demoledora derrota militar, confiando en que el estadunidense lo diga sólo como forma de presión y en que Europa no lo deje colgado de la brocha.











