El Mundial: la narrativa contestataria bajo ataque
n México profundo, invisibilizado, despojado y expulsado camina en los bajopuentes, en los llanos y barrios de una ciudad que, lejos de ser parte de la fiesta mundialista, intenta sobrevivir a los estragos de un evento deportivo que, literalmente, atropella su supervivencia. Este sábado 28 de marzo será el ensayo: se reinaugura el estadio Azteca, ahora llamado Banorte, y empieza el laboratorio de la seguridad policiaca, la limpieza social, a quitar de las calles y avenidas lo que no se vea blanco, bonito y folclórico.
A pasos tan agigantados como torpes, se apresuraron a construir e inaugurar un jardín de lluvia junto al estadio Azteca, que, dicen, evitará inundaciones, pero los vecinos organizados aseguran que las decisiones del gobierno están desconectadas de sus necesidades. El tema central de su reclamo es la concesión del pozo de agua a Televisa, pero eso no lo tocan.
La intervención en las calles para visibilizar la indignación camina a ras del suelo. “Detrás de la Copa, las fosas”, dice uno de los murales. El tema surgió luego de que el colectivo Guerreros Buscadores halló en las inmediaciones del estadio Akron, en Zapopan, sede también del Mundial, más de 450 bolsas con osamentas. Esta imagen representa al México que recibirá a los equipos mundialistas, al país que ofrece una ciclopista para que pedaleen los turistas, mientras confirma el registro de 134 mil personas desaparecidas.
Las autoridades levantan su propio mural, uno apto para que las visitas se tomen la foto del recuerdo delante del único estadio que ha vivido tres mundiales. La narrativa contestataria bajo ataque. Se elimina lo que no se alinea y se retoman ideas y símbolos de culturas y movimientos.
La protesta se despliega. Ahí están el magisterio organizado, las madres de víctimas de feminicidio, las comunidades que defienden agua y territorio, los pueblos indígenas que cuestionan la folclorización de su existencia y el uso de sus culturas para representar lo que no son.
Las instalaciones y sus inmediaciones, las calles y el transporte serán hoy custodiados por decenas de miles de elementos de la fuerza pública. No habrá paso para la indignación. Dicen.











