Editorial
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Trump: mendacidad y especulación
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oras antes de que expirase su ultimátum sobre “aniquilar” las centrales eléctricas de Irán si en 48 horas ese país no permitía la libertad total de tránsito en el estrecho de Ormuz, el presidente estadunidense, Donald Trump, publicó en su red social que durante el fin de semana mantuvo “conversaciones muy buenas y productivas” con los gobernantes de la nación agredida para “una resolución completa y total de nuestras hostilidades en Medio Oriente”. También anunció que ordenó al Pentágono retrasar “por cinco días cualquier ataque militar contra plantas de electricidad e infraestructura energética iraní” a fin de permitir la continuidad de las pláticas.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán desmintió de inmediato la existencia de un diálogo en curso y aseguró que las declaraciones del magnate “se enmarcan en los esfuerzos por reducir los precios de la energía y ganar tiempo para implementar sus planes militares”. El desarrollo de los acontecimientos parece dar la razón a Teherán: lo dicho por Trump provocó un desplome de más de 10 por ciento en los precios del petróleo y reavivó las bolsas, deprimidas por los temores a que los ataques israelíes-estadunidenses tengan un impacto de largo plazo sobre la economía global. Estos efectos se borraron en buena medida tras el desmentido iraní. Asimismo, debe considerarse que, mientras Trump difundía el presunto aplazamiento de ataques contra infraestructura iraní, Israel avisaba que comenzó una ofensiva a gran escala contra dichos objetivos, y el jefe del Comando Central de Estados Unidos, el almirante Brad Cooper, instó a los civiles iraníes a “quedarse en casa” porque sus fuerzas bombardearán zonas pobladas.

Con todos estos datos, queda claro que el mandatario estadunidense usó la plataforma digital de su propiedad para difundir desinformación a sabiendas de que engañaba a sus gobernados y de que le sería imposible sostener la farsa. Pueden plantearse tres hipótesis plausibles para explicar semejante conducta: se trató de una maniobra de manipulación de mercados en la que él y sus allegados pudieron aprovechar las previsibles secuelas de sus anuncios para enriquecerse en el mercado bursátil, lo cual constituye el delito de insider trading (tráfico de información privilegiada); fue un intento de calmar a la opinión pública interna, frustrada por el alza drástica en los precios de los combustibles en momentos en que ya existía un malestar generalizado por el alto costo de la vida, o bien representó un ardid para hacer que los iraníes bajaran la guardia y facilitar las operaciones militares contra la república islámica, una engañifa en la que difícilmente caería Teherán. Tampoco puede descartarse que fuera una combinación de esos tres asuntos o todos ellos a la vez.

Más allá de sus motivaciones, el hecho es que Trump propinó un grave golpe a la credibilidad de la institución presidencial de Estados Unidos y volvió a demostrar a todos los estadunidenses que se encuentran gobernados por un mitómano que no asume ninguna responsabilidad por las consecuencias de sus invenciones ni de sus actos.