El músico, periodista y productor Alfredo Sánchez publica el volumen Ensayos sin género ni geografía
Martes 24 de marzo de 2026, p. 8
Alfredo Sánchez Gutiérrez (Ciudad de México, 1956) ha pasado su vida entre discos, cabinas, escenarios y textos. De ese cruce de oficios y obsesiones nació Música de fondo. Ensayos sin género ni geografía, libro donde la escucha deja de ser un acto íntimo para convertirse en memoria, biografía y una forma de contarse a sí mismo.
Residente en Guadalajara, Jalisco, desde 1970, el autor se define como una especie de “músico-periodista-productor”, síntesis de décadas entre el periodismo, la radio, la escritura y la música.
En entrevista explicó: “He tocado desde música medieval y renacentista, con Ars Antiqua, hasta rock, con El Personal. Fui director musical y arreglista de la cantante Jaramar y compartí escenario con rockeros como José Fors y Gerardo Enciso”.
Ahora se dedica a escribir ensayos, artículos y ficción. Sus recuerdos de escenarios y cabinas conviven con la escritura que sigue alimentando su curiosidad.
El libro, publicado por la Editorial Universidad de Guadalajara en la colección La Media Vuelta, no es un inventario de nombres ni un compendio erudito. En él conviven Beethoven, Mingus, Elvis Presley, Janis Joplin y José Alfredo Jiménez, entre otros, convocados por afinidades que no obedecen a géneros ni fronteras, sino a la historia personal de escucha de Sánchez Gutiérrez.
“He tenido contacto con muchos tipos de música, como escucha e intérprete”, señaló. Lo que une a estos creadores es que “han vivido de hacer música” y en esa necesidad de expresión encuentran un punto de partida común.
El texto parte de una frase provocadora: “Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura”. Alfredo Sánchez la definió como un juego retórico y paradoja: lo esencial de un arte es enfrentarse a él directamente, pero la palabra permite indagar, conectar y reconstruir experiencias.
“Para mí escuchar es disfrutar, es un placer, pero también puede ser conocimiento; indagar sobre quién hace la música y cómo me ha afectado personalmente ese encuentro con ella. La escritura no sustituye al sonido, sino que ayuda a aproximarse al arte más misterioso de todos”, indicó.
El proyecto editorial reúne materiales publicados a lo largo de décadas que –puntualizó el autor– formaban una especie de autobiografía parcial. “Me di cuenta de que había un mapa de mis gustos personales, mis obsesiones, mis intereses”.
Guía para espíritus afines
Su intención fue dejar una guía que encontrara ‘espíritus afines’, sin limitarse a recorrer trayectorias ajenas, sino también ofrecer educación sentimental nutrida por canciones, discos, lecturas y hallazgos.
Las secciones, Punto de oído, Invención espontánea, Encrucijadas, Legados y Encuentros cercanos, organizan esa diversidad musical sin rigidez. Incluyen reflexiones sobre el acto de escuchar, aproximaciones a músicos de jazz, retratos de artistas no anglosajones, presencias decisivas del rock y un tramo dedicado a creadores de México.
Algunos pasajes recuerdan un álbum familiar: el piano heredado que permaneció años en silencio hasta que un experto lo rescató, los domingos con Beethoven en la consola, la radio musical como escuela involuntaria, los vecinos que ponían rocanrol sesentero y los primos que tomaban clases de guitarra.
“Todas esas experiencias tempranas contribuyeron a moldear un gusto por la música que poco a poco se convirtió en pasión y hasta en profesión”, dijo Alfredo Sánchez Gutiérrez.
La compilación aborda también vidas marcadas por tragedias, adicciones y enfermedades. Para él, “el dolor o la tragedia pueden ser motores para la creación, pero no es lo único. La intensidad vital puede rozar la música, alimentarla incluso, pero no constituye una condición para el talento”.
Recordó a Frank Zappa como ejemplo de artista prodigioso que no permitía sustancias entre sus músicos, una muestra de que la disciplina y la creatividad también pueden ir de la mano.
Otro rasgo singular son los códigos QR que acompañan cada ensayo con listas de reproducción en YouTube, armadas por él mismo.
Aunque valoró la idea, mantuvo una reserva personal. “No me gusta escuchar música mientras leo, me distrae, jala demasiado mi atención. Sin embargo, cada quien puede decidir cómo acomodarse, ya sea hacerlo mientras lee, después de la lectura o intercalando ambas cosas
“Estos materiales mantenían su vigencia y, en efecto, formaban una especie de autobiografía.











