Sábado 14 de marzo de 2026, p. 27
La clave para avanzar en la alfabetización infantil y garantizar que todos los niños que concluyen segundo grado de primaria puedan leer y escribir, pero sobre todo, que comprendan lo que leen, es “tener una perspectiva sistémica de toda la educación básica. No podemos seguir creyendo que los problemas relacionados con la fluidez lectora surgen en los primeros grados de la primaria, cuando sabemos que ocurre mucho antes, desde la atención de la primera infancia”, aseguró Kátia Cruz Schweickardt, secretaria de Educación Básica del Ministerio de Educación de Brasil y coordinadora del Compromiso Crianzas Alfabetizadas, que impulsa el presidente Luiz Inácio Lula da Silva desde 2023.
En entrevista con La Jornada, reconoce que en toda América Latina hay altos índices de niños de 7 años y más que no comprenden lo que leen (se estima que es 70 por ciento), lo que “nos obliga a buscar estrategias que respondan a nuestras realidades, que en el caso de Brasil, implicó trabajar a nivel federal, estatal y municipal, y fortalecer la formación docente”.
Con más de 21 millones de alumnos en enseñanza fundamental o educación primaria, explicó que una de las acciones prioritarias fue impulsar un “sólido programa de formación de docentes de educación infantil y prescolar (para niños de cuatro y cinco años). Incluidos docentes de lecto-escritura (primer y segundo grado de primaria), con estrategias para apoyar la evaluación formativa”.
Agregó que en colaboración con el Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educacionales Anísio Teixeira se elaboró una evaluación que compara los resultados estatales, a fin de identificar cuál es real en qué se encuentran los niños, “y pusimos a disposición de todo Brasil una plataforma, desde primero hasta noveno grado, donde los docentes pueden trabajar con sus estudiantes de forma continua y, de forma central, tres veces al año”.
Esto permite, explicó, que los profesores puedan intervenir directamente con los alumnos que están teniendo dificultades en sus procesos de lecto-escritura. “Sabemos que los niños aprenden a ritmos diferentes; por eso, desde el Ministerio de Educación no trabajamos con evaluaciones de fluidez lectora, aunque algunos estados sí lo hacen, nosotros no imponemos ningún método”.
Cruz Schweickardt, quien participó en febrero pasado en el encuentro internacional “Alfabetización, equidad y futuro”, que reunió en Brasilia a especialistas de siete países de la región ante el desafío de la alfabetización infantil, destacó que la estrategia ha sido guiar a los docentes para que utilicen los resultados de sus alumnos y se genere una reflexión en cada escuela. Por ejemplo, agregó, en una clase puede haber alumnos en diferentes etapas de aprendizaje de la lectura: están quienes ya leen, algunos que aún no, y otros que están en la fase de prelectura; lo que proponemos no es agruparlos por tipo de habilidades, sino mezclar los grupos y trabajar siguiendo las necesidades.
Recordó que en el caso de Brasil, debido a su diversidad cultural en los distintos territorios, “animamos a los docentes a que aprovechen al máximo el poder de la cultura local y que combinen métodos. Algunos optan por modelos fonéticos para la enseñanza de la lecto-escritura, y otros lo hacen desde una perspectiva cultural y constructivista, pero todos tienen metas claras, por lo que con esta estrategia hay objetivos estatales, municipales y escolares”.
La meta, agregó, es llegar a 2030 con 80 por ciento de los niños alfabetizados al final del segundo grado de primaria.











