rán. Todos sabían, en medio de la incertidumbre de la guerra contra Irán, cuatro cosas. Nunca se ha tumbado a un régimen político desde el aire con bombas sino que se requiere insurrección interna y fuerzas externas invasoras en el terreno. Segundo, la guerra contra Irán desequilibraría dramáticamente el mercado energético. Tercero, lejos de terminar con la inestabilidad política,social y militar en el Medio Oriente, se incrementaría. Y cuarto, los ganadores de una guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán serían los regímenes autócratas de Irán, Israel, China y, sobre todo, Rusia. Los perdedores, los pueblos de Irán, Israel, Ucrania y la democracia estadunidense. Más los líderes políticos europeos, cada vez más chiquitos e insignificantes. Salvo Pedro Sánchez, de España. Todo esto está pasando en términos reales.
Decía en mí entrega anterior que para tener éxito contra los cárteles en México hay que poner de cabeza las estrategias que se han seguido hasta el momento. Centralización militar y de inteligencia, pero descentralización en la reconstrucción institucional local. Estrategia integral de desmantelamiento criminal, pero en tres velocidades: la reconstrucción institucional local, que llevará más de dos sexenios; la desarticulación militar del cártel, que debe tener la máxima prioridad, y el fin a la impunidad de políticos y agentes gubernamentales copados por el cártel, con un horizonte de este sexenio. Recuperar el territorio nacional es el eje de la política de seguridad nacional.
Shock and awe. En una entrevista concedida al periódico El País, Harlan K. Ullman afirmó que el libro Impacto y pavor (1996) buscaba, mediante el uso de todo el poder físico y síquico, que el enemigo se sintiera tan vulnerable e intimidado por la capacidad estadunidense que desestimara cualquier resistencia. Sus objetivos son la voluntad, percepción y comportamiento del adversario. Trump usa amenazas creíbles –que lo son porque su comportamiento y acción política confirman sus propósitos– para generar miedo y paralizar al oponente. Las narrativas están siempre bien estructuradas y se deslizan deliberadamente hacia símbolos que expresan eventos históricos traumáticos.
Polk. Desde el discurso de toma de posesión, Trump usó un término inequívoco para los mexicanos –y muchas otras naciones–: destino manifiesto. Aparece por primera vez en el artículo “Anexión”, del periodista John O’Sullivan, publicado en julio-agosto de 1845. En él se decía: “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno”. El presidente James Polk primero aprobó la anexión de Texas y luego, con un conjunto de provocaciones bajo una cruzada del destino manifiesto, creó el clima propicio para declarar la guerra contra México.
Trump es expresión de una tendencia profunda. Para Adam Tooze entender el fenómeno Trump requiere una revisión histórica de cómo llegamos a este punto y qué significa. Para él, Trump no es sólo un shock sino indicativo de una tendencia más profunda derivada de que la coalición que sustentó la globalización estadunidense en su variante liberal colapsó y eso no comenzó ni cuando ganó Trump por primera vez. Me identifico con esa visión.
México debe estar preparado para un ataque militar de Trump. Conforme se hunde en Irán, Rusia, Ucrania, Medio Oriente, China y las elecciones intermedias, crece el peligro para nuestro país.
Trump el miserable. Trump es un peligro existencial para México. Su amenaza, que escupió desde su escudo títere y frente a líderes políticos vasallos, tendrá su justa respuesta en la frase Quidquid latet apparebit: nil inultum remanebit, que proviene de un poema del siglo XIII, Dies irae, guiado por el tema del juicio final.
En su traducción mas directa, dice: “Todo lo oculto saldrá a la luz: nada quedará sin castigo”.











