s un error común y un error inducido pensar que narcotráfico y crimen organizado son lo mismo; y que por su carácter “ilegal”, tanto narcotráfico como crimen organizado son anomalías que el sistema combate para garantizar legalidad y seguridad. El narcotráfico es entendido como el tráfico de drogas ilegales, que implica cultivo, fabricación, distribución y venta. El crimen organizado, por su parte, se refiere a “una organización criminal continua que opera racionalmente para lucrar” con actividades como tráfico de drogas, trata de mujeres, tráfico de migrantes, venta de órganos, venta ilegal de armas de fuego, tráfico ilegal de recursos naturales y fauna silvestre, lavado de dinero, falsificación de productos, extorsión y cobros por protección, por mencionar algunos.
El crimen organizado trasnacional es el término que se usa para describir las actividades que organizaciones criminales realizan como una red conectada más allá de fronteras nacionales. El crimen organizado trasnacional tiene como operadoras a las corporaciones criminales trasnacionales, verdaderas empresas con complejas formas de organización y una diversidad de actividades lucrativas. El narcotráfico es sólo una de sus actividades, una de las más redituables; pero no la única. Las armas que compran las corporaciones criminales trasnacionales, el dinero que lavan, las personas que trafican y los minerales que comercian, requieren necesariamente de la participación de entidades legales, estatales y empresariales, que también se ven ampliamente beneficiadas.
La corrupción de gobiernos y empresas es un eslabón fundamental para el crimen organizado y, en cierto sentido, también podríamos hablar de una corrupción organizada, es decir: una corrupción calculada, conocida, permitida, continua y con fines lucrativos. La corrupción organizada no como excepción, sino como condición para que lo ilegal y lo legal se difuminen.
Quienes integran las corporaciones criminales trasnacionales no son únicamente las figuras estigmatizadas que nos presentan en series y películas, ni los “grandes” capos que suelen detener con grandes operativos militares y mediáticos. Los grupos armados de las corporaciones criminales son sólo una fracción, la más visible por estar al frente de la guerra con sus drones, camiones monstruo y armas de alto poder; pero no sólo son ellos. Las élites económicas y políticas en distintas partes del mundo participan o tienen conexiones con esas corporaciones criminales.
¿Acaso no la red de millonarios, famosos y poderosos que construyó y sostuvo durante años Jeffrey Epstein, y en la que tomó parte Donald Trump, tuvo vínculos o participación directa en corporaciones criminales trasnacionales? El tráfico de mujeres y niñas, la explotación sexual, el tráfico de drogas o las operaciones bancarias por dichas actividades son clara muestra no sólo de la perversidad de las élites, sino de su participación e involucramiento en el crimen organizado.
¿Y los banqueros dueños de las instituciones dónde se lava ese dinero, no están enterados? ¿Los fabricantes de armas, desconocen dónde terminan sus productos? ¿Los productores de series y películas que exaltan al crimen organizado, ignoran los valores y aspiraciones que construyen en las sociedades?
Las corporaciones criminales trasnacionales se vinculan con gobiernos, entidades bancarias, instituciones financieras, fabricantes de armas, desarrolladores de tecnologías, transportistas, aduanas, etcétera. Su involucramiento en sistemas financieros tradicionales es fundamental para sus negocios, pero también en nuevos sistemas como las criptomonedas. Combatir el crimen organizado trasnacional y a las corporaciones criminales implicaría combatir una parte esencial del sistema capitalista, pues el crimen organizado es hoy un mecanismo fundamental en la obtención de ganancias, de acumulación de poder y de riquezas.
Por su parte, el termino narcotráfico ha sido puesto a debate desde distintos ángulos por la utilización ideológica del concepto. En la década de los 90, por ejemplo, pueblos originarios andinos que históricamente han tenido una relación cultural con la hoja de coca, cuestionaron cómo el término narcotráfico y la concepción que fomenta contribuye a la criminalización de expresiones culturales. El debate podría extenderse a otros pueblos, territorios y plantas en el mundo. En otros países como Uruguay, Holanda e incluso en México, se ha fomentado un debate en torno a la producción y consumo de mariguana o de otras drogas blandas, asumiéndolo como un tema de salud y educación.
El narcotráfico se ha utilizado por los gobiernos de EU para construir un adversario, como el enemigo que remplazó discursivamente al comunismo, y que le ha servido para intervenir países, fabricar guerras, lanzar planes de seguridad hemisférica y secuestrar presidentes. Al centro de esa guerra no está ni la seguridad ni las afectaciones a la salud individual y colectiva que puedan derivar del abuso de sustancias, sino los objetivos neocoloniales de una élite que va reorganizando el mundo.
El crimen organizado, que es funcional al capitalismo, se complementa con las políticas criminales de asfixiar pueblos, bombardear escuelas, asesinar infancias y emprender genocidios. Crimen y capitalismo en la recolonización del mundo.
* Sociólogo











