Opinión
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Primer año de la política de salud de la administración de Sheinbaum
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u nota básica es la continuidad sobre el legado de la administración AMLO (2018-2024) operada vía los Cien Pasos para la Transformación y la República Sana que, ciertamente, no constituyen una propuesta nueva en materia sanitaria: trabajan sobre lo heredado, sobre un lienzo ya tendido. Tampoco las nuevas iniciativas presidenciales portan cambio alguno ni alteran esa estructura heredada: como Salud Casa por Casa o La Clínica es Nuestra.

Queda la duda de si una línea no continuista, tal como la presentara el secretario Kershenobich: “el segundo piso de la Cuarta Transformación también impulsa cambios, como el vínculo que ya se tiene con el sector privado, lo que hasta hace poco no existía” ( La Jornada, 18/8/25), pudiera comprometer avances de la administración AMLO vinculados con la soberanía sanitaria que se ejerce desde la Secretaría de Salud (Ssa) operando lo público y ordenando la adecuada complementaridad del sector privado y convertirse en una franca regresión. Sucede exactamente lo mismo de las líneas no continuistas diseñadas por la doctora Patricia Clark, desde el Consejo de Salubridad General.

Además, la continuidad Sheinbaum se distingue también de la administración AMLO al no otorgar la misma prioridad a la Atención Primaria de la Salud (APS) y a la que suele confundir con las políticas preventivas clásicas sanitarias tradicionales. Todo el primer año 2024-2025 de esa continuidad se concentra en fortalecer casi exclusivamente el frente curativo de la política pública. Lo cual significa sin duda un avance.

Más allá de la APS, el año deja abierta una larga serie de pendientes vinculados con el modelo de atención a la salud; el modelo de formación de recursos; el de “salud territorial” del OPD-IMSS-Bienestar.

Alejandro Svarch, responsable del IMSS-Bienestar, desestima las acciones anticipatorias de APS, pero celebra operar “con mayor cercanía ahí donde las personas se enferman”. No trabaja por la ausencia de enfermedad, sino por atención “cercana”. Su modelo de atención curativo apuesta por centros de salud de servicios ampliados con lógica “sencilla: salud territorial para evitar que las personas tengan que desplazarse a hospitales de segundo o de tercer nivel”. El modelo apuesta por “fortalecer” el primer nivel de atención. Es un modelo de referencia que un estricto modelo de atención que no se abre hacia el mundo que determina y condiciona el estado de salud, no de enfermedad. Y presume: “en 2025 hemos propuesto metas claras y medibles: 50 millones de consultas generales, 5 millones de consultas de especialidad y un millón de cirugías”. ¿Y la APS?

Tampoco hay proyecto para entrar al cuarto de máquinas responsable de la producción del servicio y mejorar de raíz la prestación. Ello supone superar el enfoque que se contenta con afirmar que mayor gasto por sí mismo representa cambio en el modelo de prestación sin alterarlo. Con más recursos la operación inercial del modelo queda intacta. Sus prácticas inerciales preservan el núcleo operativo.

Un cambio de modelo implica reordenar las intervenciones que producen la atención médica oportuna, resolutiva y con calidad. Desaparecer servicios integrales y no concentrar recursos en el segundo/tercer nivel, sino en el primero, abriéndolo a auténticas estrategias de APS. Entrar al cuarto de máquinas implica también alterar la “evaluación” que exalta “la productividad” cuantitativa sin armar indicadores de desempeño cualitativos vinculados con efectivos niveles de satisfacción. La inercia productivista del modelo actual afecta la labor de los equipos de salud y su trato con usuarios/pacientes. Por ello, esos equipos deben ser incorporados a la toma de decisiones sobre la producción del servicio.

Como Svarch para el IMSS-Bienestar, Zoe Robledo para IMSS-Ordinario, condensa la operación inercial del modelo actual. Sostiene que “las acciones IMSS para traerlo al “siglo XXI” muestran que dispone de “53.7 millones” de expedientes electrónicos de la misma cantidad de derechohabientes. Ello “nos ubica” como el segundo expediente “más grande del mundo”. En el registro “se cuenta” con 722 millones de notas médicas, 796 millones de recetas, mil 186 millones de estudios de laboratorio, 2.6 millones de ingresos hospitalarios, 7.8 millones de ingresos a urgencias y 68.9 millones de incapacidades”. Robledo confunde completamente un expediente administrativo con un expediente médico electrónico universal.

Igualmente, se toman decisiones con ausencia del equipo de salud prestador del servicio, aunque en IMSS –desde 2019– los trabajadores pueden incorporarse a la estructura de mandos vía el concurso de oposición para ocupar 35 titularidades de los órganos de operación administrativa desconcentrada (OOAD).

Gran ventaja es que para “lograr” el sistema único de salud, Sheinbaum reconozca que los equipos de salud ganen salarios justos garantizando sus derechos, aunque siga siendo apenas un “proyecto” para 2027 sin establecer con precisión los cómos.

* UAM-X