Opinión
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Los de abajo

Comparten retos en Red de Defensa del Maíz

“P

ara mí es una alegría ir a la milpa a cosechar lo que voy a comer y lo que va a comer mi familia. Me gusta escarbar la tierra con mis manos para llevar alimento a mi mesa. Eso es lo que defendemos”, dice Neify, del colectivo Múuch Xíinbal, de Quintana Roo.

Ella y otros y otras defensoras del maíz, la milpa y la vida, llegaron a Huayacocotla, en la Huasteca Veracruzana, a compartir amenazas, resistencias y desafíos en el espacio de la asamblea de la Red en Defensa del Maíz.

La Red está cumpliendo 25 años de mantener la reflexión colectiva en la defensa de la vida campesina. La anfitriona de la reunión es Radio Huayacocotla, la radio más veterana de México, que acaba de cumplir 60 años de trabajo comunitario. No son nuevos en esta lides, pero los escenarios han cambiado radicalmente y los ataques se diversifican.

La asistencia llega a la asamblea desde diferentes partes del país: Guanajuato, Hidalgo, Chiapas, Quintana Roo, Chihuahua, Jalisco, Ciudad de México, Veracruz, entre otras entidades. La milpa es el centro de la reflexión. Y se deshilvanan, de manera honesta, las preocupaciones derivadas de “las cosas de afuera” que han modificado la relación de las comunidades con sus cultivos.

“va desapareciendo la ayuda mutua, el tequio. El dinero le cambia la cabeza a los jóvenes. Hay familias que ya no quieren trabajar la tierra, pero a nosotros nos toca no aflojar, tener la esperanza de que se van a animar”, dicen las voces adultas que insisten en la defensa de las semillas como base de la vida comunitaria.

aquí se fortalecen las alianzas. Se intercambian saberes y dolores. No faltan las lágrimas de quien siente rabia y dolor ante la invasión de la empresa Amway de las tierras fértiles del ejido San Isidro, en San Gabriel, Jalisco, estado en el que ha aumentado desmesuradamente la agroindustria en la última década. Las nuevas plantaciones se hacen bajo convenios de renta de ejidos, muchas veces fraudulentos, donde se pierde no sólo la tierra, sino el sentido de las asambleas que rigen la vida de los pueblos.

“No hay pueblos sin semillas y no hay semillas sin pueblos”, es el pensamiento colectivo.

Desinformemonos.org