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Disquero
Los sueños de Bill Frisell hechos música
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▲ Bill Frisell cumplirá 75 años el próximo 18 de marzo.Foto Carole D. Inverno
 
Periódico La Jornada
Sábado 14 de marzo de 2026, p. a12

El nuevo disco de Bill Frisell es una delicia.

Se titula In My Dreams y, efectivamente, flota en el reino de los sueños.

Nació del siguiente sueño, que tuvo Bill Frisell:

Entra en un edificio a oscuras, sube por una escalera y de repente está en medio de una biblioteca gigantesca con volúmenes encuadernados en cuero y muchas rarezas bibliológicas antiguas.

En el centro de la estancia hay una mesa ocupada por varios monjes con capucha que lo impactan y lo atemorizan pero de inmediato ellos muestran empatía y sonríen. Le dicen: “queremos enseñarte la naturaleza real de las cosas” y añaden: “primero, nos gustaría mostrarte cómo son en la realidad los colores”.

Los monjes destapan un cofre pequeño de donde extraen bloques. Señalan uno de ellos: “así es el color rojo”.

Narra Bill Frisell: ese color rojo es lo más intenso y hermoso que haya visto.

Los monjes le dicen enseguida: “sabemos que eres músico, por eso queremos mostrarte cómo son los sonidos musicales en la realidad”.

Cuenta Bill Frisell: “sentí una especie de tubo que me introdujeron en la frente y el tubo adquiría movimiento por sí solo: el sonido más increíble que jamás había escuchado: Nino Rota, Thelonious Monk, Sonny Rollins, Charles Ives, Jimi Hendrix, Hank Williams, Andrés Segovia, Robert Johnson, toda la música que amo, pero en el sueño las escuchaba muy nítidas, como el cristal. Y fue cuando desperté”.

Desde entonces, Bill Frisell ha perseguido el ideal de pureza y la vibración que experimentó durante ese sueño, hace décadas, durante un crepúsculo.

Su nuevo disco, In My Dreams, lo acerca mucho a ese ideal. Para el efecto, reunió a un grupo de colaboradores muy cercanos que se conocen muy bien entre sí y armó una suerte de fiesta familiar.

A propósito de fiestas: Bill Frisell cumple 75 años este miércoles 18 de marzo y lo celebra con este disco de sus sueños y la puesta en vida del contenido de este álbum durante conciertos en el Denver Jazz Fest, The Blue Note Jazz Club (el de Los Ángeles), Jazz at Lincoln Center’s Appel Room y el Herbst Theatre.

Y es que todo el disco es un agasajo que preparó Bill Frisell con sus amigos más cercanos para formar un sexteto de ensueño: la legendaria violinista Jenny Scheinman, autora de álbumes solistas muy sofisticados y elegantes; el legendario violista Eyvind Kang Corvallis; el maestro Hank Roberts, genial en el violonchelo eléctrico; el muy elegante y refinado Thomas Morgan, quien entre sus hazañas está un disco a dúo con Frisell en ECM, titulado Small Town; el magistral percusionista afroestadunidense Rudy Royston. Un trabuco.

Todas las piezas del disco fueron grabadas en vivo, durante los conciertos mencionados en Denver, Brooklyn y New Haven, y algunas de ellas recibieron un tratamiento especial en estudio, bajo la dirección del ingeniero de sonido Adam Muñoz y del productor Lee Townsend, no solamente en las típicas correcciones de estilo, sino en sesiones completas, en pasajes abundantes en paisajes, atmósferas plenas y ambientes oníricos.

Un balance muy difícil de conseguir entre la algarabía de los conciertos en vivo y la intimidad y detalle fino del estudio de grabación.

De la escucha atenta y repetida de este fabuloso disco obtenemos los siguientes resultados:

Una densidad de conjunto impresionante. Cada intersticio posee la magia del sonido conseguido a partir de la imaginación, la destreza, la invención en el instante y la complejidad de arquitectura sonora que nos acerca a John Cage y todo el tiempo nos dota de una sensación de estar soñando.

Hay una complejidad, una red de sonidos, un tejido armónico asombroso que se solaza en pasajes largos de música prácticamente sinfónica.

Sobre todo, la escucha de este disco es una actitud de estar sentados, practicando la meditación, como los monjes que vio en sueños Bill Frisell y le enseñaron la naturaleza última de las cosas y de las causas.

Es una música espaciosa y espacial: nos brinda la holgura de desplazamientos lentos y el sentido de lo cósmico.

Es un álbum bello por su espíritu poético, por sus pasajes melódicos sencillos plenos de inspiración compartida. Es como si las sonrisas adquirieran sonido.

En mi humilde opinión, lo mejor del disco es la pieza 2, When We Go, que es en realidad la continuación de una saga que data de cuando el baterista del grupo de rock Cream dio por terminada su era roquera con Eric Clapton y Jack Bruce y formó su trío de jazz con otras figuras igualmente colosales: el contrabajista Charlie Haden y nuestro héroe de hoy: el guitarrista Bill Frisell.

Ese trío de semidioses grabó un disco bellísimo que recomiendo con fervor: Going Back Home, cuyo corte inicial se titula Rambler, y contiene los mismos nutrientes que el track 7 de aquel disco: When We Go, que nos trae de regreso ahora Bill Frisell en su nuevo álbum.

El sosegado optimismo de la pieza Paseador (Rambler) también está presente en otro disco de Frisell: Music IS, al igual que en el álbum Harmony, que comienza igualmente con Rambler, que también abre otro disco bellísimo de Frisell: Valentine, permeado todo entero por el tema central de esa pieza, de manera semejante como un hada nos conduce a través del bosque de los sueños.

Hay que decirlo: la música de Bill Frisell es el sinónimo por antonomasia del optimismo.

Hay que decir también que Bill Frisell es un gran lector y le encanta compartir sus lecturas. Dice por ejemplo de Toni Morrison, novelista afroestadunidense ganadora del Nobel de Literatura en 1993: “Siempre he estado convencido de que las palabras no pueden expresar lo que la música sí. Pero, carajo, ¡Toni Morrison! Ella nos toma de la mano y nos eleva a otro reino, superior”.

Bill Frisell lee con fruición a Truman Capote y a John Steinbeck; venera a Bob Dylan, Thelonious Monk, a Johann Sebastian Bach y a William Shakespeare. Al escuchar su música, es evidente que está inmersa en el reino de la poesía.

Su serie consecutiva de cuatro discos anteriores: Epistrophy, Harmony, Music IS, Valentine, está llena de luz, de alegría, de optimismo. Son meditaciones sonriendo.

Su nuevo disco, In My Dreams, es también una placentera meditación sonriendo. Ocurren en la escucha cosas muy simpáticas, por ejemplo, que en la sucesión de variaciones e improvisaciones melódicas con el sexteto, que en realidad suena a orquesta sinfónica, de repente nos parece escuchar el tema inicial del Concierto Uno Para Piano y Orquesta de Chaikovski.

Les va a dar risa, como me dio a mí: cuando transcurre la pieza titulada Home on the Range, por momentos y de manera no buscada, lo que suena se parece mucho a ¡Las Mañanitas!

Así es esto de la música, un jardín de senderos que se bifurcan, un río que rodea, da vueltas y se encuentra con otro río en su camino hacia el mar. En la pieza Isfahan, otro ejemplo, escuchamos con claridad los ambientes árabes y la arquitectura sonora soleada pero en otros momentos nos parece estar escuchando a Gato Barbieri y enseguida a Astor Piazzolla. La música, ay, la música, tan preñada de sorpresas agradables.

Desde que Bill Frisell se soñó en una antigua biblioteca de viejos tomos empastados en cuero y unos monjes budistas le enseñaron la verdadera naturaleza de las cosas, ha dedicado sus esfuerzos y sus sonrisas a conseguir hacer realidad “los colores y los sonidos más hermosos que haya presenciado jamás”.

He aquí, en su nuevo disco, In My Dreams, su mayor acercamiento.

Escuchemos con atención, antes de que despertemos.

X: @PabloEspinosaB

disquerolajornada@gmail.com