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Sabores de libertad propone una mirada a la reinserción social mediante la comida

Serie en la que seis chefs cocinan con personas privadas de la libertad // Se trata de conocer sus historias y humanizarlos, refiere el productor

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▲ Fotogramas del episodio en el que la chef Josefina Santacruz cocina con Celia platillos del Medio Oriente, y del capítulo en el que el chef Mariano Sandoval y Ricardo hacen pescado envuelto en totomoxtle.Foto
 
Periódico La Jornada
Sábado 14 de marzo de 2026, p. 5

Bajo la premisa de que un platillo puede cambiar todo, nació la serie documental Sabores de libertad, que en seis capítulos, propone una mirada a la reinserción social pormedio de la cocina, sus aromas y, sobre todo, sus historias.

La serie, realizada con apoyo del Consejo Empresarial para la Reinserción Social (Ceres), la casa productora GeBe y la Fundación MGAS AC, se presentó el jueves pasado en la Cineteca Nacional Chapultepec, y ayer se estrenó en las plataformas de Prime Video y Fawesome TV.

En cada episodio, personas privadas de la libertad sueñan con nuevas oportunidades, viajan con los aromas y evocan el hogar, la infancia y las pérdidas mientras cocinan en un Centro de Reinserción Social de la Ciudad de México con chefs galardonados.

Enrique Ramírez Santillán, productor ejecutivo de Sabores de libertad, comentó a La Jornada que la serie documental pretende “rehumanizar a los deshumanizados”, porque son personas que están ahí por una mala decisión. “Uno de los ejes del proyecto es mostrar la reinserción social desde una perspectiva humana sin centrarse en el delito”.

El productor espera que el público vea que si una persona privada de la libertad sale de una situación así, puede reingresar a la sociedad, porque “hay gente que ni siquiera lo piensa, ya que no es parte de su vida.

“Se trata de gente que trabajó en una cocina donde alimentar a 3 mil personas requiere perfección, habilidad y logística, para que salgan los alimentos a tiempo; son personas que al salir pueden ser contratadas en un negocio”, agregó.

En el centro penitenciario, una cocina industrial se convierte en espacio de encuentro y desafía los prejuicios alrededor de la reinserción. Ahí, los reconocidos chefs Linda Cherem, Aquiles Chávez, César de la Parra, Josefina Santacruz, Poncho Cadena y Mariano Sandoval comparten la sazón con Edith, Ricardo, Azu, Celia, Bryan y Bruno, quienes encuentran en la cocina identidad, resistencia y esperanza.

En la serie lo que comienza como colaboración culinaria se transforma en un diálogo en el que el chef aprende primero del protagonista, escucha su historia y después lo acompaña en el perfeccionamiento de su creación.

Entre la preparación de mole verde, flautas ahogadas, postres y hasta mextlapique, platillo de herencia prehispánica, y comida del Medio Oriente, las personas privadas de su libertad comparten su sentir. Por ejemplo, Bruno afirma: “aquí no se castiga el delito, se castiga la pobreza”, y Celia expresa sus “ganas inmensas de salir, de vivir”.

En el primer episodio, Aquiles Chávez cocina con Edith (Santa Martha Acatitla) un mole verde que a ambos les trae recuerdos familiares. En entrevista, el chef comparte que “fue un aprendizaje enorme” participar en la serie, porque nunca había visitado un centro de readaptación.

“Cuando entras a este lugar, la vida transcurre de otra manera y el tiempo adquiere otra dimensión; esas cosas te cambian, eres uno antes de entrar y otro después de salir, y aunque sólo estuve un par de horas me hizo valorar y entender la vida de otra manera.

“Es muy fácil dormir en tu cama, despertar al otro día, bañarte, trabajar y prestamos poca importancia a que somos libres, a que podemos salir a la calle, comer un taquito, una garnacha, caminar por el parque o manejar nuestro auto.”

El chef considera que no conocer esos centros de reinserción “te hace deshumanizar a las personas; aquí ya les ves cara, corazón, sentimientos. En el caso de Edith se castigó la pobreza, porque firmó de aval de un préstamo que pidió el esposo.

“Obviamente, ella me parece una mujer de gran valía como ser humano; creo firmemente en las segundas oportunidades y todos merecemos una.”

El episodio dos lo comparten el chef Mariano Sandoval y Ricardo (Penitenciaría de la Ciudad de México), quienes cocinan un mextlapique (pescado envuelto en totomoxtle). En el tercero, la chef Linda Cherem cocina con Azu (Santa Martha Acatitla) postres que le recuerdan a su madre, su hermano y su esposa.

En el cuarto episodio, la chef Josefina Santacruz cocina con Celia (Santa Martha Acatitla) platillos del Medio Oriente que la llevan a viajar, como cuando era libre.

El chef Poncho Cadena, en el episodio cinco, hace con Brian (Penitenciaría de la Ciudad de México) su plato favorito: un caldo de pollo. En el seis, el chef César de la Parra elabora flautas ahogadas en guisados con Bruno, quien está a sólo dos meses de que termine su sentencia de ocho años.

La chef Linda Cherem coincidió con sus colegas en que grabar la serie fue una experiencia enriquecedora, ya que conocieron el lado humano de las personas privadas de su libertad. “Dar una segunda oportunidad y enseñar a cocinar, puede abrir puertas porque todos comemos”, agregó.

Sabores de libertad es un proyecto sin propósitos de lucro y una forma de dignificar y conocer las historias de seis personas, sin enfocarse en las razones que las llevarona ser privadas de la libertad, además de que les quita los estigmas que las acompañan en la transición a la libertad.

En el proyecto, desarrollado durante un año, participaron también Rubén y Simón Bross en la producción, Alejandro Cervantes Polanco, Pedro Armendáriz Jr y Simón Bross en la dirección, y Juan José Saravia y Rosalie Hülb en la fotografía.