El cuarteto, de género sonoro difícil de encasillar, presentó ayer su nuevo disco, Conexiones lejanas
Lunes 16 de febrero de 2026, p. 4
Guitarra, violonchelo, flauta traversa y batería. Con esa atípica base instrumental, Etnokam construye un repertorio propio y una impronta sonora difícil de encasillar, pero que es la prueba viva de que la música no conoce límites ni fronteras.
La mayoría de sus cuatro integrantes tienen formación de conservatorio, pero no son un ensamble clásico. Tienen tintes de rock, pero no son una banda. Improvisan, pero no son un grupo de jazz. Y aunque el folclor latinoamericano los influye, tampoco encajan del todo en ese terreno.
Su inusual propuesta está basada en el mestizaje musical, explica el baterista Adrián Oropeza. “Somos una prueba de que la música es libre y no tiene fronteras”.
En uno solo de sus temas pueden converger elementos del minimalismo, la intensidad del rock, contrapuntos de la música de concierto, como los barrocos, y, al mismo tiempo, el folclor latinoamericano, así como la libertad del jazz y sus secciones de improvisación.
“Por eso es difícil encasillarnos. Lo que mejor nos queda como proyecto, creo, es llamarlo fusión instrumental de cámara”, destaca el intérprete en entrevista.
Tal peculiar visión del arte sonoro es refrendada por Etnokam en su producción discográfica más reciente, Conexiones lejanas, que se presentó ayer con un concierto en el auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (Cenart).
Si bien es su tercera producción discográfica –precedido por Mirovia, de 2014, y Partículas, de 2017–, es el primero que el ensamble hace con su actual formación de cuarteto.
Este proyecto musical fue fundado en 2013 como trío por el compositor y guitarrista Jorge Calleja, la violonchelista Mónica del Águila y la flautista Madame Gorgona. La idea era conformar “una etnocamerata, un pequeño grupo de cámara con tintes étnicos”, detalla Oropeza, quien proviene del jazz y es el integrante más reciente de la agrupación, a la que se unió en 2024.
Disponible en plataformas digitales y en disco compacto, Conexiones lejanas es descrito por el intérprete como “un viaje sonoro y emocional” entre la raíz latinoamericana y la vanguardia sonora.
“Es un ejercicio de contrastes que oscila entre la calma contemplativa y la energía expansiva”, añade. “Queríamos crear un disco que fuera un reflejo de nuestra identidad: compleja, rítmica y profundamente conectada con nuestras raíces, pero con la libertad de explorar el caos y la potencia del rock y el jazz contemporáneo”.
De acuerdo con el baterista, es un material que traduce en sonidos aquello que no siempre puede expresarse con palabras: la conexión con la naturaleza, los animales y otras personas; incluso, cuando no existe una explicación racional.
Su título, aclara, responde a la idea de que, a pesar de las distancias geográficas o temporales, todos estamos conectados de alguna manera. “Más allá de las redes sociales, siempre hay algo que nos une”, asevera.
“Se llama Conexiones lejanas, pero al mismo tiempo habla de conexiones cercanas, espirituales y musicales, como las que nos unen como grupo y, espero, con los escuchas.”
Además de la nueva dotación “que permitió al ensamble mayor capacidad de fusión”, otra de las singularidades del nuevo material es que sus 11 temas no son exclusivos de Calleja, como en las dos anteriores producciones, ya que también incluye una composición de Madame Gorgona y otra de Oropeza.
“Eso marca una nueva apertura del proyecto. No sólo se trata de la inclusión de la batería, sino también a que los demás miembros hemos podido aportar a la banda a partir de la creación musical.”











