Venta de una especie por otra, lo más común
Jueves 12 de febrero de 2026, p. 13
El sector pesquero y acuícola a nivel global es cada vez más vulnerable al “fraude alimentario”, pues hasta 20 por ciento del pescado que se comercializa está sujeto a prácticas como la sustitución de especies, etiquetado incorrecto, adulteración (añadir colorantes para que se vea fresco), la falsificación y la tergiversación del origen o el método de producción, de acuerdo con un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El documento titulado “El fraude alimentario en el sector de la pesca y la acuicultura”, advierte que no sólo se afecta de forma económica al consumidor al pagar un costo elevado por un producto inferior, sino que también conlleva riesgos a la salud como intoxicaciones por consumir especies no aptas para comer en crudo o por el crecimiento bacteriano al recongelar el alimento.
Menciona como preocupantes las acciones para alterar la apariencia visual de los productos pesqueros, especialmente cuando no están autorizadas o se usan en exceso.
Algunos métodos recurren al monóxido de carbono para real-zar el color rojo de la carne, sobre todo en especies como el atún. Asimismo, se ha visto que se agregan tintes, colorantes sintéticos o compuestos tóxicos para imitar la coloración natural de las especies de primera calidad, lo que engaña a los compradores.
Otras prácticas de adulteración incluyen el uso de conservadores o productos químicos (como el gas formaldehído) para encubrir el deterioro; la adición de potenciadores del sabor o agentes para disimular sabores desagradables en pescado de menor calidad.
Explicó que el sobreabastecimiento en las granjas acuícolas provoca un aumento en la inciden-cia de enfermedades debido al hacinamiento, lo que puede representar un problema en términos de enfermedades zoonóticas.
Además, en promedio 38 por ciento de los productos marinos presentan sustitución o etiquetado incorrecto, con lo cual los consumidores pagan hasta dos o tres veces más por un alimento que no es el que querían, señala Esteban García, coordinador de Investigación de Oceana.
Coincide en que esta práctica ocasiona daños a la salud debido a que se desconoce si el producto siguió una adecuada “cadena de frío”; lo contrario tiene el potencial de generar un problema sanitario grave por la generación de bacterias.
Sostiene que el huachinango, el pez vela y el marlín son de las especies más sustituidas en la cadena de valor; Jalisco es el estado con un mayor porcentaje de sustitución (48 por ciento), según los análisis de la organización.












