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En el arte sólo se logran resultados con trabajo y constancia: Estrella Cabildo

Su pieza Perenne mar ha sido interpretada en grandes salas del país e irá a Pittsburgh, en EU // “No ha sido suerte, no ha sido fácil”, reconoce en entrevista

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▲ La veracruzana Estrella Cabildo durante el ensayo de la OFCM, que hoy interpretará su obra.Foto Germán Canseco
 
Periódico La Jornada
Domingo 8 de febrero de 2026, p. 3

En el arte no cabe la suerte, afirma Estrella Cabildo, la joven compositora veracruzana, cuya obra Perenne mar resonará hoy como parte del tercer programa de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM). “Los resultados se dan a partir del trabajo y la constancia”.

A sus 33 años, ha visto cómo esa pieza, estrenada en enero de 2024 por la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata, ha navegado por salas de Aguascalientes, Canadá y el Palacio de Bellas Artes, en esta última con la Sinfónica Nacional.

Y aún tiene frente a sí un prometedor camino, al formar parte, por lo pronto, del concierto que la Sinfónica de Puebla ofrecerá el 6 de marzo y el 13 del mismo mes en el de la Pittsburgh Civic Orchestra, en Estados Unidos.

No obstante la aparente buena estrella de esa pieza –escrita bajo el auspicio de la cátedra extraordinaria Arturo Márquez de Composición Musical, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en su edición 2023–, la autora niega cualquier atisbo del azar o la fortuna.

“No estoy sentada en casa y recibo las llamadas; tengo que ir a buscar que se programe mi música. Entonces, no siento que yo tenga suerte ni que sea fácil. Hay que esforzarse muchísimo.”

Egresada de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y hoy día cursando el doctorado en la UNAM, Estrella Cabildo ha debido recorrer el mismo camino que la mayoría de compositores jóvenes en México para ver programadas sus obras: complejo, a menudo sin remuneración y con una inversión constante de tiempo y recursos, según relata.

Sin embargo, la cátedra Arturo Márquez fue para ella un parteaguas, pues no sólo le permitió componer la citada obra “con total libertad creativa”, sino, sobre todo, escucharla casi de forma inmediata.

“Escribir una obra y que tenga como resultado inmediato el estreno y su grabación es superimportante: nos abre la puerta para aplicar a posgrados, para mandar a otras orquestas. Si no lo tenemos, no hacen caso a nuestra partitura. Entonces fue que, gracias a la cátedra, mi música cobró vida; es una oportunidad grandiosa”, dice la autora, quien aclara que así fue como su pieza llegó a la Sinfónica Nacional y a la OFCM.

Sobre el panorama para los jóvenes compositores mexicanos, hombres y mujeres, Estrella Cabildo percibe apertura, aunque limitada. “Sigue siendo muy complejo”, admite.

Reconoce “el riesgo” que asumen programadores, orquestas y directores al incluir obra nueva, riesgo que, a su decir, “cuando sale bien, genera una red de confianza, pues se va pasando la voz, y eso es maravilloso”. Para ella, la clave está en la entrega: “Hacer las cosas siempre con amor y dedicación es lo que se te regresa”.

“El talento femenino siempre ha estado ahí”

Al hablar de la presencia de compositoras en México, repara que “el talento siempre ha estado ahí”. Con ello, rechaza que sea un fenómeno nuevo y rinde tributo a las maestras que allanaron el camino, como Marcela Rodríguez, Hilda Paredes, María Granillo, Georgina Derbez y, por supuesto, Gabriela Ortiz.

“Hay gran cantidad de compositoras y buenísimas. Tienen un talento maravilloso. Gracias a la apertura de los años recientes, la inclusión en los programas, se ha dado a conocer aún más su voz, pero sus obras ya estaban escritas hace tiempo. Ellas siempre han estado ahí.”

En su opinión, la actual visibilidad no es una moda, sino un reconocimiento tardío a una tradición sólida y poderosa. “Y también gracias a ellas nos dan un empuje hacia las siguientes generaciones”, afirma.

Acerca de Perenne mar, la autora cuenta que está inspirada en “Dolor”, poema de Alfonsina Storni, el cual habla sobre los sentimientos de una mujer hacia el amor, la vida, abordados desde una metáfora con el mar.

Sin embargo, aclara que ella no buscó una narrativa literal, sino capturar la esencia de un ciclo natural donde el dolor y la belleza coexisten. “Me gustó la idea de concebir el dolor no como algo malo, sino como parte intrínseca de la vida”.

Musicalmente, detalla, la pieza es un viaje de tensiones y contrastes, donde la orquesta, al final, termina por desvanecerse en un solo de oboe, simbolizando “destellos de dulzura” que emergen de la turbulencia.

“La palabra ‘continuidad’ es clave en esta pieza”, dice. La obra, de lenguaje cromático y no tonal, culmina en una serenidad difusa, “como esa espuma que deja el mar cuando las olas vuelven y se difuminan”.

El concierto de la OFCM será hoy a las 12:30 horas en la sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli (Periférico Sur 5141, colonia Isidro Fabela).