Entre la poesía y la canción
adie me lo va a creer, pero es verdad. Hace entre un año y medio o dos iba yo en un taxi no sé a dónde y en el radio del taxi sonaron, canción banda, estas palabras: “Mis versos son mejores / que los de Octavio Paz”. Qué asombro. Nunca más he escuchado esa canción. Y medio me burlé del hombre que cantaba ese atrevimiento, pero también le agradecí que conociera el nombre de Octavio Paz.
Lo he dicho varias veces: por más mal poeta que yo sea se lo debo no a los poetas sino a los cantores. Tengo mis dudas de José Alfredo Jiménez, tengo mis dudas de Juan Gabriel, pero cuando yo tenía 5 años o menos no sé quién nos preguntó, a mi hermano y a mí, qué canción nos gustaba más. Él dijo que Tú sólo tú y yo dije que Ella. Y la verdad no me gusta José Alfredo Jiménez. Me parece un pésimo modelo. Cómo olvidarse de algunos de sus versos, por ejemplo: “que me pienso seriamente emborrachar”. Y lo que le antecede, y lo que le sigue, es malísimo. Ah, también es bueno, muy bueno, “porque sé que de este golpe / ya no voy a levantarme”. Pero lo demás no, nomás no. Y ahora resulta que todo mundo lo admira. Qué pena o qué vergüenza.
Amo canciones que son poemas, que son (no sé cómo decirlo) mejores que no sé cuántos poemas, Por si acaso se acuerdan ahí va. La Modesta. Francisco Sarabia. Rosita Alvirez. Y ahora lo contrario: una canción tan mala como El caballo blanco, que a todo mundo le gusta por la estupidez de que habla de un coche, para su tiempo de moda. Qué tontería.
Pero no se trata de estar en contra de José Alfredo, sino de estar a favor de las canciones, de quienes sean.
Todo mundo conoce esta canción: “Estoy en el rincón de una cantina…” Qué maravilla de verso. Yo estuve una vez en esa cantina, en Santa María la Ribera. ¿Alguien recuerda el nombre de la canción? Nadie o casi nadie. Su nombre es malísimo: Tu recuerdo y yo.
Termino: “oyendo la canción que yo pedí” ¿No sobra ese “yo”? Y lo demás también sobra. Quizá, acéptemoslo, el que sobra soy yo. Gracias.











