on el pretexto del 178 aniversario de la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, por el cual Washington arrebató a México la mitad de su territorio, el presidente Donald Trump publicó el lunes un comunicado repleto de insolencias contra nuestro país y abiertas amenazas de uso de la fuerza contra todo el planeta. En apenas cinco párrafos, el magnate condensó insultos, mentiras y omisiones: ya en su segunda línea llama “victoria legendaria” a un episodio histórico tan bochornoso que la clase política de su país prefiere soslayar en los recuentos de sus glorias militares. Afirma que la invasión de Estados Unidos a México inició porque “fuerzas mexicanas lanzaron una emboscada a lo largo del río Bravo, donde mataron a 11 soldados estadunidenses”; pero esos invasores no fueron emboscados, sino repelidos, cuando trataron de apoderarse de esa zona perteneciente a México.
Igualmente falaz es que aquella agresión tuviera como propósito “asegurar la frontera”: esa línea se encontraba 200 kilómetros al norte. También miente al decir que las fuerzas de su país se encontraron siempre “en una desventaja numérica abrumadora”, pues los invasores superaban dos a uno a los defensores, e incluso esta cifra maquilla el hecho de que las tropas mexicanas nunca pudieron presentar un frente unido, sino que se encontraban dispersas e incomunicadas. Remata la cadena de bulos con la grotesca afirmación de que Estados Unidos capturó la Ciudad de México heroicamente, cuando la toma de la capital fue el enfrentamiento entre heroicos –ellos sí– cadetes y civiles mexicanos contra un ejército profesional, cuyo resultado se decidió no por el arrojo de los agresores, sino por el elemental motivo de que los defensores no tenían balas. Ni siquiera puede pasarse por cierto que el presidente James K. Polk haya lanzado la cobarde invasión “con la promesa del Destino Manifiesto latiendo en cada corazón estadunidense”, pues los políticos y ciudadanos del norte sabían muy bien que la conquista del territorio mexicano reforzaría a los esclavistas sureños mediante la expansión de su atroz modelo económico. Apenas 15 años después la historia les dio la razón, cuando los dueños de esclavos trataron de formar su propio país con tal de no renunciar a sus prácticas inhumanas.
Las mentiras continúan cuando Trump vuelve al presente. Repite la muletilla de que los migrantes son invasores. Asegura que está restableciendo el dominio marítimo estadunidense, cuando año con año sus fuerzas armadas retiran más buques de los que construyen. A continuación, dice que el hemisferio occidental permanece “seguro, próspero y libre” gracias a su “agresivo impulso de la política de Estados Unidos de paz mediante la fuerza y el Corolario Trump a la Doctrina Monroe”, cuando la realidad es que América Latina y el Caribe encaran la mayor amenaza a su seguridad y su libertad desde que el trumpismo se dedica a asesinar personas al azar en el Caribe y el Pacífico, así como al secuestro de jefes de Estado y el respaldo a regímenes autoritarios y corruptos.
Más allá de la confesión de sus delirios militaristas y su desprecio por la legalidad, el magnate y su entorno no entienden que el mundo es radicalmente distinto al de la “era dorada” de la expansión colonial estadunidense en el siglo XIX, e incluso al del unilateralismo impuesto tras el final de la guerra fría.
En la actualidad, Washington ha pasado de un incontestable dominio económico y tecnológico a un rezago inocultable frente a su mayor competidor: forma menos posgraduados en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas que China; se sitúa en el lugar 34 del mundo en pruebas de rendimiento académico; pasó de representar 40 por ciento del PIB mundial en 1960 a 24 por ciento en 2025 (apenas 14 por ciento si se ajusta el indicador al poder adquisitivo); según parámetros occidentales, publica una tercera parte menos artículos científicos en revistas de alta calidad que China; en lo simbólico, pasó de tener la totalidad de los edificios más altos del mundo, a sólo uno entre los primeros diez.
Este atraso tiene una dimensión humana francamente trágica: Estados Unidos es el país desarrollado con mayor prevalencia de obesidad y con menor esperanza de vida; 36 por ciento de los adultos pospone la atención médica debido a los costos; 66 por ciento de las bancarrotas personales son causadas por facturas médicas y 70 por ciento de las personas con deudas por servicios sanitarios ha tenido que recortar sus gastos en comida.
En tales circunstancias, el ufanarse del despojo histórico perpetrado contra México por la fuerza militar en 1848 es, más que una proyección de poder contemporáneo, un signo inequívoco de decadencia.











