a mentira que justifica el decreto de Donald Trump para bloquear el envío de petróleo a Cuba no sólo es flagrante, sino inhumana y asesina. Afirmar que esa pequeña e indefensa isla del caribe representa amenaza a su seguridad nacional es demasiado cínica. Sin duda alguna, la élite política estadunidense, esa que gobierna en Washington, luce su fascismo con entera y torpe desfachatez. Es difícil imaginar el sentimiento de los estadunidenses que permanecen ajenos a las consecuencias causadas por su liderazgo. Bien puede suponerse que una buena porción de ellos apoya que sus representantes agredan a otra nación con tanta impunidad.
Sin duda habrá otro conjunto, hasta tildados de cristianos, sin rastro alguno de empatía para con una nación que acusan de peligrosa, terrorista y aliada con enemigos de su patria. Ciudadanos saturados de odio y rechazo a todo lo que les parezca comunista. No se puede dejar de aceptar que otra porción, consciente de los terribles efectos que se ocasiona el arbitrario y caprichoso uso de fuerza de su país, exprese, aunque sea en privado, su íntima vergüenza personal. Lo cierto es que al emitir tan severas, ilegítimas y feroces normas de ley queda asentado, en la reciente historia, la maldad de un pueblo, empapado de ambición y poder indigno, indebido y criminal. No saldrán ilesos de tales tropelías, muchos, en el resto del mundo se los habrán de reclamar.
No son los momentos estelares de una nación que ha liderado a otras en tiempos recientes. Un país que ha contribuido al avance civilizatorio en numerosas ocasiones. Una que ha sido ejemplar para otros pueblos. Esto hay que reconocerlo, pero, también, levantar la voz para acusarlos del uso indebido de su fuerza militar.
Faltas que ocasionan sufrimientos y, en el caso cubano, una crisis de hondas ramificaciones y consecuencias. Es por este sentimiento que la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, declara que, su gobierno, en nombre de los mexicanos, acudirá con ayuda humanitaria hacia la isla. Acción que, aunque distinta de los envíos petroleros, puede, también, desencadenar acoso y perjuicios ya anunciados. Pero es obligado arrostrarlos para no ser ajenos al sufrimiento. Las miradas y voces internas tomarán sus posturas.
Es necesario, ahora, redondear el cuadro actual y pasar revista a otras decisiones adoptadas por el gobierno estadunidense en el seno de Naciones Unidas. En particular los vetos ejercidos, una e incontables veces, para neutralizar las penas que ocasiona el ilegal bloqueo impuesto a Cuba. Acción condenada por la abrumadora mayoría de los pueblos agrupados en ese organismo mundial.
Aunque, habría que adicionar, a tan indigna página de la diplomacia estadunidense, el veto ejercido, también en numerosas ocasiones, para respaldar los delitos y tropelías cometidas por el genocida Estado de Israel.
Y, de nueva cuenta, escarbar en la conciencia colectiva de los estadunidenses que, con decisión explícita o subterránea y ajena, no sólo apoyan las atrocidades contra el pueblo palestino, sino que las financian y arman. En esta ruta guerrera, la administración de Trump ha llegado a niveles impensados. La capacidad diplomática de Estados Unidos ha colaborado en la destrucción grotesca de las ciudades palestinas. Israel continúa, con ferocidad inaudita, la demolición de todo vestigio habitable en Gaza.
Y, para respaldar lo acontecido, Trump se asignó la tarea de formar un grupo de llamados “líderes mundiales” para supervisar el espurio gobierno palestino siguiente. Envió a su yerno preferido a elaborar un fantástico plan reconstructivo que hará, de esa franja costera de Gaza, una flamante y lujosa ciudad costera atiborrada de rascacielos. La voracidad negociante de Trump, y su familia, descarga su avidez de manera indetenible.
Donde, afortunadamente, se ha topado con resistencia ciudadana es, justamente, donde puede tildarse de ocupación militar de las ciudades santuario de su propio país. Puede también, utilizarse como prueba de factible acoso para otros fines.
Los asesinatos cometidos ahí han levantado la indignación de sus conciudadanos. Esto ya provocó la primera y abierta aceptación de una crisis política para un gobierno que apenas lleva un año en su ejercicio. La pronunciada perdida de simpatías y apoyo popular ha obligado a Trump a recular en su persecución de inmigrantes.
Un político, ocupado de su imagen antes que todo, ha causado profundas heridas entre sus mandantes. Las manifestaciones callejeras cuentan con millones de participantes. Se anuncia, sin duda alguna, el inminente riesgo electoral.
Ahora, Trump trata de esconder con distractores, vociferando, con fingida soberbia, sus abusos y anexiones ilusas. El destino de su administración entró en zona de franco deterioro. Las coaliciones externas en trámite responden, primeramente, a sus alevosos aranceles.
Pero no sólo a ello, sino al arbitrario abandono de lealtades, legalidad y acuerdos, empujando a la búsqueda de nuevos horizontes mundiales.











