orge Ibargüengoitia fue un escritor polifacético. Su producción literaria incluye cuentos, novelas, dramaturgia, crítica de teatro y artículos periodísticos. Algunos de estos últimos están conjuntados en Instrucciones para vivir en México, en cada de ellos resalta la inteligencia, ironía, y hasta mordacidad, del autor para ocuparse de asuntos de la vida cotidiana, aparentemente intrascendentes, pero que moldean y fastidian la vida de la ciudadanía.
Ibargüengoitia nació en 1928, en Guanajuato, y murió en un accidente de aviación el 27 de noviembre (por la diferencia horaria en México era el día 26) de 1983. La nave en que viajaba se precipitó a tierra en las cercanías del aeropuerto de Barajas, Madrid. También murieron en el percance otros escritores, Manuel Escorza (peruano), Ángel Rama, uruguayo, y la crítica de arte Martha Traba. El autor mexicano tenía 55 años y, por su producción hasta entonces publicada, una brillante carrera literaria por delante.
Instrucciones para vivir en México se publicó por primera vez en 1990, la compilación de los artículos la realizó Guillermo Sheridan. Las piezas incluidas en el volumen datan de 1969 a 1976 y fueron publicadas en el periódico Excélsior, dirigido por Julio Scherer García hasta que por turbias maniobras del presidente Luis Echeverría se vio impelido a dejar el diario. Es interesante que desde 1990 el libro de Ibargüengoitia se ha seguido publicando, la más reciente reimpresión es de noviembre del año pasado.
En los artículos de Instrucciones.., Ibargüengoitia pasa revista, entre otros temas, a las desventuras que las personas de a pie se ven obligadas a enfrentar con la burocracia, ya sea con los empleados de ventanilla o con puestos de mediana y alta responsabilidad. En su acercamiento a la tortura padecida por quienes deben acercarse a dependencias gubernamentales para solicitar algún tipo de atención personal o grupal, Ibargüengoitia hace, magistralmente, recorridos de la tramititis absurda que deben sortear los ciudadanos(as) para obtener, si es que la obtienen, respuesta a sus necesidades. De allí que tanto en 1970 se hacía necesaria, como en la actualidad, la intervención de un tramitólogo o gestor que ayude a desenredar la madeja bien tejida por la siempre inventiva burocracia.
La sagacidad de Jorge Ibargüengoitia desnudó el gen priísta que dominaba la política mexicana, gen que, acoto, sigue actuando hoy en políticos(as) de distintos partidos. Desde hace cinco décadas, el camaleonismo y la capacidad acomodaticia señalados en Instrucciones para vivir en México continúan vigentes, y los ejemplos sobran para demostrar que múltiples personajes no están a la altura de una sociedad cada vez más exigente y vigilante del hacer y deshacer de funcionarios que no funcionan.
Entre nosotros goza de cabal salud el síndrome del bombo y platillo, la tendencia de gobernantes, ya sean locales, estatales o federales, a magnificar con ceremonias públicas la presentación de proyectos o inauguraciones de obras que bien pudieran, simplemente, comenzar a servir para lo que fueran diseñadas. La parafernalia en la que son presentados como grandes logros acciones que, en realidad, son tareas a realizar por quienes fueron elegidos (as) para servir a la colectividad, tendría que disminuir paulatinamente para dar paso a la sobriedad de nada más hacer un acto austero y/o, simplemente, que la obra en cuestión inicie actividades.
Creo que en México somos prolijos en no solamente inaugurar con pomposas ceremonias obras públicas o secciones de ellas, también lo somos en anunciar, igualmente con magnificados actos, proyectos que quién sabe si llegarán a la meta anunciada o pasarán a engrosar el catálogo de obras inconclusas. No es asunto menor el dispendio de recursos públicos usados en tantas inauguraciones, sean éstas realizadas en una localidad pequeña o de resonancias nacionales. Además que lo inaugurado, con frecuencia bajo presión por los tiempos de agendas políticas, no estaba en óptimas condiciones técnicas para dar el servicio con calidad y eficiencia.
Entre los años en los que Jorge Ibargüengoitia escribió sobre las escenas de ciertas características del ethos nacional y nuestra realidad actual median más o menos cinco décadas; sin embargo, ciertas inercias del entramado político/cultural del país tienen continuidad hoy. No hay una reproducción mecánica de hábitos en el trato entre gobiernos y ciudadanía, sería un despropósito pensar que estamos igual que cuando Ibargüengoitia criticaba con acidez al régimen del PRI, los políticos entonces realmente existentes y los estragos que causaron a millones de mexicanos (as). Pero sí, considero, siguen moviéndose políticos (as) profesionales que son lastres en un país que, cada vez más, exige congruencia entre discursos rimbombantes y conducta transparente, sin recovecos ni achacándole todo a intereses aviesos y disolventes. Leer la obra de Jorge Ibargüengoitia no es, nada más, un salto en el tiempo, es, también, un reto para comprender nuestra cotidianidad.











