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Aconseja Eugenio Barba “sacudir al público física y emocionalmente”
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▲ El director de teatro italiano Eugenio Barba durante la cátedra que dictó ayer en el aula magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.Foto Cristina Rodríguez
 
Periódico La Jornada
Miércoles 4 de febrero de 2026, p. 4

“No podemos aburrir al público, sino sacudirlo física y emocionalmente”, afirmó el director de teatro italiano Eugenio Barba (Galípoli, 1936), fundador del Odin Teatret y figura clave del teatro contemporáneo, durante la cátedra que dictó ayer en el aula magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Ante una sala abarrotada, Barba reflexionó sobre el oficio, la resistencia y el sentido del teatro desde una mirada antropológica que ha marcado su trayectoria a lo largo de seis décadas.

A sus 89 años, se muestra como una memoria viva y un testimonio de resistencia escénica. En el contexto del 62 aniversario del Odin Teatret, compañía que creó en 1964 junto a actores rechazados de academias teatrales, recordó cómo aquel gesto inicial se convirtió en un movimiento de reflexión sobre el quehacer escénico que encontró en América Latina uno de sus territorios más fértiles.

“Cada vez nos volvemos más y más viejos. Estamos rodeados de ellos y por eso, cuando viajo y encuentro nuevos rostros, digo: ‘claro, estoy cansado, pero me renuevo con la motivación de lo que me gusta y lo que hago’. Pero el cansancio ahí está”, dijo.

Aseguró que hoy existen múltiples modelos de teatro y producción, mientras antes predominaba una sola forma legitimada por la tradición.

“Por eso, cuando nos rechazaron de la gran tradición teatral, fuimos tan revolucionarios. El arte teatral dependía de los aristócratas, pero ahora está en la calle gracias a quienes se rebelaron ante lo hegemónico. El primer acto de democracia vino con la itinerancia y la necesidad de improvisación.

“El teatro viaja y crea una cultura. Asume la responsabilidad de proponer y empuja al público a aceptar lo que los actores consideran que representan. Es como un mercado, y eso no es algo negativo, sólo es definirse. Hay gente que se quiere divertir y los actores ofrecen los temas que conocen”, añadió.

Para Barba, el oficio es un eje central. “Puedes ser militante y luchar hasta para que los gatos tengan una vida mejor, pero interesamos a las personas con nuestra forma de crear una realidad. No podemos aburrirlos, sino sacudirlos física y emocionalmente: es un cordón umbilical entre quien observa, el actor y su discurso”.

Señaló que, a pesar del rechazo de los poderosos y de ciertas estructuras culturales, los actores sobreviven gracias a la conexión con su público. “Pero nos falta el tema de la economía, de la financiación, porque para lo único que tratamos ese tema es para ahorrar”.

Comentó que los escenarios han sido refugios subversivos en la historia humana y que el teatro no es una operación cultural, sino el resultado del compromiso de quienes lo hacen. “Te comprometes a dar algo a cambio a tu público y para eso los libros son fundamentales.

“Lo que hice en el Odin Teatret fue aplicar lo que aprendí en escuelas de varias partes del mundo. Creamos una burbuja de rechazados, de resistencia. Si quieres descubrir algo nuevo, tienes que ponerte en marcha y equivocarte en el camino. Pero debes hacer siempre lo mejor que puedas.”

Comparó el trabajo del actor con el del artesano: un ejercicio de repetición y aprendizaje continuo. “Uno aprende viendo hacer y haciendo, dando forma a nuestra mente y cuerpo cuando les damos propósito. El secreto de la transmisión es la intención de querer aprender y encontrar energía para moldear lo que hacemos. Así damos sentido: es una herramienta de identidad y de resistencia.

“El teatro es vivir. Muchos piensan que es ridículo, pero no. Es fundamental aprender, ver, hacer, dar forma. Eso caracteriza lo que ofrecemos al público. Hay que aprender a ser pacientes. En nuestra realidad, uno más uno no da dos: trabajamos con lo físico, sí, pero también con lo intangible, como el espíritu y las emociones”, concluyó.