sus 93 años, lúcido aunque con diversas limitaciones físicas, se define así: “Dentro de mi ignorancia, he contribuido con algo en las luchas del pueblo en mi país. Soy del montón, pero no tan del montón, porque algo aporté”. Don Ángel P. Guerrero Osorio, originario de Tecomavaca, Teotitlán, Oaxaca (1933), reside en la Ciudad de México desde los 20 años. Ahora siente que en cualquier momento va a morir, lo admite sin miedo, pero antes quiere decir algunas cosas sobre las luchas políticas en las que ha participado. Mantiene sus querellas políticas vivas y al día, no deja de opinar sobre el actual gobierno, ni el anterior, ni ninguno. El arco de su memoria política llega hasta la experiencia del presente en 2026.
Lector atento de diarios y revistas, admite que en sus primeros tiempos no leía, comenzó a hacerlo “hacia finales de los 50, o en 1960”. Nacido en la Cañada oaxaqueña, en la región mazateca, su pueblo no hablaba la lengua. “Puro español, casi no había indígenas”. En cambio, en el vecino Mazatlán “me decían el significado de los nombres”. Las durezas de la vida lo dejaron pronto sin familia directa. En sus 19 años, durante una sequía atroz, en 1953 se mudó a la capital del país. “Mis mangos se estaban secando”.
Hacia 1958 descubrió la lucha de Demetrio Vallejo, líder ferrocarrilero perseguido por el régimen, y le causó gran impresión. También el movimiento magisterial de Othón Salazar. “Empecé a tener conciencia política y social. Hacia 1959 me capacité como trabajador en la Asociación Nacional de Actores (ANDA), y me di cuenta de lo bárbaros que eran los priístas. La Revolución no se hizo para maltratar a la gente”. Concluyó que era necesario un nuevo partido político. De su trayectoria se desprende que ha participado en la creación de varios, hasta llegar a Morena, y ahora no pertenece a ninguno. “Hace falta uno nuevo”, sostiene con admirable tozudez.
Siendo trabajador experimenta el asesinato de Rubén Jaramillo: “fue orden de Díaz Ordaz, secretario de Gobernación, ni siquiera el presidente. Porque era así, pudo hacer la masacre de 1968”. Admira la huelga de los médicos en 1966 y el movimiento estudiantil. Cuando Vallejo sale de la cárcel, se le acerca. “Después de 1970 me concienticé. Nos reuníamos con él en Puente de Alvarado, cerca de la cantina El Mirador. Luego, en Bolívar 8, donde se realizaron las reuniones de la Comisión Nacional de Auscultación para el nuevo partido. En ese tiempo traté a Lumbreras y al Ratón Velasco, líderes comunistas”.
Así, trabaja en la creación del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), con Vallejo y Heberto Castillo. Se acerca al líder Rafael Aguilar Talamantes, quien más adelante “se arreglaría” con el presidente Luis Echeverría. “Para nosotros no se trataba de ayudar al PRI”. Y menciona con orgullo: “fui compañero de banca del filósofo Luis Villoro”.
Inicia una lucha para crear el sindicato de trabajadores (Sitanda), lo que lo enfrenta a Rodolfo Echeverría, titular de la ANDA y hermano del presidente. “Me acusó de comunista”. Tras una tensa huelga de cuatro meses (qué tiempos aquellos, ¡había huelgas!, ¡y a veces se ganaban!), lograron legalizar el sindicato, anterior al movimiento de actores independientes encabezado por Enrique Lizalde.
Sin dejar de disentir continuamente, don Ángel anduvo en el PMT, el PST, de vuelta al PMT, y luego la campaña cardenista, en 1988. “Al principio no creí en Cuauhtémoc Cárdenas; me pareció tibio. Pero vi que la gente se arremolinaba tras él y me convencí. Era decente”. Participó en la creación del PRD, y luego renunció. Fue fundador de Morena, pero hace dos años se desafilió, en desacuerdo con el presidente. Hoy considera que Claudia Sheinbaum debería distanciarse de su antecesor.
Aquí interviene su hijo, Ángel Benjamín Guerrero, quien lo acompaña. “En eso estamos en desacuerdo. Siempre discutimos”, se atreve a decir, para incomodidad de don Ángel. Con apenas 62 años, es fotógrafo, camarógrafo y coreógrafo. A diferencia de su padre, permanece en el partido Morena y apoya “en lo general” a la Presidenta. Don Ángel quiere un nuevo partido, que se podría llamar “Partido de Reivindicación Nacional”, que luche “por justicia, paz y libertad”.
En la alcaldía de Iztacalco, donde reside desde hace años, inició durante la pandemia en 2020 la publicación de un volante de discusión política llamado Prioridades. Va en el número 88 (diciembre de 2025): “El pirata Trump. Comentarios someros”. Otros temas han sido el narco y el agua, las “pluris”, las madres en resistencia de Chiapas, las protestas “porque el gobierno no resuelve” y la reciente reforma judicial.
Vallejo lo llamaba con afecto “compañero desidente”. Hoy, en el otoño de su larga vida, y reconociendo sus errores, don Ángel quiere dejar claro que luchó hasta el final. “Hace tres años empezaron mis problemas de salud. Ya no tiene caso seguir vivo”, sentencia con la misma actitud disidente que ha cultivado siempre.











