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El presente como previsión del futuro
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uy oportuna es la llamada de atención que hace el historiador Adam Tooze al incorporar la figura y el pensamiento de Walter Benjamin al análisis y la conversación en torno a las actuales condiciones políticas y económicas en el mundo.

En su enorme e inconclusa obra titulada en el original Das Passagen-Werk, traducido al español como Libro de los pasajes, escrito entre 1927 y 1940, cita Benjamin al economista y político francés del siglo XVIII Anne Robert Jacques Turgot, quien observó en sus Pensamientos y fragmentos publicados en 1844: “Antes de que hayamos aprendido a lidiar con las cosas desde una determinada posición, ya habrán cambiado varias veces. Así pues, siempre percibimos los eventos demasiado tarde, y la política necesita siempre anticipar el presente”.

Esta reflexión es, ciertamente, muy apropiada para confrontar la convulsa situación que impera. Hoy, todos los países, todas las sociedades y los gobiernos han de cuestionarse de modo profundo sobre las consecuencias de un proceso que representa un cambio significativo en el así llamado “orden mundial”. La situación abarca los ámbitos de la política, la economía, los arreglos internacionales establecidos y su impacto social. Comprende asimismo las finanzas, el avance tecnológico, la configuración productiva y de los mercados en todas sus escalas. También cambia de modo radical la gestión de las relaciones externas de los países y empuja al terreno militar.

Se añade a esta cuestión que la dificultad de la discusión y el análisis se ubica en buena medida en lo que se denomina in medias res, que en latín significa “en medio de las cosas”. Esto, según se describe la cuestión, apunta a la técnica de narración en que la historia empieza en la mitad de la acción, en este caso debido en buena medida a la manera rápida y constante en la que ocurren las cosas. Se parte, entonces, omitiendo el usual desarrollo cronológico de los hechos, posponiendo o, de plano, omitiendo el trasfondo y situándonos, en cambio, de lleno en el conflicto. Es, precisamente del conflicto de lo que se trata; de la expresión que tiene en el ejercicio del poder en todas sus formas.

Tooze lo recoge la idea de Turgot de que la historia tiene tal dinamismo y velocidad que, para apreciar el presente, la única esperanza es la previsión del futuro: somos incapaces de asir el presente y nos queda sólo preverlo.

Benjamin hace diversas consideraciones en el texto antes citado acerca de la teoría del conocimiento y del progreso. Así, recuerda el agudo señalamiento de Balzac de que “los tiempos son más interesantes que la gente”. Observación que es apropiada para situar lo que vemos y escuchamos diariamente. Esto abre la perspectiva del modo de entender un entorno de tal complejidad como el que existe.

Cabe aquí recordar la sentencia de Benjamin de que “la reforma de la conciencia consiste sólo en el despertar del mundo del sueño de sí mismo”. Asunto que se muestra de modo más patente tras la reciente reunión en Davos.

De tal manera, se trata de la disolución de la mitología creada en el proceso histórico y, según diría Benjamin, esto sólo sucede con el despertar del sueño sobre lo que es uno mismo y la sociedad en la que vive. El primer ministro de Canadá reaccionó de modo inmediato y polémico. El canciller alemán planteó enseguida la necesidad de una reforma profunda en su país al plantearse la inoperancia a la que habría llegado su funcionamiento y su estructura, lo que claramente se extiende al conjunto de la Unión Europea. Señaló el caso de la excesiva regulación y, sobre todo de la falta de dinamismo productivo.

Esto apunta a la consideración de Benjamin de que la cuestión trata de la disolución de la mitología en el espacio de la historia, lo que sólo puede darse mediante la atención de un conocimiento aún no consciente de lo que ha ocurrido. Y remata diciendo: “Sobreponerse al concepto del ‘progreso’ y, también, al concepto del ‘periodo de declive’, son dos lados de una misma cosa”. Esta consideración no puede ser ahora más relevante y problemática, pero también es ineludible ante las posibilidades que se están abriendo en un entorno de creciente conflicto.

En México, las condiciones se han transformado de modo radical en el último año y los riesgos se han redefinido de manera extendida, rápida y significativa. La situación se manifiesta de modo más intenso dentro del país y eso obliga a un replanteamiento profundo del proyecto para esta sociedad. La vulnerabilidad es mayor en todos los sentidos y este hecho no puede eludirse ni cabe seguir pensando en el país bajo los criterios anteriores. Esto no debe quedar en un cliché y que, así, pierda sentido; es mucho lo que está en juego. En este sexenio no hay espacio para posponer la necesidad de plantear las condiciones para recrear el dinamismo de esta sociedad y de la economía en un sistema global que está en plena efervescencia. La cuestión está en la base de las condiciones generales del bienestar que sustentan el proyecto de gobierno. Esto apunta a la forma en que se anticipe el presente y, así, se prevea el futuro.