l 24 de enero, numerosas plazas de todo el mundo acogieron iniciativas en apoyo del Confederalismo Democrático y el proyecto de coexistencia, respetando las diferencias étnicas y religiosas, entre el norte y el este de Siria.
Apenas a unos días del aniversario de la liberación de Kobane y del inicio del declive de Daesh (26 de enero de 2015), esa franja de tierra aún nos habla de resistencia y alternativas, pero también de agresión y traición.
El nuevo gobierno de Damasco primero coqueteó con la administración autónoma y las FDS, firmando un acuerdo el 1º de abril de 2025, con el presunto objetivo de una Siria descentralizada, capaz de reconocer la autonomía y las diferencias. Luego, reveló su rostro de fundamentalismo religioso e intereses capitalistas. Primero Alepo, luego el norte y el este de Siria con el aplauso y la complicidad de Turquía y el silencio de Israel y Estados Unidos, dispuestos a repartirse esas tierras según la lógica colonialista.
Poco importa quién gobierne; lo que importa es hacer negocios y controlar partes de Siria. Parece que Estados Unidos ha pedido a las Fuerzas Democráticas Sirias que se unan al ejército sirio y coordinen un ataque contra el vecino Irak. Esta fue la propuesta de “paz” que los líderes militares de la administración autónoma rechazaron. Mientras tanto, cientos de hombres y mujeres de otras zonas del Kurdistán han llegado a Siria para defender Kobane y otras ciudades. Al ser bloqueados, organizaron manifestaciones y atacaron las sedes de los gobiernos turco y sirio.
Una situación compleja se ha generado y extendido por todo el mundo, a pesar del silencio mediático, la timidez de los gobiernos “progresistas” que nunca rompen con los intereses del capital y la complicidad de los gobiernos regionales. El proyecto de paz y coexistencia entre poblaciones que se ha experimentado en Siria durante más de una década es una semilla que ha germinado y se ha extendido: ya no son sólo los militantes kurdos quienes abogan y defienden esta idea, sino todos aquellos que la experimentan, la viven y la practican. Se está conquistando un experimento incompatible con el orden colonial y capitalista, aún más incompatible en estos tiempos de guerra.
El 9 de enero, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se reunió con Al Sharaa, actual presidente sirio, en Damasco y prometió 620 millones de euros para la reconstrucción de Siria. Esta decisión fue ampliamente criticada e interpretada como una legitimación tácita de las violaciones de derechos humanos y un ataque al confederalismo democrático.
Tras la ofensiva de principios de 2026 se esconde la sombra de Erdogan y su deseo de enterrar la propuesta de paz de Öcalan y condenar al líder kurdo a prisión hasta su muerte. Las conspiraciones internacionales y geopolíticas sólo pueden superarse mediante el protagonismo popular. Exigir la libertad de Öcalan es esencial y no menos importante que la capacidad del pueblo de Groenlandia para autodeterminarse.
La paz se construye rechazando la guerra, sin hacer la vista gorda, sin olvidar que resistir, por cualquier medio, no es hacer la guerra, sino defender la vida, la dignidad y la democracia. No en vano, el general de las FDS Mazloum Abdi resumió la situación en pocas palabras: “No queríamos esta guerra, nos la impusieron”, antes de añadir: “Defenderemos los resultados de nuestra revolución con todos los medios a nuestro alcance”. La paz más allá de la traición.
*Periodista italiano











