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Algunos para 2026
V

an aquí algunos compositores a los que vale la pena escuchar en este año que, como cachito de lotería, es el terminado en 6. Y van en orden cronológico para mayor claridad y justicia.

Carl Maria von Weber (1786-1826), alemán. Su notable ópera El cazador furtivo no fue la primera ópera alemana, pero con ella puso los cimientos de una tradición operística de auténtico espíritu alemán en su lenguaje, su temperamento, sus temas y sus cimientos culturales, dejando atrás la hasta entonces omnipresente influencia de la ópera italiana. En su producción de cámara y para piano también hay una herencia muy estimable.

Miguel Bernal Jiménez (1910-1956), mexicano. Organista, compositor, musicólogo, divulgador, maestro, marcó nuestro ámbito musical de diversas maneras. Creador inmerso en un interesante nacionalismo criollo (algunos le llaman nacionalismo mestizo), tiene un catálogo de obras de inspiración mayoritariamente religiosa. Son destacadas sus investigaciones sobre la música del México colonial.

Benjamin Britten (1913-1976), inglés. Gran compositor, hombre recto de ideas políticas y sociales importantes e inamovibles. Dedicó notable atención a la música para niños y jóvenes, y después de un largo impasse que duraba desde Henry Purcell (1659-1695), puso de nuevo en un alto pedestal a la ópera (y a la música vocal en general) de Inglaterra. Sus óperas son creaciones indispensables en la escena del siglo XX.

Alberto Ginastera (1916-1983), argentino. Su música, de poderoso impulso telúrico, transitó por varias fases, de un nacionalismo abierto a una expresión abstracta y universal de una enorme solidez. Esperamos el estreno en México de su genial ópera Bomarzo.

György Ligeti (1923-2006), húngaro. Uno de los creadores más importantes e influyentes del siglo XX. Su música, anclada saludablemente en los preceptos de su paisano y antecesor Béla Bartók (1881-1945), abrevó en influencias numerosas y variadas que confluyeron en un estilo personalísimo en el que su intensa micropolifonía ocupa un sitio muy destacado. Gracias, Stanley Kubrick, por haber llamado nuestra atención sobre este indispensable compositor.

Manuel Enríquez (1926-1994), mexicano. Compositor, violinista, promotor, maestro, divulgador, administrador, arreglista. Fue él quien señaló el camino para dejar atrás el apego atávico al nacionalismo. El Foro Internacional de Música Nueva que lleva su nombre sigue siendo un hito cultural de la mayor relevancia en nuestro medio.

György Kurtág (1926), húngaro. Miniaturista sin par (comparado por ello con Anton Webern, 1883-1945), este músico centenario y todavía activo prefiere las dotaciones pequeñas para la expresión de sus concentradas y expresivas obras. También seguidor de Bartók, supo decantar sus principales influencias (Milhaud, Messiaen, Boulez, Stockhausen) en un lenguaje cuya parquedad no está reñida con una singular emotividad. No por nada se le ha definido como el gran maestro de los aforismos apacibles.

Peteris Vasks (1946), letón. Después de crear música inserta en las vanguardias más rudas de su tiempo, mutó a un estilo depurado, sobrio y contemplativo, un tanto a la manera de su vecino, el estonio Arvo Pärt (1935).

Federico Ibarra (1946), mexicano. Autor de una obra siempre llena de imaginación y fantasía, con importantes cimientos en su cercanía con la literatura, la poesía y el arte visual. Maestro admirado por varias generaciones de músicos, tuvo además una interesante actividad como pianista y como divulgador en México de la música nueva del mundo. Su catálogo de óperas se perfila como el más importante que se ha realizado en este país.

Javier Álvarez (1956-2023), mexicano. Quizá la figura musical más importante de su generación, supo integrar en su obra una multiplicidad de elementos, lenguajes e influencias para integrar un posmodernismo espontáneo, personal y sin pretensiones que ha dejado una sólida huella en el mundo sonoro mexicano. Maestro de primera, fundador y conductor de instituciones diversas, fue también figura señera en el campo de la música electroacústica mexicana.

Hasta aquí la selección, tan subjetiva como que es mía; no discutiré aquí sus méritos o defectos. Por lo pronto, quedan once largos meses para investigarlos, programarlos, divulgarlos y, sobre todo, escucharlos. A darle.