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La danza de las manos sobre el teclado
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▲ Fragmento de óleo atribuido a Johann Nepomuk della Croce, titulado Retrato de la familia Mozart.Foto tomada de Wikipedia
 
Periódico La Jornada
Sábado 24 de enero de 2026, p. a12

De la conjunción de dos manos izquierdas y 10 dedos derechos, el número de combinaciones es inconmensurable cuando dos pianos suenan para interpretar una obra concebida para dos pianistas simultáneos en teclados separados, si bien el compositor que concibió prodigios tales escribió también sonatas para piano a cuatro manos; es decir, para sonar en el mismo teclado, con las implicaciones dancísticas que resultan de 20 dedos moviéndose a lo largo de los marfiles sin tocarse.

Dentro de tres días, el 27 de enero, se conmemora el 270 aniversario del nacimiento de Johannes Chrysostomus Wolfangus Teophilos Mozart, y para celebrarlo propongo poner a sonar su hermosa Sonata para dos Pianos en Re Mayor, K 448, que escribió en Viena en 1781, cuando tenía 25 años y lo hizo para interpretarlo con su alumna Josepha Barbara Auerhammer (1758-1820), quien estaba perdidamente enamorada de él.

Esta Sonata es juguetona, luminosa, afable, sonriente, sencilla y encantadora, como toda la música de Mozart, quien fue uno de los primeros compositores en escribir para dos o más teclados, si bien ya existía una tradición cuyos puntos mayúsculos tienen ejemplos majestuosos, como el increíble Concierto para Cuatro Pianos y Orquesta de Johann Sebastian Bach.

Mozart escribió en mayo de 1765, cuando tenía 9 años, la primera de sus sonatas para cuatro manos, que estrenó con su hermana Nannerl, para quien la escribió, en la Gran Sala de Hickford, en la calle de Brewer, cuando la familia Mozart estaba de gira en Londres.

La más conocida de las Sonatas para Cuatro manos que escribió Mozart es la catalogada por Ludwig von Köchel con el número 381 y también está hecha para su hermana, Nannerl.

La más hermosa de esas sonatas es la K. 497 y tiene, al igual que la K. 358, un gesto típicamente sinfónico, una concepción orquestal que la convierte en obra monumental.

La Sonata K. 448, que hoy nos ocupa, dedicada a Josepha Barbara Auerhammer, está escrita en estilo galante, que proviene de la práctica tradicional de los clavecinistas franceses del siglo XVIII y es equivalente al estilo rococó.

Está estructurada en frases musicales de longitud regular y la melodía es la portadora de la expresión en todo momento.

Josepha Barbara Auerhammer, también conocida como Josefa, o Giuseppa, fue una compositora, pianista, profesora y musicóloga vienesa.

Se hizo muy famosa por sus Seis variaciones sobre el aria de la ópera La flauta mágica, de Mozart, Der Vogelfänger bin ich ja, además de dos sonatas para arpa, Variaciones sobre Nel corpiu non mi sento, y otras seis sobre Pace caro mio sposo. También escribió una célebre Sonata para Violín en Do mayor.

Mozart le dedicó las sonatas para piano y violín K. 296, 376 y 380 y juntos ofrecieron conciertos con la Sonata para Dos Pianos K. 448 y el Concierto para Dos Pianos y Orquesta K. 365. Ella corrigió los impresos de varias sonatas de Volfi, se casó, tuvo hijos sin dejar de participar en conciertos privados y en el Teatro Imperial de la Corte. A los 43 años ofreció su último concierto, al lado de su hija Marianna. Escribió y publicó en total 10 libros de Variaciones para teclado y murió a los 61 años en Viena.

Existe una variedad muy interesante de grabaciones discográficas de la Sonata para Dos Pianos K. 448, muchas de ellas a cargo de hermanas o hermanos. De entre todas esas versiones, postulo como la más bella la realizada por las hermanas turcas Süher y Güher Pekinel, en un disco hermoso en su totalidad, porque contiene las Seis Sonatas for Piano Duet, es decir para Piano a Cuatro Manos, además de la obra que hoy nos convoca.

También existe una grabación con las hermanas rusas Anastasia y Liubov Gromoglasova.

Hay otras grabaciones de esta Sonata que son un portento, como la de Martha Argerich y Nicolas Economou. También, la de Alfred Brendel y Walter Klien. Otra: Vladimir Ashkenazy y Malcolm Frager, o bien la de Daniela Ballek y Agathe Wanek.

La celebridad de la Sonata para Dos Pianos de Mozart creció hace algunos lustros merced a la puesta en moda de una ocurrencia llamada “El efecto Mozart”, sin fundamentos científicos claros.

Sucedió que hubo quienes comenzaron a realizar experimentos con personas que padecían epilepsia y los ponían a escuchar esta sonata para probar que disminuía la ocurrencia de los ataques epilépticos. No prosperó tal tendencia.

Lo que es cierto es que la escucha de esta sonata de Mozart cambia por completo el estado de ánimo y nos pone en actitud positiva, optimista, cualidad que posee la totalidad de la música de Mozart, muy socorrida en musicoterapias y que ha sido estudiada por científicos en busca de respuestas a la complejidad del acto de escuchar música, cualquier tipo de música, en lo que es conocido como la neurociencia de la música.

La música del cerebro, vista desde la neurociencia, consta de miles de millones de notas musicales cuyas combinaciones son infinitas: 86 millones de neuronas.

Lo más refinado sucede en la región más vieja, la más agreste, rudimentaria, básica: la zona límbica, es decir, la corteza reptiliana.

La percepción de la música es un fenómeno cercano a la magia que ha mantenido ocupados durante milenios a poetas, filósofos, músicos, sicólogos y ahora a neurocientíficos.

Theodor W. Adoro creó un modelo de escucha en siete categorías. El Bildungshörer, por ejemplo, es “el escucha pedante”, también conocido como “consumidor de cultura”, cuyo criterio comprende infinitos conocimientos de anécdotas relacionadas con la obra, detalles biográficos sobre el compositor y un saber enciclopédico sobre los intérpretes, de cuyos méritos puede perorar de forma interminable.

Otra categoría es la del oyente emocional. Busca en la música el impulso irracional que disuelva en él las ataduras de las normas y le proporciones una cierta embriaguez. La música de Chaikovski resulta muy propicia para esta forma que Adorno considera de “no escucha”.

El modelo idóneo, hace notar Enrique Gavilán en su libro Otra historia del tiempo, es el “escucha estructural”, aquel que “piensa con los oídos”, aquel que hace de lado la emoción.

Emoción. La neurociencia de la música comprende avances significativos en esta amplia zona del océano por descubrir. Para muchos científicos, las emociones son respuestas corporales que forman parte de nuestra lucha por sobrevivir.

Para otros, son estados mentales que surgen cuando las respuestas corporales son percibidas por el cerebro.

Otra perspectiva: las respuestas corporales son periféricas a una emoción y lo importante está ocurriendo en el cerebro.

En el cerebro, en el corazón, en las entrañas. La música resuena en todo nuestro ser.

La escucha de la Sonata para Dos Pianos, K. 448 de Wolfgang Amadeus Mozart es un motivo de alegría, un resplandor.

Al escucharla, podemos observar el óleo atribuido a Johann Nepomuk della Croce, Retrato de la familia Mozart, y notamos cómo empieza a surgir la música del óleo.

Escuchamos con claridad las bromas musicales que realiza Volfi Mozart y alza su mano izquierda y la coloca entre las manos de su hermana, Nannerl y ella sonríe y la música sonríe.

Y todos sonreímos.

¡Feliz cumpleaños, Volfi Mozart!

@PabloEspinosaB

disquerolajornada@gmail.com