Beatriz, hija del maestro, dijo esperar que la residencia ubicada en Morelia se convierta en espacio cultural enfocado en las artes plásticas
Lunes 19 de enero de 2026, p. 3
Morelia, Mich., Alfredo Zalce (1908-2003) fue un migrante involuntario que abandonó su tierra por más de tres décadas. Fue un creador apasionado por el arte y la belleza, cuyas cenizas permanecerán en su casa-taller de Morelia, comentó su hija Beatriz en la charla El maestro regresa a su Ítaca, a propósito de los 23 años de su fallecimiento, que se cumplen hoy.
El célebre artista plástico nacido en Pátzcuaro vivió una larga temporada en la Ciudad de México y otras urbes; finalmente, se estableció en la capital michoacana en 1948; ahí consolidó su labor en las artes plásticas hasta el último día de su vida.
La periodista habló sobre su padre, una de las figuras del arte mexicano que luchó a través de la creación de murales, pinturas, esculturas, cerámica e incluso en joyería, por lo que recorrió largos caminos hasta que propios y extraños constataron su enorme talento.
La también cronista comentó que el pintor no hablaba mucho, pero que era una persona amable, buen conversador, pero en el fondo siempre fue introvertido. “Hablaba poco de su familia. No tenía buenos recuerdos de su infancia”.
Los restos del grabador y muralista serán depositados en una urna en el pedestal de la escultura La Luna, en el jardín de su casa – que construyó después de regresar a Morelia en 1948 en la avenida Camelinas– luego de una ceremonia luctuosa que se llevará a cabo en Las estelas de las tres constituciones, obra del maestro ubicada en la capital del estado.
Alfredo Zalce nació en Pátzcuaro el 12 de enero de 1908. Pocos meses después su familia se trasladó a Morelia. Su padre fue José Gallegos Argüello –quien murió muy joven–, periodista liberal del primer diario de la capital michoacana.
Su madre, María Aurora Torres, se casó más tarde con el fotógrafo Ramón Zalce.
Tenía cuatro años cuando la familia se trasladó a la Ciudad de México. Desde niño le gustó dibujar; años más tarde dijo a su madre que deseaba estudiar artes plásticas; ella se opuso, porque consideraba que era una profesión para vagos.
Siempre mostró pasión por la creación artística y tenía dos razones para vivir: “la búsqueda de la belleza y el compromiso social”, señaló su hija.
“Le tocó vivir la Decena Trágica; miraba la vida, y al ver esa realidad comenzó a dibujar; más tarde ingresó a la Academia de San Carlos, donde comenzó a relacionarse con intelectuales y pintores reconocidos de esa época, como Xavier Villarrutia, Diego Rivera, Frida Kahlo, Jean Charlot y otros.”
Hombre de izquierda sin partido
Zalce era un hombre de izquierda. Nunca militó en ningún partido, pero se sumó a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, integrada por intelectuales, gente de letras y de las artes plásticas, como Juan de la Cabada, Juan Marinello, Xavier Guerrero y José Revueltas, entre otros. En los años 30 fundó, junto con otros compañeros, talleres de artes plásticas en comunidades rurales, y participó en proyectos artísticos de carácter social en varias entidades del país.
En 1948 –como Odiseo–, el maestro Zalce regresó a Morelia, donde permaneció hasta el final de su vida, en enero de 2003. “Tras su retorno a su Ítaca empezó la etapa de mayor producción artística; nunca dejó de trabajar hasta el día de su muerte. Mi padre trabajaba sin descanso porque esa era su pasión”.
Al poco tiempo de haber llegado a Morelia el maestro construyó la casa-taller en lo que ahora es avenida Camelinas, pero en esos días era una zona deshabitada, ya que sólo esta urbanizado el Centro Histórico de Morelia. “Había tan pocos habitantes en la capital michoacana que desde aquí se podía ver con claridad la catedral”, evocó Beatriz Zalce.
“Recuerdo que cuando era niña, aquí en la sala de la casa veía un comedor de madera enorme y en el fondo, hacia la ventana, la catedral, que ya no se observa, porque ya hay construcciones y edificios. Luego vi que la mesa no era tan grande; mi padre sólo me comentó: ‘eras muy pequeña’.”
La periodista comentó que espera que la casa-taller de su padre se convierta en espacio cultural enfocado en las artes plásticas, al grabado o a la cerámica, y no en una oficina burocrática o en un lugar de otro tipo de actividades “culturales”.











