El investigador del IIE de la UNAM Aurelio de los Reyes García-Rojas es autor de La construcción de un emperador vista por un mexicano
Lunes 19 de enero de 2026, p. 2
Muchos libros se han escrito en torno a la figura de Maximiliano de Habsburgo (1832-1867) desde diferentes enfoques, tanto biográficos como de novela histórica. Aunque las investigaciones se realizaron en el archivo personal del archiduque de Austria, en ninguna se tomó en cuenta su faceta de dibujante, hasta que lo hizo Aurelio de los Reyes García-Rojas en su búsqueda de la “voz” y lo que ésta tenía que decir del malogrado emperador de México. Sus dibujos, a final de cuentas, “hablan mucho de él”.
El “descubrimiento” del investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE), de la Universidad Nacional Autónoma de México, queda de manifiesto en el imponente libro Maximiliano y su diario de 1863: La construcción de un emperador vista por un mexicano (IIE-Seminario de Cultura Mexicana, 2025), ilustrado por el monarca.
De Maximiliano de Habsburgo se han dicho muchas cosas, calificativos que se han quedado en el imaginario popular, como que era mal administrador, un inepto para gobernar, o que él y su esposa, Carlota, soñaban con un gran imperio; en fin, una visión muy negativa, señala el autor. Entonces, “me planteé averiguar qué dice Maximiliano. Nunca hemos oído su voz”. Escucharlo no sólo a través de sus diarios, sino también de la correspondencia con su familia, su madre, su hermano, Francisco José, y la misma Carlota.
De los Reyes García-Rojas advierte que “desde luego no es una voz completamente sincera, por decir de alguna manera, porque hay muchas circunstancias que él mismo censuraba. No habla, por ejemplo, de sus problemas sentimentales, de su relación con Carlota, su sexualidad; entonces, hay toda una serie de matices que oculta. De cualquier manera, es su voz”.
A partir del punto de vista del noble, el investigador empieza a construir una imagen más positiva. Por ejemplo, “se dice que fue engañado, que vino a México sin saber nada. Al contrario, se preparó desde el principio. Se informó, entrevistó a personas, tenía buena bibliografía sobre México. Luego se dice que en el trayecto de Europa a México se la pasó escribiendo un libro de protocolos, como si nada más hubiera hecho eso. Pero no: encontré que tenía 24 proyectos de gobierno. Tenía una idea muy clara del país al que iba y la serie de medidas que quería implantar para gobernarlo. También se dice que engañó a los conservadores. No, desde un principio dijo: ‘mi gobierno será de principios liberales’. Sobre esto hago bastante hincapié a lo largo del texto”.
Entre Trieste y Viena
El archivo personal del depuesto monarca está dividido en dos partes, una en Trieste y otra en Viena, su ciudad natal. En el de Viena “di con sus diarios. En particular me interesó el de 1863 por ser el año anterior a su llegada a México, para saber qué pensaba del país”. Sin embargo, el primer diario de Maximiliano es de 1844, cuando tenía 11 años y medio; ahí ya dibuja. Al parecer no lo hacía de forma autodidacta: “tal vez hizo los dibujos asesorado por su maestro. Se ve que gradualmente perfecciona el trazo de las líneas”.
En la portada del libro se reproduce un autorretrato muy elaborado del archiduque hecho a sus 13 años. En la parte derecha, en primer plano, el adolescente está sentado frente a un escritorio. Aparenta leer, aunque también podría estar dormido. De todos modos, “tanto el sueño como la lectura suscitan fantasías”. Viene una visión que se observa, en un segundo plano, a su espalda: un paisaje que alude a un sistema amplio de transporte consistente en un barco de vapor, lanchas remadas, un tren, una carreta, caballos y personas que caminan.
Respecto de la composición del dibujo, De los Reyes García-Rojas destaca el punto de fuga que “no se detiene en el adolescente, sino que la vista se dirige hacia la parte superior, hasta Carlomagno, la figura que está en la cúspide. Luego, se ven las bóvedas de la catedral de San Marcos, me parece, el campanil de Venecia, y muchos elementos más. Toda una serie de fantasías, pero todo está muy bien integrado”. Por lo visto a Maximiliano le gustaba viajar, algo manifiesto en sus diarios de viaje a lugares como Egipto y España.
Del soberano se conservan tres diarios juveniles; son en los que más dibuja. En el referente a un viaje a Medio Oriente ya emplea el color. “Los demás diarios no se conservan completos, por desgracia. Por ejemplo, no está el de 1861, ni el de 1862, que hubiera querido publicar porque es cuando se hacen las negociaciones para su venida a México. Pienso que de alguna manera la familia imperial intervino el archivo y sustrajo documentación, porque tampoco está toda la experiencia en la Lombardía –fue gobernador de Lombardía-Véneto entre 1857 y 1859–, cuando tenía muchos conflictos con su hermano mayor, Francisco José. Tampoco está la correspondencia sobre sus bienes, sus economías domésticas”.
De los Reyes García-Rojas trabajó casi dos décadas en la realización del libro: “durante 15 años frecuenté anualmente el archivo de Viena; incluso, durante el periodo de redacción, que fue de un lustro, para resolver dudas y demás”. Aclara que en ese tiempo no se dedicó exclusivamente a este libro.
Mañana se llevará a cabo un conversatorio sobre el libro Maximiliano y su diario de 1863: La construcción de un emperador vista por un mexicano a las 18:30 horas en el Centro de Estudios de Historia de México/Fundación Carlos Slim (Plaza Federico Gamboa 1A, colonia Chimalistac).











