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¿La fiesta en paz?

Embarullado banderazo de salida a la conmemoración de los 500 años de la tauromaquia de México

N

ueva contradicción de la protectora de mascotas, prohibidora de festejos taurinos y jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada y sus legisladores trepadores: la clausura del Refugio Franciscano, en Cuajimalpa, o cómo especulación inmobiliaria mata pretendido bienestar de perros y gatos.

Un entusiasta encuentro de taurinos y aficionados se efectuó a principios de enero en el auditorio Silverio Pérez de la Asociación Nacional de Matadores de Toros y Novillos para la integración de los trabajos del “Programa General de Festejos por los 500 años de Tauromaquia en México”.

El acto fue convocado por Tauromaquia Mexicana (TMX), organización que se dice sin fines de lucro, en teoría “integrada por aficionados, porras, peñas y las asociaciones formales de la fiesta de toros en México, a la que hace unos ocho años intenta defender legalmente de los ataques de antitaurinos y animalistas, así como posicionar esa industria para que la sociedad identifique los verdaderos valores que la caracterizan”, según dice su portal de Internet.

En la práctica, se trata de una agrupación formada por algunos prestigiados ganaderos y sus amigos empresarios, toreros, comunicadores, apoderados e incluso funcionarios públicos con los que defiende, más que de ataques a la fiesta brava de México en general, los intereses de ese selecto grupo en particular, con capítulos o representantes en casi todos los estados de la República. Como operadora de tan selecto grupo, TMX, lejos de denunciar, con puntualidad y energía, las desviaciones del sistema taurino mexicano y la antojadiza autorregulación del empresariado en los recientes 30 años, prefiere llevar la fiesta en paz, sabedora de que no se puede ser juez y parte.

El remate confirmador de TMX y sus debilidades fue nombrar “500 años de Tauromaquia en México”, no de México. Más que descuido, esta diferencia de preposiciones confirma inseguridad y dependencia de estos taurinos ante la cuna de la tauromaquia, siendo que en cinco siglos los habitantes de nuestro país supieron hacer suyo ese antiguo rito táurico, como ocurrió con el idioma, la religión, la crianza del toro bravo y las labores a caballo, a las que el mexicano imprimió su sello, reflejo de su sensibilidad mestiza, habilidades y geografía, sin permiso de virreyes, emperadores, dictadores o presidentes. Salvo México, ningún otro país supo darle la réplica y en ciertos casos superar a los supuestos inventores del arte del toreo. Pero estos organizadores dudaron en la cara de su propia historia.

El presidente vitalicio de TMX, ganadero Manuel Sescosse, propuso utilizar una imagen unificada de la conmemoración, que será sometida a votación, y solicitó que este año todo lo que tenga que ver con la fiesta brava haga alusión a los 500 años y utilice el gráfico aprobado. Vía Zoom, el matador Isaac Fonseca reiteró la importancia de apoyar su iniciativa del certamen de un himno taurino. El director del Instituto Tlaxcalteca de Desarrollo Taurino, José Luis Angelino, anunció que en el Zócalo de Tlaxcala capital se celebrará un concierto de pasodobles con la Banda Sinfónica del Estado, así como ponencias culturales y tentaderos públicos.

Luis Mariano Andalco y el padre Ranulfo Rojas, representantes del colectivo Unidos por el Toro Bravo, informaron que con la unidad de la sociedad civil tlaxcalteca el proceso para declarar a la entidad “Tlaxcala, Santuario del Toro de Lidia”, se encuentra muy avanzado, lo que significaría un paso clave en el blindaje legal y cultural de la tauromaquia y de su eje central: el toro bravo, y propusieron además la realización de un coloquio nacional taurino en la capital del país. Veremos y diremos.